Viernes | 3.09.2004
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TENDENCIAS
Terapias
psicológicas virtuales: del diván a la PC
La
psicología se halla inmersa en un nuevo debate. Mientras varios profesionales ya
ofrecen sus servicios en la web, los detractores de este sistema alertan sobre
un sinfín de contraindicaciones. ¿Qué pasa con el secreto profesional? ¿Es lo
mismo una computadora que un consultorio?
Carla Barbuto. Especial para
Clarín.com
Que Internet ha abierto un
mar de posibilidades en materias y ámbitos diversos, no es novedad. Desde
encontrar pareja, pagar las cuentas o trabajar, cada vez más actividades de la
vida cotidiana pueden pasar por una PC. Sin embargo, cuando se trata de áreas
ligadas a la salud, la polémica se vuelve inevitable. Desafiando al mismo
Sigmund Freud, la creciente práctica del psicoanálisis a través de la red ha
generado un fuerte debate entre los especialistas. ¿Seguirá creciendo este
controversial fenómeno? Y de ser así, ¿cuáles serán sus consecuencias?
“En nuestro caso, la idea surgió durante 2002. Muchos pacientes se iban
a vivir al exterior y les costaba dejar la terapia. A partir de esa experiencia,
armamos el sitio con la idea de llegar a gente que está lejos o que por diversas
razones no puede acceder a una terapia en consultorio”, cuenta la psicóloga
Paola Rizzo, directora de consultealpsicologo.com. Como era de esperar, ya son varias las
voces que se han alzado en contra de esta práctica y los detractores enfatizan
cuestiones como la defensa del secreto profesional, la posibilidad real de cura
o la importancia de la palabra en psicoanálisis.
Desde esta vereda y no
tan optimista con el fenómeno, Hugo Pisanelli, psicoanalista y director de Psicólogos y
Psiquiatras de Buenos Aires, opinó que “un tratamiento implica orientarse
hacia una cura y esto sólo se puede hacer en presencia del profesional. Para que
haya tratamiento y cura es menester contar con tres elementos: el profesional,
el paciente y el lenguaje”. Algo que no sucede en esta nueva práctica del
psicoanálisis, en la que pacientes y terapeutas se valen de micrófonos, cámaras,
programas de chats o emails para llevar adelante los tratamientos.
Hay
quienes, como Perla Pilewski, de la Asociación
Psicoanalitica Argentina, no hallan grandes objeciones. “El psicoanalista
encuentra en los medios de comunicación disponibles como el teléfono, el correo
electrónico o el encuentro online aliados para efectivizar su labor”, asegura la
especialista. En cambio, el director de PPBA, institución que reúne a más de 80
profesionales no opina lo mismo. “No lo recomiendo como tratamiento porque hay
fenómenos que se estructuran en presencia del profesional y el paciente, y que
no se producen a distancia o en ausencia”, dice.
Aún los profesionales
más arriesgados parecen ir con cuidado y aseguran que la llamada ciber-terapia
no es para todas las patologías. Mientras suele ser recomendada para aquellas
relacionadas a la ansiedad, la sexualidad o fobias, quedan excluidas “las
patologías más graves, adicciones o depresiones profundas, ya que esos casos
necesitan mayor contención y seguimiento”, reconoce Rizzo. Ahora bien, la
pregunta es: ¿Por qué preferir una pantalla a una persona para resolver
cuestionas tan delicadas? Y, como suele ocurrir en estos casos, la respuesta
nunca es simple. “Las razones pueden ser diversas: Que no se animen a consultar,
que estén imposibilitados por razones físicas o simplemente porque elijan
hacerlo de esta manera”, enumera Rizzo.
Si bien la crisis del 2002 fue
el primer telón de fondo para continuar desde el exterior tratamientos ya
iniciados, también es cierto que los pioneros locales utilizan la red para
seducir a todos aquellos que alguna vez pensaron en consultar a un psicoanalista
pero que necesitan un empujoncito para dar el primer paso. El proceso para
comenzar una ciber-terapia no es complicado. De hecho, sólo es cuestión de
registrarse en uno de los tantos sitios que existen, elegir un especialista en
el área que se crea conveniente, arreglar por e-mail una entrevista y “asistir”
a una sala de chat en el horario acordado.
“No hay ninguna ventaja ni
desventaja de esta modalidad en relación a la terapia en consultorio. Son
recursos diferentes frente a circunstancias diferentes”, dijo Pilewski. En la
otra vereda Rizzo se apura en cerrar la charla con un dato terminante: “En todo
caso, esta práctica no reemplaza al consultorio”. Discusiones mediante, para
realizar cualquier tipo de terapia online es necesario un pago previo de entre
20 y 80 pesos por una sesión de media hora. Esto también está aggiornado a los
tiempos de Internet: se puede hacer con la tarjeta de crédito y, por supuesto,
online.