Lunes | 27.09.2004
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SALUD
Ataques de
pánico: empiezan rápido y pueden durar años
Todo
puede empezar con falta de aire y sudor, o con taquicardia y desmayos pero, en
cualquier caso, nunca falta el miedo. Así comienzan los ataques de pánico, que
según algunos especialistas, podrían llegar a afectar al 30 por ciento de la
población mundial.
Por Carla Barbuto. Especial para
Clarín.com
Se necesitan tan sólo 10 minutos de intenso miedo a morir
para saber que el pánico comenzó y, a menos que se encare un tratamiento
profesional interdisciplinario, el paciente puede tardar años enteros en
recuperar su rutina diaria. Mientras algunos profesionales lo confunden con
estrés o depresión y otros no se ponen de acuerdo con el tratamiento indicado,
lo cierto es que hay algunos pacientes que pueden deambular varios años con esta
pesada mochila a cuestas.
“Sufrí ataques de pánico y agorafobia desde
los 24 a los 40 años. Visité desde médicos hasta curanderos y nada me hacía
sentir mejor. Recién estoy recuperada desde hace 7 años y medio”, contó Adriana,
ex paciente de Fobia
Club, institución que cuenta con 13 filiales en todo el país. Su caso parece
ser prototípico. La combinación de pánico y agorafobia -definida como temor a
espacios abiertos o ajenos- se presentan en forma conjunta en el 95 por ciento
de los casos, según una investigación del psicólogo estadounidense David Barlow.
Además, la edad típica de manifestación del ataque de pánico es entre los 20 y
30 años y, para terminar, tres de cada cuatro personas afectadas son mujeres.
Aunque en Argentina no hay cifras oficiales, se estima que el 1,6 por
ciento de las personas sufrieron ataques de pánico al menos una vez en su vida.
“Viví con pánico desde chico, antes evitaba los lugares con mucha gente, no
podía comprar ropa o ir a la peluquería solo. Pasé un año encerrado en mi
habitación a oscuras. Ahora estoy mejor, me animo a andar solo por la calle
aunque todavía me falta”, dijo Ariel, ex paciente de Fobia Club. Pero, ¿de qué
hablamos cuando hablamos de ataques de pánico?
La psicóloga María del
Carmen Vieyra, coordinadora del Instituto de Ciencias Cognitivas Aplicadas (ICCAp),
asegura que “quienes lo padecen, experimentan intensas sensaciones de miedo que
llegan repetidas veces y sin aviso. Las sensaciones pueden ser palpitaciones,
sudoración, temblores, ahogo, mareos, dolor en pecho, sensación de irrealidad y
miedo a morir, a perder el control o a enloquecer". Por su parte, la
psicoanalista Vilma Cabrera de Lagache, de Psicólogos y Psiquiatras de Buenos Aires (PPBA pone el
foco en el miedo a la muerte cuando lo define como “un miedo difuso pero muy
intenso acompañado de miedo a morir”.
Si bien los primeros trastornos
relacionados al pánico se detectaron en la Alemania de 1856, recién en 1980 la
American Psychiatric
Association los incluyó en sus investigaciones y, 12 años más tarde, la OMS
comenzó a nombrarlos en su Clasificación Internacional de Enfermedades.
A esta altura la pregunta del millón es si es posible curarse y cómo se
logra. En este punto, los especialistas no se ponen de acuerdo tan fácilmente.
Para empezar, Vieyra aclara que “no hablamos de cura sino de un cambio en la
forma de afrontar una situación. Es posible, con un tratamiento adecuado e
interdisciplinario, que la persona pueda aprender a responder de manera
diferente otorgando nuevos significado a las situaciones”. De cualquier modo,
como dice Carrión, hay que tener en cuenta que “el pánico es crónico. Una vez
que se desató, no vuelve atrás. Aunque la persona se recupere, el organismo
queda marcado”.
Por su parte, el psicólogo Gustavo Bustamante,
vicepresidente de Fobia Club, dispara que “el psicoanálisis no tiene nada que
hacer, no se soluciona psicológicamente sin medicación. Charlar no soluciona
nada porque la parte relacionada al comportamiento queda excluida”. Y acá es
evidente el fuerte disenso con Cabreba de Lagache, quien sí recomienda la
“charla. “Frente a una crisis es importante consultar con un profesional idóneo
e iniciar un tratamiento para encontrar las causas y elaborar en relación a la
historia particular de cada sujeto. Es un síntoma grave y serio, y se resuelve
con terapia psicoanalítica”.