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SALUD
Ataques de pánico: empiezan rápido y pueden durar años






Todo puede empezar con falta de aire y sudor, o con taquicardia y desmayos pero, en cualquier caso, nunca falta el miedo. Así comienzan los ataques de pánico, que según algunos especialistas, podrían llegar a afectar al 30 por ciento de la población mundial.





Por Carla Barbuto. Especial para Clarín.com






Se necesitan tan sólo 10 minutos de intenso miedo a morir para saber que el pánico comenzó y, a menos que se encare un tratamiento profesional interdisciplinario, el paciente puede tardar años enteros en recuperar su rutina diaria. Mientras algunos profesionales lo confunden con estrés o depresión y otros no se ponen de acuerdo con el tratamiento indicado, lo cierto es que hay algunos pacientes que pueden deambular varios años con esta pesada mochila a cuestas.

“Sufrí ataques de pánico y agorafobia desde los 24 a los 40 años. Visité desde médicos hasta curanderos y nada me hacía sentir mejor. Recién estoy recuperada desde hace 7 años y medio”, contó Adriana, ex paciente de Fobia Club, institución que cuenta con 13 filiales en todo el país. Su caso parece ser prototípico. La combinación de pánico y agorafobia -definida como temor a espacios abiertos o ajenos- se presentan en forma conjunta en el 95 por ciento de los casos, según una investigación del psicólogo estadounidense David Barlow. Además, la edad típica de manifestación del ataque de pánico es entre los 20 y 30 años y, para terminar, tres de cada cuatro personas afectadas son mujeres.

Aunque en Argentina no hay cifras oficiales, se estima que el 1,6 por ciento de las personas sufrieron ataques de pánico al menos una vez en su vida. “Viví con pánico desde chico, antes evitaba los lugares con mucha gente, no podía comprar ropa o ir a la peluquería solo. Pasé un año encerrado en mi habitación a oscuras. Ahora estoy mejor, me animo a andar solo por la calle aunque todavía me falta”, dijo Ariel, ex paciente de Fobia Club. Pero, ¿de qué hablamos cuando hablamos de ataques de pánico?

La psicóloga María del Carmen Vieyra, coordinadora del Instituto de Ciencias Cognitivas Aplicadas (ICCAp), asegura que “quienes lo padecen, experimentan intensas sensaciones de miedo que llegan repetidas veces y sin aviso. Las sensaciones pueden ser palpitaciones, sudoración, temblores, ahogo, mareos, dolor en pecho, sensación de irrealidad y miedo a morir, a perder el control o a enloquecer". Por su parte, la psicoanalista Vilma Cabrera de Lagache, de Psicólogos y Psiquiatras de Buenos Aires (PPBA pone el foco en el miedo a la muerte cuando lo define como “un miedo difuso pero muy intenso acompañado de miedo a morir”.

Si bien los primeros trastornos relacionados al pánico se detectaron en la Alemania de 1856, recién en 1980 la American Psychiatric Association los incluyó en sus investigaciones y, 12 años más tarde, la OMS comenzó a nombrarlos en su Clasificación Internacional de Enfermedades.

A esta altura la pregunta del millón es si es posible curarse y cómo se logra. En este punto, los especialistas no se ponen de acuerdo tan fácilmente. Para empezar, Vieyra aclara que “no hablamos de cura sino de un cambio en la forma de afrontar una situación. Es posible, con un tratamiento adecuado e interdisciplinario, que la persona pueda aprender a responder de manera diferente otorgando nuevos significado a las situaciones”. De cualquier modo, como dice Carrión, hay que tener en cuenta que “el pánico es crónico. Una vez que se desató, no vuelve atrás. Aunque la persona se recupere, el organismo queda marcado”.

Por su parte, el psicólogo Gustavo Bustamante, vicepresidente de Fobia Club, dispara que “el psicoanálisis no tiene nada que hacer, no se soluciona psicológicamente sin medicación. Charlar no soluciona nada porque la parte relacionada al comportamiento queda excluida”. Y acá es evidente el fuerte disenso con Cabreba de Lagache, quien sí recomienda la “charla. “Frente a una crisis es importante consultar con un profesional idóneo e iniciar un tratamiento para encontrar las causas y elaborar en relación a la historia particular de cada sujeto. Es un síntoma grave y serio, y se resuelve con terapia psicoanalítica”.













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