Lunes | 13.12.2004
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TENDENCIAS
Crece la “Generación S”: solos, solteros y separados






¿Por qué invertir un miércoles en llorar penas de amor si se puede ir a un after office? Más o menos eso se preguntan quienes deciden disfrutar su soltería convencidos de que se trata del mejor programa posible.





Por Carla Barbuto. Especial para Clarín.com






“Mi vida anda bien. Estoy sola y así voy a seguir mientras no encuentre al hombre indicado. No pierdo la esperanza de conocerlo pero ya no me amargo si no recibo un llamado, prefiero disfrutar la vida”, dice sin titubear Carina Botto, una abogada de 35 años. Cada vez más mujeres de su edad se hacen la misma pregunta: ¿por qué no seguir los pasos de Sarah Jessica Parker en Sex & The City? De hecho, existe una nueva comunidad de treintañeros cuyo denominador común es la S de solos, solteros y separados, una condición que dejó de ser una mochila.

“Hay demasiadas justificaciones para estar solo y eso hace que la gente no cuestione la situación, no se permite indagar en su propia historia y se desliza por la vida con comodidad, aunque esto implique insatisfacción”, explica Alicia Díaz Farina, de Psicólogos y Psiquiatras de Buenos Aires (PPBA) El fenómeno de la generación S es empujado por varios factores, entre ellos el hecho de que en muchos sectores de la sociedad haya una desmitificación del matrimonio, que ha dejado de ser sinónimo de felicidad.

“La gente viene suelta de cuerpo y no los veo preocupados por la soledad. Creo que, en el fondo, están cómodos, se sienten libres y hacen lo que quieren cuando quieren”, asegura Margarita Baumann, paradójicamente, directora de la agencia matrimonial For Ever. Sin embargo, mucho más allá de lo que proclamen los que andan solos por los after office, la noción de estar en pareja, conviviendo o no, sigue siendo una alternativa deseada.

La llegada de la “persona ideal” puede tomarse su tiempo y mientras tanto, las salidas entre amigos poco a poco se imponen en nuestro país, donde cada día hay más personas solteras, separadas o divorciadas que han decidido conservar su estado no con vocación de mártires sino con la idea de ser felices así, solteritos y sin compromiso. Por otra parte, en nuestra Argentina en crisis, cada vez es más frecuente que el ritmo de trabajo combine bien en la vida de quienes, llegados los 30, aún no se independizaron de los padres.

“Hoy es común que varones y mujeres permanezcan en casas de sus padres hasta una avanzada edad. La dependencia de los padres y la dificultad de construir proyectos los dejan en la posición de hijos, que supone menos responsabilidad que padre y pareja”, analiza Carlos Titolo, miembro de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires (APBA)

La socióloga María Constanza Street, becaria del Conicet e integrante del equipo de investigación de Demografía Social de la UBA, explica que “las estadísticas disponibles revelan que lo que se ha replegado es el “matrimonio-institución” y no la pareja, es decir, la vida en pareja sigue siendo la elección más frecuente. En conclusión, lo que se ha modificado más drásticamente es la forma de vida en pareja y no la propensión a formarla. “Las tendencias que se observan no deberían ser interpretadas como una ‘crisis de la familia’”, sostiene Street. El buey solo, ¿bien se lame?



















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