Lunes | 24.01.2005
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COMPORTAMIENTO
Tener un
bebé, ¿separa o une a los padres?
La
sabiduría popular asegura que la llegada de un bebé une a las parejas, pero no
siempre es así. A veces, la nueva rutina de pañales y horarios cambiados resulta
en una combinación explosiva y problemática.
Carla Barbuto. Especial para
Clarín.com
La vida en pareja es simple sólo en las telenovelas. Allí, la
receta nunca falla: cuando la “mala” no consigue retener al galán, la maternidad
le asegura el éxito. Sin embargo, fuera de la pantalla las cosas se complican y
la llegada de un hijo puede alterar tanto una rutina familiar. “La llegada de un
bebé es un momento de crisis en términos de cambio y no todos saben adaptarse.
Si los dos no se enfocan del mismo modo al cuidado del bebé, empieza un quiebre
de la situación ideal de dos personas en la que no cabe un tercero”, opinó la
psicoanalista Alicia Díaz Farina, miembro de Psicólogos y Psiquiatras de Buenos
Aires (PPBA). Y agregó:
“En muchos casos, el nacimiento hace que ceda la felicidad, la buena actitud
frente al otro y el deseo sexual en la pareja”.
Para ejemplo, basta un
botón. Mariana y David Morán se casaron en 2002 y el año pasado los cuidados de
su recién nacido pusieron en jaque a la hasta entonces feliz pareja. "Una noche
llegamos a discutir sobre si debíamos bañar al bebé con una esponja o una
toallita. Es increíble pero estaba a punto de subir al auto para irme”, admite
la madre, de 35 años. “El despropósito puede llegar a esos niveles", reconoce.
Sabido es que los nuevos miembros de familia requieren cuidados extras y estar
en todo puede estresar a más de uno. Pero, ¿por qué las cosas llegan tan lejos?
Como cada hogar es un mundo, la respuesta siempre resulta incompleta.
“Muchos matrimonios están sostenidos con alfileres. Entonces cuando surgen los
problemas cotidianos y las preocupaciones respecto a los chicos, si no hay una
fuerte unión, la situación tiende a complicarse y puede devenir en una
separación”, opinó la psicóloga Paola Rizzo, directora de Consulte al
Psicologo). Por su parte, Díaz Farina es categórica: “Con la llegada de un
bebé, hay que estar dispuesto a perder, a postergar, a aprender a elegir
perdiendo. No todos están preparados y eso va a marcar la diferencia entre los
maduros e inmaduros”.
Afortunadamente los Morán superaron la crisis con
un par de meses de terapia matrimonial, pero no todos lo consiguen. De hecho,
hay parejas que parecen vivir la transición a la paternidad como una dolorosa
sorpresa y las peleas comienzan a ser el telón de fondo de la llegada del bebé.
“Es una etapa de satisfacciones pero también de presiones constantes. Todo
cambia en el hogar, debe diseñarse una nueva organización, los bebés demandan
mucha atención y tiempo”, dijo Rizzo y agregó que “ el peor error es centrarse
demasiado en ellos y descuidar la relación de pareja”. La psicóloga Beatriz Goldberg,
especialista en temas de pareja, no dudó al afirmar que “toda crisis requiere
acomodación. El nacimiento es también un momento de crisis. La pareja tiene que
enfrentarlo lo más solidamente posible para llegar a acuerdos y compartir sus
espacios lo mejor posible”.
Como era de esperar este problema moderno no
es exclusivo de los argentinos. En los Estados Unidos, donde existen
estadísticas de casi todo, la Universidad de San Diego se encargó de hacer 90 estudios
sobre 31 mil personas casadas para concluir que la satisfacción matrimonial tras
el nacimiento del primer bebé es un 42% más baja entre la última generación de
padres, en su mayoría miembros de la denominada Generación X. Y hay más: el National Marriage Project
de Rutgers University, fue categórico al afirmar en su informe anual de
2004: "Los hijos parecen ser un creciente impedimento para la felicidad de los
matrimonios". Sin tantas estadísticas pero basada en la experiencia, Díaz Farina
agregó: “Siempre digo que el primer año hay que hacer un paréntesis en la vida
de pareja y, si todo sale bien, después hay un reencuentro pero no todos pueden
sobrellevar el desgaste y el distanciamiento de ese año”.