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PSICOLOGIA
Los duelos de
la vida: dónde van las etapas “perdidas” que no volverán
El
tiempo pasa, inexorablemente. Más de uno oculta la edad, olvida su cumpleaños y
guarda el documento bajo siete llaves. ¿Cómo hacer para capitalizar esto como
experiencia y no como un duelo inevitable?
Por Carla Barbuto. Especial para
Clarín.com
“Los cambios de década siempre impactan en la persona porque
se pierde algo. A los 30 se pierde el rol de hijo, a los 40 la juventud, a los
50 el sentido de la vida y a los 60, se es viejo”, dijo sin anestesia el
psiquiatra Juan Ipar, de Psicólogos y Psiquiatras de Buenos Aires (PPBA). Aunque no es
necesario vivir la vida como el tango “Cuesta abajo”, resulta evidente que ver
el paso del tiempo desde las ventajas de la madurez o la experiencia no siempre
es sencillo. Y mucho menos, si cada año que pasa se lo analiza como un pequeño
duelo a transitar.
Dejando de lado las llamadas crisis accidentales, que
van desde una mudanza hasta la muerte de alguien cercano, Ipar enfatiza el
perfil doloroso de las crisis vitales, que se corresponden con las etapas de la
vida. El drama empezaría a los 30 para coronarse recién a los 60. Federico
Urman, miembro de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires (Apdeba) coincide en que existen ciclos pero ensaya una
opinión más amplia: “Por el simple hecho de estar vivos, todo el tiempo
enfrentamos duelos, los cuales se hacen más ostensibles en ciertos momentos como
la pubertad o el tránsito a la tercera edad porque se experimentan cambios
físicos, psicológicos y también de fuerte presión social”.
Entonces, ¿el
duelo se nutre de pérdidas pero también de cambios? Para Enrique Novelli,
miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), la respuesta es no. “Tenemos la infancia y la
perdemos, tenemos la pubertad y la perdemos, tenemos la juventud y la
perdemos... Estas son pérdidas pero no siempre significan un duelo, no en todos
aparece la añoranza por lo perdido. Es decir, no siempre aparece el aspecto
doloroso del duelo”, detalla el profesional.
Pero de qué hablamos cuando
hablamos de duelos. Para estos casos nada mejor que ir a las fuentes. En “Duelo
y melancolía”, Sigmund Freud lo definió como la "reacción frente a la perdida de
una persona amada o de una abstracción que haga sus veces, como patria, la
libertad, un ideal...” Entonces, ¿el balance está condenado a ser negativo?
Aunque el panorama cada vez parece más negro, lo cierto es que los profesionales
coinciden en que no siempre el debe es más amplio, depende de cada uno.
“Mientras uno encuentre un modo de satisfacerse, no va a aparecer un duelo. Uno
está en una situación de duelo si se queda fijado en lo perdido, fijado en la
añoranza y en el dolor”, especificó Novelli.
Como era de esperar, los
especialistas aseguran que el duelo es una respuesta normal y lo más sano es
traducirla en palabras cuando aparecen los primeros síntomas. El cuadro clínico
está caracterizado por el bajo estado de ánimo, un fuerte sentimiento de culpa,
recurrente idea de muerte, pérdida de peso, insomnio y abandono de sus
actividades sociales y laborales. En pocas palabras, se manifiesta un creciente
desinterés por todo lo no relacionado al objeto o situación perdida. A esta
altura y teniendo en cuenta que la vida misma implica duelos (más o menos
dolorosos), la duda es: ¿se sale? Y la respuesta está plagada de optimismo.
El psiquiatra británico John Bowlby planteó cuatro hipotéticas fases en
el duelo. La primera estaría caracterizada por el aturdimiento y la protesta; la
segunda por la intensa añoranza; la tercera por apatía y la cuarta por la
sensación de volver a incorporarse a la vida. Más allá de las etapas, hay
consenso en que todo el llamado “trabajo de duelo” completo no debería tomarse
más de un año y medio para mantenerse afuera de lo patológico. Ipar aseguró que
“el duelo tiene momentos de intenso sufrimiento y culmina con la aceptación. Hay
momentos en que la sabiduría es conciencia de dolor pero, si uno supera eso, es
balsámico”. Le Pera tenía razón cuando escribió “sueño con el pasado que añoro,
el tiempo viejo que lloro y que nunca volverá”...