Jueves | 11.08.2005
Escríbanos
CIENCIA
Neuroeconomía: relaciones curiosas entre el mundo de las
emociones y los negocios
Personas con algún tipo de daño cerebral podrían tomar
decisiones económicas más ventajosas. Así lo sostiene un nuevo estudio que
relaciona el mundo de las inversiones con las emociones.
Por Carla Barbuto. Especial para
Clarín.com
¿Qué tiene de bueno haber sufrido una lesión
cerebral? En el mundo real, nada. En el de Antoine Bechara, profesor de
neurología de la Universidad de Iowa, puede que no sea tan así. Según él, un
daño en la capacidad de experimentar emociones que nuble la razón puede abolir,
por ejemplo, el miedo al riesgo. “Hemos estudiado un caso específico en el cual
la emoción desempeñó un papel negativo” explicó Bechara desde los EE.UU.
El estudio de Bechara -publicado en el boletín Psychological Science-
fue liderado por un equipo de investigadores de la Universidad Carnegie Mellon , la Escuela de Graduados de
Standford y la Universidad de Iowa. La tesis es que, bajo ciertas
circunstancias, aquellos que tienen dañada su capacidad para experimentar
emociones podrían tomar mejores decisiones financieras que personas sanas. Sin
embargo, Bechara se ocupa de dejar las cosas claras: “Los pacientes con los
mejores resultados estaban realmente quebrados y en ruina financiera en la vida
real porque permitieron que la gente se aprovechara de ellos, y también
realizaron algunas inversiones absurdas (contra el consejo de parientes y
amigos) que condujo a consecuencias negativas, todas debido a su carencia de
emociones”.
Investigaciones como la de Bechara forman parte de la
neuroeconomía, una disciplina todavía en pañales que explica, por ejemplo, la
influencia de la química cerebral en fenómenos de mercado como la manía por las
burbujas financieras o el pánico de los inversionistas. En síntesis, resulta de
la cruza de especialidades tan diferente como neurología, economía y psicología
. “La neuroeconomía usa técnicas cognitivas y de imágenes para entender qué pasa
con la emoción y el cerebro en la toma de decisión económica. Los economistas
dicen que es un proceso racional. Nosotros decimos que la emoción juega un rol
importante”, explica Facundo Manes profesor de Neurociencias Cognitivas de la
Universidad Católica Argentina UCA.
Los investigadores propusieron un juego bursátil a
15 personas, todas con algún daño cerebral, todas con coeficiente intelectual
normal, todas con las áreas de sus cerebros responsables de la lógica y el
razonamiento cognitivo intactas. Y ahí está la clave porque la lesión estaba
ubicada en la región del cerebro que controla las emociones o la posibilidad de
experimentar sentimientos como el temor o la ansiedad. Manes defiende la tesis
de Bechara. “Si tenemos que racionalizar cada toma de decisión tardaríamos la
vida. Cuando se toma una decisión, no hay tiempo de racionalizar cada opción. Se
decide en base a experiencias y emociones previas. La experiencia crea marcas
somáticas, emocionales. Y en base a eso, uno decide sin racionalizar, decide por
la emoción”, dice el especialista argentino, que en pocos meses abrirá su propio
Instituto de Neurología cognitiva.
Como vimos, la falta de respuesta
emocional dio ventajas a la hora de contar billetes en el juego de inversiones
pero Bechara no menosprecia la emoción como parte del proceso. Para él, un tema
crucial de la investigación es reconocer cuándo las emociones son buenas y
cuándo malas. No se trata de confiar o no en ellas como árbitro necesario de
buenas y malas decisiones, sino de descubrir en qué circunstancias las emociones
pueden ser útiles o no, y usar la relación entre las circunstancias y emociones
como guía para el comportamiento humano. “La teoría de los brokers es que cuando
van perdiendo siguen apostando mientras que la gente normal, se asusta. Aún en
la adversidad, ellos creen que hay que seguir apostando para ganar. No tienen
miedo y, al final, ganan”, explicó Manes, quien sigue de cerca el trabajo de
Bechara.
Aunque la neuroeconomía es una disciplina en desarrollo, hay
varios estudios que demuestran la influencia del componente emocional en la toma
de una decisión de negocio. La neuroeconomía tiene su antecedente en la
“economía del comportamiento” y acá hablamos de palabras mayores porque esta
tendencia ya tiene un par de premios Nobel en su haber como Daniel Kahneman o Gary Becker . Kahneman, que ganó el Nobel de Economía en 2002,
trabajó con neurocientíficos como Peter Shizgal en la Universidad de Concordia,
Montreal. En uno de los estudios, utilizaron juegos de apuestas y técnicas de
imagen cerebral para observar qué partes del cerebro se activaban cuando las
personas anticipaban una ganancia. Ellos encontraron que las recompensas
económicas desataban la misma actividad cerebral que un sabor agradable, música
placentera o incluso drogas adictivas.
Aunque los neurólogos y los
economistas ya comenzaron a acumular evidencia, los psicólogos locales no suman
optimismo con esta línea de investigación. Algunos ejemplos: Pablo Slemenson,
miembro de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires (Apdeba ), dijo: “Estos estudios parten del supuesto equivocado
que todas las personas tienen acceso a la misma información y su distribución no
es homogénea. Por otro lado, las decisiones están condicionadas por la historia
personal y eso tampoco es tenido en cuenta”. Por su parte, Hugo Pisanelli,
presidente de Psicólogos y Psiquiatras de Buenos Aires (PPBA), agregó que “las decisiones son la puesta en acto de
ideas, que pueden producir emociones pero la falta de éstas es igualmente
peligrosa. No es una ventaja la falta de emociones para tomar decisiones”. Para
terminar, Juan Manuel Bulacio, director de ICCAP, mostró cierta cautela al decir que “si la escala de
valores estuviera lo suficientemente alterada para poder tomar decisiones
económicamente favorables a cualquier costo, eso sí sería una “psicopatía
funcional”. Esto es posible que esté muy difundido cuando la cultura lo
permite”.