05/11/2007
 
Extranjeros en suelo argentino
Los ejecutivos extranjeros que llegan para gestionar filiales locales de sus empresas tienen que adaptarse a la cultura local.
 
Rubén Levenberg
ESPECIAL PARA CLARIN

No se bajan de los barcos ni llegan para dejar atrás el hambre o la guerra. Suelen orillar la tercera década de su vida y vienen a ocupar algún cargo en la filial de una compañía multinacional.

Algunos son aventureros, otros tímidos, todos esperan adaptarse, pero íntimamente, los ejecutivos que por razones laborales tienen que mudarse de un país a otro, conocidos en la jerga de Recursos Humanos como "expatriados", tienen sus dudas.

Hugo Pisanelli, director de Psicólogos y Psiquiatras de Buenos Aires (PPBA) –una entidad que abrió un servicio especializado sobre el tema–, cuenta que todo comenzó luego de algunas consultas de áreas de Recursos Humanos de empresas: "A medida que se contactaban con nosotros para capacitación, dado que finalmente somos psicólogos, nos hacían comentarios sobre ciertas necesidades, hasta que decidimos abrir un área para la atención de esos casos y de sus familias", explica.

Quien vino sin familia es el mexicano Bernardo S. García. "Cuando llegué, me encontré con que las costumbres y hasta el idioma, a pesar de lo que creía, no eran iguales. La adaptación no es sencilla y supongo que hay quienes no lo logran", dice el consultor, que en 2003 llegó a la Argentina como vicepresidente de Edelman, hasta que en mayo último se hizo cargo de la gerencia de Comunicaciones de la filial local de General Motors.

Según Pisanelli, los expatriados no tienen demasiadas diferencias con cualquier profesional local, sólo que a los problemas de todos suman "los efectos de la distancia respecto de su lugar natal, su tierra, su casa y su familia.

Hay pacientes que se analizan y otros que encuentran contención para un problema concreto y nada más", detalla.

Desafío cultural Para García, la adaptación fue un desafío cultural: "Buenos Aires es como México DF, pero en escala más pequeña", evoca. El ejecutivo aprovechó cada minuto libre para caminar por la ciudad, conocer las costumbres y ver cuanto espectáculo se le puso a tiro.

"Acá se puede caminar, no hay que usar el auto, uno quiere ir al teatro y llega en diez minutos", dice García, que después de cuatro años ya habla de "vos", está por pedir la nacionalidad argentina y su pareja es, lógicamente, argentina.

"La adaptación tiene que ver con la cultura de la persona y con la disponibilidad de ciertos recursos individuales que le facilitan las cosas", dice Mabel Candia, de ICAS Argentina, filial de la consultora británica especializada en comportamiento humano en las organizaciones.

Acostumbrada a tratar con expatriados argentinos que se van y extranjeros que vienen, Candia destaca que es importante "que la familia que acompaña al ejecutivo no lo viva como un sacrificio sino como un desafío".

En el caso de Michael Moreno, hoy gerente de Marketing de Negocios de Intel para el Cono Sur, la mudanza fue con mujer y todo. Nacido en California pero radicado en Oregon, llegó en setiembre de 2006 a propuesta de la empresa.

"Venir me abrió una gran oportunidad, porque en las filiales las tareas son más complejas, uno se ocupa de muchas más cosas que allá y aprende", cuenta.

Con una familia de origen latino, algunos antepasados en México, otros en Portugal y una esposa mexicana, Moreno chatea e intercambia e-mails con su gente en California: "Extraño la familia y la comida: aunque acá se come bien, no es lo mismo".

Viajero frecuente En cambio, Víctor Zafer Dömnez, director general para el Mercosur de la cadena española NH Hoteles, es un viajero digno de su profesión. Nacido en Turquía y con 21 años en turismo y hotelería, sintetiza su carrera con una tonada extranjera cosmopolita: "A los 16 años me fui de Estambul a Holanda, de allí partí a trabajar en Alemania y mi destino más reciente fue Cuba, donde estuve a cargo de NH".

Antes de instalarse en Buenos Aires con su esposa e hija cubanas, vino para explorar: "Fue una decisión corporativa, pero antes de aceptar vine con mi esposa para conocer algo m ás que las películas o el tango".

Dömnez asegura que se adapta "con mucha facilidad". Pero no todos tienen esa ventaja. A veces, ser un expatriado puede llevar a un fracaso profesional o, al menos, a un retorno sin gloria.