
El músico brasileño Vinicius de Moraes tuvo suerte cuando compuso y
cantó la célebre frase "Tristeza nao tem fim". Su prestigio de poeta
notable le permitió eludir lo que muchos pacientes de psicoanalistas y
psiquiatras a menudo no logran: el hecho de ser diagnosticados como depresivos cuando en realidad sólo atraviesan una infelicidad momentánea provocada por alguna experiencia personal dolorosa.
El
resultado de una amplia investigación realizada por la Universidad de
New South Wales, en Australia, reveló que a más de tres cuartos de los
pacientes estudiados se les diagnosticó depresión cuando en realidad
sólo atravesaban un proceso de emociones negativas normales.
Para
el psiquiatra Gordon Parker, quien tuvo a su cargo la dirección del
equipo de investigación, el motivo de estas evaluaciones erróneas
obedece a que la definición actual de la enfermedad es un tanto difusa,
por lo que los médicos se ven obligados a "englobar todo" dentro del
concepto de depresión.
Parker estudió a 242 personas durante quince años,
y encontró que más del 75 por ciento de los pacientes -si bien
presentaban síntomas como sentimientos de tristeza y ánimo desganado-
no por ello debían ser encuadrados en una depresión clínica, la cual
requiere tratamiento.
El diagnóstico de la depresión no se
basa en estudios especializados como sí ocurre en otras especialidades
médicas. En términos generales, suele ser efectuado a partir del relato
del paciente, que a menudo incluye varias distorsiones. Sobre esta
base, el médico suele diagnosticar un cuadro depresivo inexistente y
puede indicar la toma de antidepresivos y sesiones de psicoterapia. Esto deriva a menudo en situaciones de tratamiento no adecuadas, que pueden promover futuros problemas.
"La primera cuestión que encontramos hoy en día, cuando se atiende a un paciente sin tomarse el tiempo necesario, es que se dan casos donde el diagnóstico no es correcto.
Por ejemplo, si un muchacho se pelea definitivamente con su pareja y,
naturalmente, se entristece, se lo medica con antidepresivos -explicó
Ricardo Rubinstein, médico psiquiatra y psicoanalista argentino- He
visto a colegas aplicar el mismo procedimiento equivocado tratando como
depresivos a personas a las que les fue mal en los estudios o que han
perdido un ser querido y están atravesando el natural período de
duelo".
Según el especialista, esas instancias de duelo pueden
estar asociadas, además, a separaciones derivadas de viajes o incluso a
la necesidad de emigrar a otro país y tampoco es infrecuente que esa
"tristeza" sea diagnosticada como un cuadro de depresión clínica.
En 2007, un estudio de la Universidad de Nueva York publicado por la revista Archives of General Psychiatry concluyó que una
de cada cuatro personas diagnosticada como depresiva se encontraba
atravesando, en realidad, un proceso de desasosiego normal, generado por un golpe emocional reciente.
"También
se ha extendido una estrategia que consiste en sacar adelante a
pacientes que atraviesan momentos adversos con un toque de medicación
antidepresiva", opinó Rubinstein. "Me parece que esos casos no ameritan
el uso de medicamentos psiquiátricos y lo correcto sería dejar que la
persona realice el proceso natural de duelo", agregó. Según el
especialista, la medicación interfiere con la evolución del duelo y
lo que crea es un estado artificial en el que la persona se sobreadapta
y termina obligándose a estar bien, cuando su situación anímica no
se le permite. "Se tapa el problema con psicofármacos, el conflicto no
termina de elaborarse y esto después puede complicarle al paciente la
conexión que establece con nuevas situaciones de su vida", advirtió.
Marcelo
Cetkovich, jefe del Departamento de Psiquiatría de la Fundación
Favaloro, también avaló los resultados de Parker sobre la tendencia a
sobrediagnosticar la depresión: "Efectivamente, es frecuente que
personas afectadas por un estado emocional de tristeza momentánea sean
diagnosticadas y tratadas como pacientes depresivos", sostuvo. Y
agregó: "Lamentablemente, en nuestro país todavía no contamos con un registro estadístico que nos permita hacernos una idea de con qué frecuencia se producen este tipo de diagnósticos fallidos".
Cetkovich
también consideró que en la Argentina se suman otros problemas a esta
situación porque "persiste el prejuicio de medicar sin justificación,
sumado a que se suele trivializar a la depresión al considerársela como
una cuestión de voluntad, cuando en realidad se trata de una
enfermedad".
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