
Es frecuente encontrarse con pacientes que llegan al consultorio luego
de haber hecho un recorrido en el que fueron medicados como si fueran
personas afectadas por una depresión. En realidad, sufrían la sensación
de infelicidad que produce no poder abordar y superar determinadas
situaciones personales. Es central elegir un buen profesional que pueda
evaluar correctamente si el paciente debe ser derivado a terapia o si
requiere un tratamiento psiquiátrico si efectivamente su problema no es
un malestar momentáneo. Por supuesto, los laboratorios tienen gran
influencia: cada vez más presentan productos que no sólo operan sobre
las depresiones sino que también se venden como solución para tratar
fobias y todo tipo de males psíquicos, por lo que los psiquiatras
suelen entusiasmarse. También es probable que en la sobremedicación
influya algún tipo de acuerdo venal entre laboratorios y algunos
colegas, pero no puedo demostrarlo. Como ex docente del Curso Superior
de Psquiatría y supervisor en el Borda, he comprobado que los futuros
profesionales cuentan con una formación escasa sobre la depresión. Los
laboratorios, en tanto, gastan millones de dólares en detallar
beneficios de la medicación, con estadísticas, casuística, y en honor a
la verdad no tenemos todavía muy claro cuán efectivos son los
psicofármacos.
Crecen los diagnósticos de depresión cuando en realidad es sólo tristeza
Los genes influyen en las terapias antidepresivas