Luna - Revista semanal para la mujer - Newsmagazine for woman


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Vínculos adolescentes |
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El
tiene celos de mis
amigas
Caras
de odio, controles constantes, peleas sin sentido,
explosiones de ira, escenas injustificadas... Son súper
celosos, pero en el fondo no soportan que las mujeres
hablemos de nuestra vida íntima. Tienen miedo al
ridículo y por eso nos asfixian.
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El era muy atento, muy romántico. Me cuidaba
y me mimaba. Yo era muy feliz –recuerda Silvia Portillo
(27)–. Pero poco tiempo después de casarnos, llegó a
casa de su trabajo y me encontró reunida con mis amigas.
Puso una cara terrible y fue muy odioso con ellas.
Cuando nos quedamos solos le pregunté qué le pasaba y me
dijo que le molestaba que yo dedicara mi tiempo a estar
con otras personas. No le di importancia, pero la escena
se repitió una y otra vez. Al final dejé de verlas. El
resto del mundo desapareció para mí. Sólo éramos él y
yo. Después de dos años de encierro, nos separamos. No
nos soportábamos más.” Uno de los deseos más
profundos que tienen las personas es el de ser únicas,
exclusivas. Es el anhelo de convertirse para el otro en
un ser extraordinario capaz de colmar todas sus
expectativas. Un reclamo de amor incondicional. Pero lo
cierto es que tanto él como ella son personas
diferentes, con necesidades particulares. Cuando uno de
los dos integrantes de la pareja se cree dueño de los
sentimientos del otro el equilibrio se rompe y aparecen
los celos. “El error está en considerar el amor como
encierro en vez de apertura, cuando en realidad de lo
que se trata es de sumar, no de restar –opina Alicia
Díaz Farina, directora de Psicólogos y Psiquiatras de
Buenos Aires–. Una relación en la que se trata al otro
como propiedad privada y se le impide tener vida propia
genera muchos problemas. Porque todos necesitamos de
diferentes ámbitos, tanto el de la pareja, como el de
los amigos o el de la familia. Llevar una vida
individual ayuda a sostener la pareja.”
De la fantasía a la
obsesión Desde los primeros años de vida, el hombre –y
la mujer, claro– exige el amor exclusivo de la madre. De
mil y una maneras busca captar su atención. Ella es su
fuente de cariño y seguridad. Descubrir que para ella el
mundo es algo más que él despierta los primeros celos. Y
para muchos la fantasía de perder a la persona amada a
manos de un tercero queda siempre dando vueltas. Así,
controlar los movimientos de su pareja se transforma en
una obsesión.
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© Copyright 1999-2000 Editorial Perfil S.A. All rights
reserved Acerca de
PERFIL - mailto:correocaras@perfil.com.ar
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Vínculos adolescentes |
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El
tiene celos de mis
amigas
Caras
de odio, controles constantes, peleas sin sentido,
explosiones de ira, escenas injustificadas... Son súper
celosos, pero en el fondo no soportan que las mujeres
hablemos de nuestra vida íntima. Tienen miedo al
ridículo y por eso nos asfixian.
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El era muy atento, muy romántico. Me cuidaba
y me mimaba. Yo era muy feliz –recuerda Silvia Portillo
(27)–. Pero poco tiempo después de casarnos, llegó a
casa de su trabajo y me encontró reunida con mis amigas.
Puso una cara terrible y fue muy odioso con ellas.
Cuando nos quedamos solos le pregunté qué le pasaba y me
dijo que le molestaba que yo dedicara mi tiempo a estar
con otras personas. No le di importancia, pero la escena
se repitió una y otra vez. Al final dejé de verlas. El
resto del mundo desapareció para mí. Sólo éramos él y
yo. Después de dos años de encierro, nos separamos. No
nos soportábamos más.” Uno de los deseos más
profundos que tienen las personas es el de ser únicas,
exclusivas. Es el anhelo de convertirse para el otro en
un ser extraordinario capaz de colmar todas sus
expectativas. Un reclamo de amor incondicional. Pero lo
cierto es que tanto él como ella son personas
diferentes, con necesidades particulares. Cuando uno de
los dos integrantes de la pareja se cree dueño de los
sentimientos del otro el equilibrio se rompe y aparecen
los celos. “El error está en considerar el amor como
encierro en vez de apertura, cuando en realidad de lo
que se trata es de sumar, no de restar –opina Alicia
Díaz Farina, directora de Psicólogos y Psiquiatras de
Buenos Aires–. Una relación en la que se trata al otro
como propiedad privada y se le impide tener vida propia
genera muchos problemas. Porque todos necesitamos de
diferentes ámbitos, tanto el de la pareja, como el de
los amigos o el de la familia. Llevar una vida
individual ayuda a sostener la pareja.”
De la fantasía a la
obsesión Desde los primeros años de vida, el hombre –y
la mujer, claro– exige el amor exclusivo de la madre. De
mil y una maneras busca captar su atención. Ella es su
fuente de cariño y seguridad. Descubrir que para ella el
mundo es algo más que él despierta los primeros celos. Y
para muchos la fantasía de perder a la persona amada a
manos de un tercero queda siempre dando vueltas. Así,
controlar los movimientos de su pareja se transforma en
una obsesión.
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Caras
de odio, controles constantes, peleas sin sentido,
explosiones de ira, escenas injustificadas... Son súper
celosos, pero en el fondo no soportan que las mujeres
hablemos de nuestra vida íntima. Tienen miedo al
ridículo y por eso nos asfixian.
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El era muy atento, muy romántico. Me cuidaba
y me mimaba. Yo era muy feliz –recuerda Silvia Portillo
(27)–. Pero poco tiempo después de casarnos, llegó a
casa de su trabajo y me encontró reunida con mis amigas.
Puso una cara terrible y fue muy odioso con ellas.
Cuando nos quedamos solos le pregunté qué le pasaba y me
dijo que le molestaba que yo dedicara mi tiempo a estar
con otras personas. No le di importancia, pero la escena
se repitió una y otra vez. Al final dejé de verlas. El
resto del mundo desapareció para mí. Sólo éramos él y
yo. Después de dos años de encierro, nos separamos. No
nos soportábamos más.” Uno de los deseos más
profundos que tienen las personas es el de ser únicas,
exclusivas. Es el anhelo de convertirse para el otro en
un ser extraordinario capaz de colmar todas sus
expectativas. Un reclamo de amor incondicional. Pero lo
cierto es que tanto él como ella son personas
diferentes, con necesidades particulares. Cuando uno de
los dos integrantes de la pareja se cree dueño de los
sentimientos del otro el equilibrio se rompe y aparecen
los celos. “El error está en considerar el amor como
encierro en vez de apertura, cuando en realidad de lo
que se trata es de sumar, no de restar –opina Alicia
Díaz Farina, directora de Psicólogos y Psiquiatras de
Buenos Aires–. Una relación en la que se trata al otro
como propiedad privada y se le impide tener vida propia
genera muchos problemas. Porque todos necesitamos de
diferentes ámbitos, tanto el de la pareja, como el de
los amigos o el de la familia. Llevar una vida
individual ayuda a sostener la pareja.”
De la fantasía a la
obsesión Desde los primeros años de vida, el hombre –y
la mujer, claro– exige el amor exclusivo de la madre. De
mil y una maneras busca captar su atención. Ella es su
fuente de cariño y seguridad. Descubrir que para ella el
mundo es algo más que él despierta los primeros celos. Y
para muchos la fantasía de perder a la persona amada a
manos de un tercero queda siempre dando vueltas. Así,
controlar los movimientos de su pareja se transforma en
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El era muy atento, muy romántico. Me cuidaba
y me mimaba. Yo era muy feliz –recuerda Silvia Portillo
(27)–. Pero poco tiempo después de casarnos, llegó a
casa de su trabajo y me encontró reunida con mis amigas.
Puso una cara terrible y fue muy odioso con ellas.
Cuando nos quedamos solos le pregunté qué le pasaba y me
dijo que le molestaba que yo dedicara mi tiempo a estar
con otras personas. No le di importancia, pero la escena
se repitió una y otra vez. Al final dejé de verlas. El
resto del mundo desapareció para mí. Sólo éramos él y
yo. Después de dos años de encierro, nos separamos. No
nos soportábamos más.” Uno de los deseos más
profundos que tienen las personas es el de ser únicas,
exclusivas. Es el anhelo de convertirse para el otro en
un ser extraordinario capaz de colmar todas sus
expectativas. Un reclamo de amor incondicional. Pero lo
cierto es que tanto él como ella son personas
diferentes, con necesidades particulares. Cuando uno de
los dos integrantes de la pareja se cree dueño de los
sentimientos del otro el equilibrio se rompe y aparecen
los celos. “El error está en considerar el amor como
encierro en vez de apertura, cuando en realidad de lo
que se trata es de sumar, no de restar –opina Alicia
Díaz Farina, directora de Psicólogos y Psiquiatras de
Buenos Aires–. Una relación en la que se trata al otro
como propiedad privada y se le impide tener vida propia
genera muchos problemas. Porque todos necesitamos de
diferentes ámbitos, tanto el de la pareja, como el de
los amigos o el de la familia. Llevar una vida
individual ayuda a sostener la pareja.”
De la fantasía a la
obsesión Desde los primeros años de vida, el hombre –y
la mujer, claro– exige el amor exclusivo de la madre. De
mil y una maneras busca captar su atención. Ella es su
fuente de cariño y seguridad. Descubrir que para ella el
mundo es algo más que él despierta los primeros celos. Y
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Maridos distintos |
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explosiones de ira, escenas injustificadas... Son súper
celosos, pero en el fondo no soportan que las mujeres
hablemos de nuestra vida íntima. Tienen miedo al
ridículo y por eso nos asfixian.
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El era muy atento, muy romántico. Me cuidaba
y me mimaba. Yo era muy feliz –recuerda Silvia Portillo
(27)–. Pero poco tiempo después de casarnos, llegó a
casa de su trabajo y me encontró reunida con mis amigas.
Puso una cara terrible y fue muy odioso con ellas.
Cuando nos quedamos solos le pregunté qué le pasaba y me
dijo que le molestaba que yo dedicara mi tiempo a estar
con otras personas. No le di importancia, pero la escena
se repitió una y otra vez. Al final dejé de verlas. El
resto del mundo desapareció para mí. Sólo éramos él y
yo. Después de dos años de encierro, nos separamos. No
nos soportábamos más.” Uno de los deseos más
profundos que tienen las personas es el de ser únicas,
exclusivas. Es el anhelo de convertirse para el otro en
un ser extraordinario capaz de colmar todas sus
expectativas. Un reclamo de amor incondicional. Pero lo
cierto es que tanto él como ella son personas
diferentes, con necesidades particulares. Cuando uno de
los dos integrantes de la pareja se cree dueño de los
sentimientos del otro el equilibrio se rompe y aparecen
los celos. “El error está en considerar el amor como
encierro en vez de apertura, cuando en realidad de lo
que se trata es de sumar, no de restar –opina Alicia
Díaz Farina, directora de Psicólogos y Psiquiatras de
Buenos Aires–. Una relación en la que se trata al otro
como propiedad privada y se le impide tener vida propia
genera muchos problemas. Porque todos necesitamos de
diferentes ámbitos, tanto el de la pareja, como el de
los amigos o el de la familia. Llevar una vida
individual ayuda a sostener la pareja.”
De la fantasía a la
obsesión Desde los primeros años de vida, el hombre –y
la mujer, claro– exige el amor exclusivo de la madre. De
mil y una maneras busca captar su atención. Ella es su
fuente de cariño y seguridad. Descubrir que para ella el
mundo es algo más que él despierta los primeros celos. Y
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ridículo y por eso nos asfixian.
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El era muy atento, muy romántico. Me cuidaba
y me mimaba. Yo era muy feliz –recuerda Silvia Portillo
(27)–. Pero poco tiempo después de casarnos, llegó a
casa de su trabajo y me encontró reunida con mis amigas.
Puso una cara terrible y fue muy odioso con ellas.
Cuando nos quedamos solos le pregunté qué le pasaba y me
dijo que le molestaba que yo dedicara mi tiempo a estar
con otras personas. No le di importancia, pero la escena
se repitió una y otra vez. Al final dejé de verlas. El
resto del mundo desapareció para mí. Sólo éramos él y
yo. Después de dos años de encierro, nos separamos. No
nos soportábamos más.” Uno de los deseos más
profundos que tienen las personas es el de ser únicas,
exclusivas. Es el anhelo de convertirse para el otro en
un ser extraordinario capaz de colmar todas sus
expectativas. Un reclamo de amor incondicional. Pero lo
cierto es que tanto él como ella son personas
diferentes, con necesidades particulares. Cuando uno de
los dos integrantes de la pareja se cree dueño de los
sentimientos del otro el equilibrio se rompe y aparecen
los celos. “El error está en considerar el amor como
encierro en vez de apertura, cuando en realidad de lo
que se trata es de sumar, no de restar –opina Alicia
Díaz Farina, directora de Psicólogos y Psiquiatras de
Buenos Aires–. Una relación en la que se trata al otro
como propiedad privada y se le impide tener vida propia
genera muchos problemas. Porque todos necesitamos de
diferentes ámbitos, tanto el de la pareja, como el de
los amigos o el de la familia. Llevar una vida
individual ayuda a sostener la pareja.”
De la fantasía a la
obsesión Desde los primeros años de vida, el hombre –y
la mujer, claro– exige el amor exclusivo de la madre. De
mil y una maneras busca captar su atención. Ella es su
fuente de cariño y seguridad. Descubrir que para ella el
mundo es algo más que él despierta los primeros celos. Y
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celosos, pero en el fondo no soportan que las mujeres
hablemos de nuestra vida íntima. Tienen miedo al
ridículo y por eso nos asfixian.
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El era muy atento, muy romántico. Me cuidaba
y me mimaba. Yo era muy feliz –recuerda Silvia Portillo
(27)–. Pero poco tiempo después de casarnos, llegó a
casa de su trabajo y me encontró reunida con mis amigas.
Puso una cara terrible y fue muy odioso con ellas.
Cuando nos quedamos solos le pregunté qué le pasaba y me
dijo que le molestaba que yo dedicara mi tiempo a estar
con otras personas. No le di importancia, pero la escena
se repitió una y otra vez. Al final dejé de verlas. El
resto del mundo desapareció para mí. Sólo éramos él y
yo. Después de dos años de encierro, nos separamos. No
nos soportábamos más.” Uno de los deseos más
profundos que tienen las personas es el de ser únicas,
exclusivas. Es el anhelo de convertirse para el otro en
un ser extraordinario capaz de colmar todas sus
expectativas. Un reclamo de amor incondicional. Pero lo
cierto es que tanto él como ella son personas
diferentes, con necesidades particulares. Cuando uno de
los dos integrantes de la pareja se cree dueño de los
sentimientos del otro el equilibrio se rompe y aparecen
los celos. “El error está en considerar el amor como
encierro en vez de apertura, cuando en realidad de lo
que se trata es de sumar, no de restar –opina Alicia
Díaz Farina, directora de Psicólogos y Psiquiatras de
Buenos Aires–. Una relación en la que se trata al otro
como propiedad privada y se le impide tener vida propia
genera muchos problemas. Porque todos necesitamos de
diferentes ámbitos, tanto el de la pareja, como el de
los amigos o el de la familia. Llevar una vida
individual ayuda a sostener la pareja.”
De la fantasía a la
obsesión Desde los primeros años de vida, el hombre –y
la mujer, claro– exige el amor exclusivo de la madre. De
mil y una maneras busca captar su atención. Ella es su
fuente de cariño y seguridad. Descubrir que para ella el
mundo es algo más que él despierta los primeros celos. Y
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El era muy atento, muy romántico. Me cuidaba
y me mimaba. Yo era muy feliz –recuerda Silvia Portillo
(27)–. Pero poco tiempo después de casarnos, llegó a
casa de su trabajo y me encontró reunida con mis amigas.
Puso una cara terrible y fue muy odioso con ellas.
Cuando nos quedamos solos le pregunté qué le pasaba y me
dijo que le molestaba que yo dedicara mi tiempo a estar
con otras personas. No le di importancia, pero la escena
se repitió una y otra vez. Al final dejé de verlas. El
resto del mundo desapareció para mí. Sólo éramos él y
yo. Después de dos años de encierro, nos separamos. No
nos soportábamos más.” Uno de los deseos más
profundos que tienen las personas es el de ser únicas,
exclusivas. Es el anhelo de convertirse para el otro en
un ser extraordinario capaz de colmar todas sus
expectativas. Un reclamo de amor incondicional. Pero lo
cierto es que tanto él como ella son personas
diferentes, con necesidades particulares. Cuando uno de
los dos integrantes de la pareja se cree dueño de los
sentimientos del otro el equilibrio se rompe y aparecen
los celos. “El error está en considerar el amor como
encierro en vez de apertura, cuando en realidad de lo
que se trata es de sumar, no de restar –opina Alicia
Díaz Farina, directora de Psicólogos y Psiquiatras de
Buenos Aires–. Una relación en la que se trata al otro
como propiedad privada y se le impide tener vida propia
genera muchos problemas. Porque todos necesitamos de
diferentes ámbitos, tanto el de la pareja, como el de
los amigos o el de la familia. Llevar una vida
individual ayuda a sostener la pareja.”
De la fantasía a la
obsesión Desde los primeros años de vida, el hombre –y
la mujer, claro– exige el amor exclusivo de la madre. De
mil y una maneras busca captar su atención. Ella es su
fuente de cariño y seguridad. Descubrir que para ella el
mundo es algo más que él despierta los primeros celos. Y
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Puso una cara terrible y fue muy odioso con ellas.
Cuando nos quedamos solos le pregunté qué le pasaba y me
dijo que le molestaba que yo dedicara mi tiempo a estar
con otras personas. No le di importancia, pero la escena
se repitió una y otra vez. Al final dejé de verlas. El
resto del mundo desapareció para mí. Sólo éramos él y
yo. Después de dos años de encierro, nos separamos. No
nos soportábamos más.” Uno de los deseos más
profundos que tienen las personas es el de ser únicas,
exclusivas. Es el anhelo de convertirse para el otro en
un ser extraordinario capaz de colmar todas sus
expectativas. Un reclamo de amor incondicional. Pero lo
cierto es que tanto él como ella son personas
diferentes, con necesidades particulares. Cuando uno de
los dos integrantes de la pareja se cree dueño de los
sentimientos del otro el equilibrio se rompe y aparecen
los celos. “El error está en considerar el amor como
encierro en vez de apertura, cuando en realidad de lo
que se trata es de sumar, no de restar –opina Alicia
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como propiedad privada y se le impide tener vida propia
genera muchos problemas. Porque todos necesitamos de
diferentes ámbitos, tanto el de la pareja, como el de
los amigos o el de la familia. Llevar una vida
individual ayuda a sostener la pareja.”
De la fantasía a la
obsesión Desde los primeros años de vida, el hombre –y
la mujer, claro– exige el amor exclusivo de la madre. De
mil y una maneras busca captar su atención. Ella es su
fuente de cariño y seguridad. Descubrir que para ella el
mundo es algo más que él despierta los primeros celos. Y
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No hace nada en la casa, no me ayuda, es un
inútil”, son quejas que por lo bajo o a viva voz hacen
muchas mujeres acerca de sus maridos. Desde que la mujer
entró de lleno en el mundo laboral, este reproche
–rápidamente convertido en insulto–, se escucha con más
frecuencia y es motivo de no pocas crisis matrimoniales.
Pero lo cierto es que si bien todavía hay hombres
que creen que su única obligación es “traer dinero a
casa”, también hay mujeres que no les dan espacio para
que participen en las tareas del hogar y crían a sus
hijos varones libres de toda responsabilidad doméstica.
“Hay parejas que se arman con pactos de este tipo:
ella se ocupa de la casa y la crianza de los hijos y él
provee el sostén económico”, señala la psicoanalista
Patricia Linenberg, de la Asociación Argentina de
Psicología y Psicoterapia de Grupo. “Estos acuerdos
brindan seguridad a la pareja, y cualquier alteración de
los roles establecidos es vivida como una amenaza”.
Por eso hay mujeres que no dan espacio a los maridos
para que hagan las cosas, porque no las van a hacer como
ellas quieren. “Esto pasa cuando se espera que el otro
actúe de acuerdo a lo que una se imagina y no se tiene
en cuenta lo que cada uno quiere, sabe o puede hacer”,
señala la psicóloga Alicia Díaz Farina, directora de la
Asociación Psicólogos y Psiquiatras de Buenos Aires.
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