Un experimento reciente indica que, con la administración de una droga, en el futuro podría llegar a paliarse el donjuanismo. Pero la cosa no es tan simple, tratándose de una conducta con fuertes implicancias religiosas y sociales
Sentado en su escritorio, como posando ante el flash de una cámara
apuntándole a los ojos, Ignacio T., 35 años, seductor empedernido, define: "Un
Don Juan es una persona está permanentemente coqueteando con las mujeres,
seduciéndolas. Yo creo que eso no se cura, quizá se pueda paliar, pero está
relacionado con la forma de ser, con el carácter".
Algunos científicos
piensan lo contrario. Y se preguntan, a punto de partida de un experimento, si
será posible cambiar la conducta de esos hombres que adoran coquetear
constantemente con las mujeres. De hecho, según un estudio publicado por la
revista científica estadounidense Nature, que registra experiencias con el ratón
de campo, la administración de una droga podría llegar a modificar la conducta
donjuanesca, al menos en algunos especímenes.
El estudio se centra en
las causas genéticas y químicas de la conducta sexual del ratón de campo: una de
las variedades de la especie tiene machos naturalmente monógamos, que pasan
mucho tiempo con su pareja.
Pero también existe otra variedad
–específicamente llamada ratones de la pradera– cuyos machos prefieren acoplarse
con muchas hembras para luego alejarse y permanecer solos.
Los
científicos se preocuparon por ahondar en los porqués de esa diferencia entre un
grupo y otro de una misma especie, idénticos en todo lo demás. Y luego
intentaron comprobar si los ratones de campo más pícaros e insaciables
sexualmente podían ser transformados en monógamos y fieles.
Neurotransmisor
Para lograr que los ratones que se
comportaban como picaflores fueran tan fieles y constantes con sus cónyuges como
los ratones de conducta inquebrantablemente fiel y apegada a sus parejas, los
científicos inyectaron un gen de los ratones fieles en el lóbulo frontal de los
promiscuos.
Las modificaciones de su conducta se registraron controlando
la cantidad de tiempo que esos ratones permanecían junto a su pareja. Los
ratones inyectados, se comprobó, desarrollaron una conducta mucho más fiel,
aparentemente debido al aumento del número de receptores de vasopresina –un
neurotransmisor– que había sido motivado por el nuevo gen.
"La
vasopresina es un neurotransmisor de efectos contrarios a los de la oxitocina,
también llamada la droga del amor. Mientras la oxitocina despierta instintos
maternales, de amor y amistad en general, la vasopresina tiene los efectos
contrarios: es antisocial y depresiva", explica el doctor Jaime Moguilevsky,
decano de la Facultad de Posgrado de la Universidad Favaloro.
Implicaciones
Es inevitable, aunque peligroso, pensar qué
podría ocurrir si se analogara este experimento aplicándolo a la conducta
humana, evaluando la enorme cantidad de implicaciones sociales, médicas, morales
y teológicas para nuestra especie.
Lo que ha sido considerado hasta
ahora un pecado que debía evitarse mediante un fuerte –y al parecer para algunos
sobrehumano– ejercicio de la voluntad moral, se convertiría de repente en una
cuestión de cantidad de receptores de vasopresina. Si una droga es capaz de
curar a Casanova y a Don Juan, los hombres que se comportan bien ya no serían
ejemplos morales. Además, también resulta conflictiva la elaboración de algún
remedio para ser bueno, ya que hasta el momento lo lógico era ingerir drogas
para sentirse bien. Y los casanovas o los donjuanes, que evidentemente se
sienten bien siguiendo sus deseos de conquista permanentes, serían en realidad
los menos dispuestos a curarse de su compulsión, que en muchos casos otorga
cierto rango de éxito en lo social.
Para el psicoanálisis, pensar en la
medicina como una solución a los deseos de las personas es una ilusión. "Eso
vende porque apela al pensamiento mágico de la gente. La medicación ayuda frente
a situaciones de emergencia, pero en cuestiones donde juega lo afectivo y la
singularidad del sujeto frente a su propio deseo, tenemos que apelar al
conocimiento de cada uno, no a una pastillita", dice la psicoanalista Vilma C.
de Lagache, coordinadora general de pasantías de Psicólogos y Psiquiatras de
Buenos Aires (PPBA).
Tal vez un método más eficaz para mantener a raya a
los donjuanes sea confiar en lo que dicen los científicos de la Universidad de
Harvard, que sostienen que los niveles de testosterona (hormona masculina)
condicionan el comportamiento sexual masculino. El antropólogo Peter Gray y sus
colegas determinaron recientemente las concentraciones de testosterona de 58
hombres, y hallaron que son mucho menores entre los hombres casados que entre
los solteros.
Gray cree que las concentraciones bajas de testosterona
estimulan a los hombres a quedarse en casa, y que estar con la familia podría
disminuir las concentraciones hormonales.
¿Será una ingenuidad pensar
que una buena relación matrimonial podría inhibir al donjuán que se pueda tener
en casa?.
Para saber más:
http://www.nature.com/
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