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Ciencia/Salud
Publicado en la ed. impresa: Ciencia/Salud
Sábado 5 de marzo de 2005
Un guía para que los padres acompañen a sus chicos
Cómo afrontar el regreso a las aulasAgregar a mi carpeta

La primera semana es de adaptación, y los especialistas aconsejan aumentar poco a poco la exigencia

  • El entusiasmo principal es reencontrarse con los compañeros
  • No es bueno prometer premios y regalos
  • Aconsejan recurrir al juego, que motiva y ayuda a aprender

La cuenta regresiva comenzó. El lunes, la gran mayoría de los chicos empezará las clases.

"La gran expectativa suele estar puesta en el reencuentro con los compañeros -explica la licenciada Gisela Untoiglich, coordinadora de Posgrado de Psicopedagogía Clínica de Centro Dos-. Algunos necesitan más incentivos y será importante que los padres los ayuden a construir esas relaciones, que son las que les permitirán transcurrir más placenteramente las largas jornadas en la escuela."

La licenciada Alicia Díaz Farina, psicoanalista de niños y directora de Psicólogos y Psiquiatras de Buenos Aires, coincide: "Si un chico tiene buena socialización generalmente quiere volver a la escuela, no para estudiar sino para reencontrarse con sus amigos. La reticencia podría indicar trabas de socialización o conflictos con los maestros. No sólo hay chicos con problemas, hay también docentes con problemas".

La licenciada Untoiglich, becaria de Investigación Doctoral en la Facultad de Psicología de la UBA, apunta que el malestar del niño puede ocurrir porque la exigencia o carga horaria de la escuela le resulten desmedidos.

"Y en ese sentido es muy importante aceptar sus posibilidades y no presionarlo, a riesgo de que no rinda y se valore poco y no tenga incentivos", advierte el doctor Juan Manuel Bulacio, psiquiatra del Instituto de Ciencias Cognitivas Aplicadas (ICAP) y jefe de la Sección Trastornos de Ansiedad del Servicio de Psiquiatría del Hospital Francés. "Siempre es necesario un período de adaptación cuando comienzan las clases. Es conveniente que las escuelas vayan despacio con la exigencia para que los chicos no se agoten, porque asociarán el aula con algo negativo. En algunas escuelas de doble turno tienen presente este problema y durante la primera semana los chicos asisten medio día, hasta adaptarse."

Díaz Farina añade que es importante que no falten los primeros días de clase para crearles el hábito de la asistencia, "aunque los más chiquitos digan que tienen dolor de cabeza o de panza -comenta-. Además, tendrán que integrarse más tarde al grupo".

La adaptación podrá ser más difícil ante cambios de escuela, o si en la casa se produjeron situaciones especiales (separaciones, un nuevo hermanito). Y Gisela Untoiglich señala posibles casos de estrés postraumático en chicos que hayan estado cerca de la tragedia de Cromagnon. "Es imprescindible que los docentes estén atentos -dijo la psicoanalista de Centro Dos- y otorguen a estos niños alguna posibilidad de «tramitar» lo sucedido, dialogando, escribiendo, dibujando o jugando."

Comienzos y premios

El primer día de la escuela primaria suele ser un recuerdo imborrable. "Está cargado de expectativas -dice Gisela Untoinglich-. Hay padres que quieren reeditar sus propias historias escolares y otros que buscan que sea completamente distinta. Lo importante sería conectarse con ese hijo y ayudarlo a que construya su historia, la propia."

"Es bueno acompañarlos reforzando la idea de que a partir de ahora podrán acceder a un mundo nuevo -afirma Díaz Farina-. Y es un buen momento para que cada familia ponga en claro su relación con el conocimiento, el aprender, la curiosidad, algo que no se vincula con las calificaciones o la exigencia, pero que puede favorecer -o no- el rendimiento del chico."

Los especialistas no aconsejan promesas de regalos o premios de acuerdo al boletín. "Pueden hacer perder de vista que el chico se forma para sí mismo, no para satisfacer a la familia", dice Díaz Farina. Y Bulacio agrega que no ve mal que un niño reciba regalos "siempre y cuando sea algo espontáneo, no prometido, para no crearles condicionamientos".

El juego, una cosa seria

Muy a menudo se asocia la escuela primaria con el aprendizaje "en serio", sin espacio para juegos.

"Pero jugar también es un asunto serio -dice la licenciada en Ciencias de la Educación Beatriz Sall, creadora y directora de Planeta Juego-. No existe trabajo mayor que el que realiza un chico cuando juega: mueve todas sus estructuras mentales. Por eso oponer el juego al trabajo no tiene fundamento. Podemos jugar por el fin mismo del juego, que es lo hacen los chicos a todas las edades, o bien tomar el juego como un medio para lograr otro objetivo, y en ese sentido dar cabida en el aula al juego dirigido, que incentiva y motiva."

Saal agrega que jugar ayuda a conocer diferentes puntos de vista, a compartir y respetar reglas, a resolver conflictos. Y que los maestros mantendrían una actitud lúdica, "preguntándose cómo acercar contenidos a través del juego" porque "si ya en la escuela el chico pierde la capacidad de jugar, cuando sea adulto transformará su tiempo de ocio en tiempo de consumo en vez de convertirse en un ser humano capaz de disfrutar de su tiempo libre".

Por Gabriela Navarra
De la Redacción de LA NACION


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El primer día de clase es una jornada que entusiasma a casi todos los chicos, en especial, a los más pequeños
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