Por Soledad Vallejos
De la Redacción de LA
NACION
El pulso cardíaco se acelera, las manos comienzan a transpirar y la voz suena
temblorosa... De repente, la mente se bloquea y en un par de segundos las
famosas lagunas son capaces de arruinar días, semanas y hasta meses de estudio.
Ante la inminente situación de rendir un examen oral, la experiencia se repite cada vez más en
jóvenes de entre 18 y 25 años. Y en muchos casos, sobre todo en los últimos
meses del año, cuando los estudiantes universitarios se enfrentan con los
exámenes finales directamente no se presentan.
“Nunca llegué a tal
extremo –confiesa Analía Alvarez, que cursa quinto año de medicina en la
Universidad de Buenos Aires–, pero cuando me enteré de que existían grupos de
ayuda terapéutica, y que yo no era la única que pasaba por esta situación cada
vez que tenía que rendir, decidí consultar.”
En el taller grupal del que
participa esta estudiante de 25 años, dirigido por los licenciados Rubén
Vadagnel y Graciela Fernández, de la Sociedad Argentina de Terapia Familiar, una
de las primeras consignas es incentivar a los alumnos a compartir sus
experiencias personales. "Nos dábamos cuenta de que los rasgos eran muy
parecidos, pero el objetivo fue ir descubriendo qué se escondía detrás de esa
fachada, cuál era la verdadera raíz de los problemas".
Según los
especialistas, los primeros años de facultad suelen ser muy críticos, "y entre
el 50 y el 60% de los estudiantes manifiesta haber sufrido algún trastorno de
ansiedad ante un examen", dice el licenciado
Rubén Vadagnel. Pero advierte que hay que distinguir entre un temor racional y
una fobia, que es un miedo irracional con discordancia entre la vivencia
subjetiva y el peligro real.
"La elevada ansiedad que le provoca a
algunas personas la situación de examen, que en
algunos casos constituye un tipo específico de fobia, puede ser tratada en forma
grupal o individual -explica el médico psiquiatra Juan Manuel Bulacio, director
del Instituto de Ciencias Cognitivas (Iccap) y del departamento de ansiedad del
Hospital Francés-. Aunque de modo general, este miedo podría clasificarse en
tres niveles: el primero puede ser considerado como un temor puntual, ligado más
a la cultura, a las presiones sociales y familiares. También se relaciona con un
método de enseñanza un poco arcaico, donde parecería ser más importante el examen final que el aprendizaje en sí mismo, ya que el
alumno se prepara durante todo el año para rendir ante otro y demostrar lo que
sabe."
El segundo caso, cuando la ansiedad significativa en respuesta a
una situación de exposición da lugar a la evitación (como no presentarse al
examen), responde a una fobia específica. "Con
un tratamiento grupal se puede trabajar muy bien -asegura el doctor Bulacio-. Y
al poco tiempo de iniciar el tratamiento los pacientes se sobreponen.
Taquicardia, falta de concentración, resequedad en la boca o fatiga son algunos
de los síntomas caracteristicos. El cuerpo se activa frente a una amenaza, y al
notar esos cambios la persona comienza a preocuparse por la imagen que da frente
al otro y desvía la atención del objeto fundamental: dar el examen. El problema se magnifica, no puede recuperar
la concentración y entonces la mente queda en blanco."
La técnica del
psicodrama, la de relajación corporal y ejercicios básicos de respiración son
algunos de los métodos empleados para controlar estos síntomas. "La respiración
debe ser pausada, rítmica, profunda y suave, y tener dominio del control
muscular también ayuda", recomienda Bulacio.
En cuanto a la técnica del
psicodrama, Vadagnel agrega: "Se utiliza para representar situaciones temidas.
Se puede hacer un simulacro de examen, donde el
alumno es el que toma el lugar del profesor con el fin de ponerse en los zapatos
del sujeto temido".
Fobia social
En el tercer nivel de
importancia, un cuadro clínico que en la mayoría de los casos requiere de un
tratamiento terapéutico individual, los psicólogos ubican a la fobia social:
timidez extrema y temor desmedido a ser juzgado o a quedar en ridículo.
"Los fóbicos sociales, en realidad, tienen severas dificultades no sólo
para dar exámenes orales, sino también para participar en reuniones, enfrentar
una entrevista de trabajo, relacionarse con autoridades o con el sexo opuesto
-puntualiza Bulacio-. Y una gran cantidad de jóvenes convive con ese fantasma
antes de consultar a un psiquiatra o psicólogo especializado."
La
licenciada Evangelina Grapsas, que coordina el taller de orientación vocacional
y miedo a los exámenes en la Asociación de Psicólogos y Psiquiatras de Buenos
Aires, señala que "al tener que hablar en público, estos síntomas corporales son
inevitables. Pero hay que entender que esta relación con el otro, donde el
alumno ve al profesor como un sujeto inconmensurable y voraz, es una cuestión
inconsciente. Por eso no debe tratarse como un síntoma aislado".
Que la
ansiedad movilice, ponga en actividad la mente y acelere la velocidad de
respuesta sería una situación ideal. "Cuando es patológica, en cambio, la
ansiedad inhibe, paraliza... La mente se bloquea y las buenas ideas
desaparecen", concluye Bulacio.
Taller o
terapia individual
Los especialistas consultados revelan que
no sólo los jóvenes padecen estos trastornos de ansiedad. "Hemos recibido
consultas de gente grande que tiene acumulados varios finales que nunca se
atrevió a dar, y a medida que pasan los años el temor aumenta", cuenta Vadagnel.
Los talleres están en plena actividad, y la mayoría continúa con sus
actividades hasta fin de año. "Lo usual es trabajar con un grupo durante ocho
sesiones, aunque previamente hacemos una entrevista de admisión y una evaluación
diagnóstica con cada paciente, para determinar si puede integrarse al taller o
debe realizar una terapia individual", explica el doctor Bulacio.
Más
información sobre los talleres, en
mailto:info@iccap.com.ar(Instituto de
Ciencias Cognitivas Aplicadas);
mailto:saft@arnet.com.ar(Sociedad Argentina
de Terapia Familiar);
mailto:info@ppba.org.ar(Asociación Psicólogos
y Psiquiatras deBuenos Aires).