Buscar en esta edición

Buscar en todas las ediciones

Ciencia/Salud
Publicado en la ed. impresa: Ciencia/Salud
Sábado 24 de diciembre de 2005
La familia en casa
Cómo conciliar los deseos de todos en las vacacionesAgregar a mi carpeta

La negociación, una herramienta clave

Para los chicos en edad escolar, la proximidad de las fiestas -además de los regalos encomendados a Papá Noel- significa el comienzo de las vacaciones. Es decir, el momento más esperado del año. Para los padres que en la mayoría de los casos deben continuar con sus obligaciones laborales, conciliar el trabajo con el tiempo libre de los hijos constituye un gran desafío.

Cada uno de los integrantes de la familia deposita sus expectativas en torno a sus deseos y necesidades, y cuando éstos no se cumplen tal como se esperaba, entonces surgen los conflictos. "En lugar de distenderse y compartir lo que en muchas oportunidades no se puede durante el resto del año, romper con la rutina escolar de los chicos puede transformarse en una situación estresante, que con frecuencia para las madres desemboca en un sentimiento de culpa", reflexiona la licenciada Stella Maris Rivadero, coordinadora del ciclo superior de Clínica Psicoanalítica de Pareja y Familia del Centro Dos.

Claro que los planteos, las demandas y las necesidades de los hijos son muy diferentes según las edades. "Durante el año el tema central es el colegio, las exigencias escolares, la integración con los compañeros y el vínculo con los maestros. Cuando los hijos son chiquitos, el mismo escenario se traslada a la colonia de verano. Les exigen que cumplan con las actividades, que se adapten al cambio y que se destaquen en las competencias deportivas -comenta la licenciada Eva Rotenberg, directora de la Escuela para Padres-. La colonia puede resultar un excelente lugar para que los chicos disfruten de sus vacaciones, pero sin convertirla en una situación de examen. Si el chico no se adapta los padres no deben alarmarse, hay que tener presente que todo cambio requiere su tiempo."

La licenciada Alicia Díaz Farina llama la atención con respecto a los adolescentes. "Con ellos es más complicado, no les gusta sentirse controlados y esto es lo que más les preocupa a los padres. Por eso hay que transmitirles que no es el hecho de controlar, sino la importancia de estar en contacto", aconseja. Y agrega que las vacaciones constituyen un período ideal para que los adolescentes desarrollen sus inquietudes personales. "Muchas veces un hobby, el interés por una actividad determinada o algún deporte pueden ser los disparadores de una futura vocación."

Por su parte, la licenciada Adriana Schiera, presidenta de la Sociedad Argentina de Terapia Familiar, explica que "como en nuestra sociedad estamos muy acostumbrados a satisfacer las necesidades de inmediato, el estado de ocio, en lugar de despertar la creatividad del individuo, conduce al aburrimiento, al hastío".

Para que este período brinde la oportunidad de romper con la rutina, gozar de un descanso compensatorio y enriquecer el vínculo paterno-filial, la especialista recomienda anticiparse a la situación. "No hay que estar desprevenidos, y una buena manera es crear una plataforma de contención para esta nueva etapa, sin idealizarla y planificándola en forma realista."

La licenciada Rivadero opina que el diálogo previo debe existir para que cada uno exponga cuáles son sus necesidades. "Los padres deben marcar ciertas pautas, y transmitirles a los hijos que no es posible satisfacer todas las demandas. Muchas veces, un «atracón» de actividades y programas no deja visualizar el deseo, y los chicos enseguida se aburren."

Pero como los acuerdos son posibles y la negociación es una herramienta clave para la convivencia, Díaz Farina asegura que "antes de que los conflictos aparezcan, es importante contemplar las diferencias, escuchar al otro y reformular los pactos. La queja por sí sola no sirve de nada. Además, los gustos y las inquietudes de las personas también evolucionan con los años, y lo que hasta hace un tiempo podía resultar divertido para un chico hoy ya no lo es".

Como el tiempo de convivencia es mayor, especialmente entre hermanos, "es normal que se desaten peleas y discusiones con más frecuencia, pero los desencuentros pueden obrar a favor, y los padres tendrán una nueva oportunidad para replantear las necesidades de sus hijos", concluye Rivadero.

Por Soledad Vallejos
De la Redacción de LA NACION


Link corto: http://www.lanacion.com.ar/767441

Caricaturas


Caricatura: Huadi



> > >