La negociación, una herramienta clave
Para los chicos en edad escolar, la proximidad de las fiestas -además
de los regalos encomendados a Papá Noel- significa el comienzo de las
vacaciones. Es decir, el momento más esperado del año. Para los padres
que en la mayoría de los casos deben continuar con sus obligaciones
laborales, conciliar el trabajo con el tiempo libre de los hijos constituye
un gran desafío.
Cada uno de los integrantes de la familia deposita sus expectativas
en torno a sus deseos y necesidades, y cuando éstos no se cumplen tal
como se esperaba, entonces surgen los conflictos. "En lugar de distenderse
y compartir lo que en muchas oportunidades no se puede durante el resto
del año, romper con la rutina escolar de los chicos puede transformarse
en una situación estresante, que con frecuencia para las madres desemboca
en un sentimiento de culpa", reflexiona la licenciada Stella Maris
Rivadero, coordinadora del ciclo superior de Clínica Psicoanalítica
de Pareja y Familia del Centro Dos.
Claro que los planteos, las demandas y las necesidades de los hijos
son muy diferentes según las edades. "Durante el año el tema central
es el colegio, las exigencias escolares, la integración con los compañeros
y el vínculo con los maestros. Cuando los hijos son chiquitos, el mismo
escenario se traslada a la colonia de verano. Les exigen que cumplan
con las actividades, que se adapten al cambio y que se destaquen en
las competencias deportivas -comenta la licenciada Eva Rotenberg, directora
de la Escuela para Padres-. La colonia puede resultar un excelente
lugar para que los chicos disfruten de sus vacaciones, pero sin convertirla
en una situación de examen. Si el chico no se adapta los padres no
deben alarmarse, hay que tener presente que todo cambio requiere su
tiempo."
La licenciada Alicia Díaz Farina llama la atención con respecto a los
adolescentes. "Con ellos es más complicado, no les gusta sentirse controlados
y esto es lo que más les preocupa a los padres. Por eso hay que transmitirles
que no es el hecho de controlar, sino la importancia de estar en contacto",
aconseja. Y agrega que las vacaciones constituyen un período ideal
para que los adolescentes desarrollen sus inquietudes personales. "Muchas
veces un hobby, el interés por una actividad determinada o algún deporte
pueden ser los disparadores de una futura vocación."
Por su parte, la licenciada Adriana Schiera, presidenta de la Sociedad
Argentina de Terapia Familiar, explica que "como en nuestra sociedad
estamos muy acostumbrados a satisfacer las necesidades de inmediato,
el estado de ocio, en lugar de despertar la creatividad del individuo,
conduce al aburrimiento, al hastío".
Para que este período brinde la oportunidad de romper con la rutina,
gozar de un descanso compensatorio y enriquecer el vínculo paterno-filial,
la especialista recomienda anticiparse a la situación. "No hay que
estar desprevenidos, y una buena manera es crear una plataforma de
contención para esta nueva etapa, sin idealizarla y planificándola
en forma realista."
La licenciada Rivadero opina que el diálogo previo debe existir para
que cada uno exponga cuáles son sus necesidades. "Los padres deben
marcar ciertas pautas, y transmitirles a los hijos que no es posible
satisfacer todas las demandas. Muchas veces, un «atracón» de actividades
y programas no deja visualizar el deseo, y los chicos enseguida se
aburren."
Pero como los acuerdos son posibles y la negociación es una herramienta
clave para la convivencia, Díaz Farina asegura que "antes de que los
conflictos aparezcan, es importante contemplar las diferencias, escuchar
al otro y reformular los pactos. La queja por sí sola no sirve de nada.
Además, los gustos y las inquietudes de las personas también evolucionan
con los años, y lo que hasta hace un tiempo podía resultar divertido
para un chico hoy ya no lo es".
Como el tiempo de convivencia es mayor, especialmente entre hermanos, "es
normal que se desaten peleas y discusiones con más frecuencia, pero
los desencuentros pueden obrar a favor, y los padres tendrán una nueva
oportunidad para replantear las necesidades de sus hijos", concluye
Rivadero.
Por Soledad Vallejos
De la Redacción de LA NACION