Los primeros fríos, los días que se acortan, la vuelta al deber y
el fin de las promesas veraniegas desaniman y ponen melancólicos a
muchos. A otros, la llegada del otoño los sumerge en una verdadera
y absoluta depresión estacional.
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La depresión otoñal no es pasajera, sino que es periódica, y tiene
que ver con la disminución de la luz", dice la psicóloga Graciela Moreschi.
Y explica que este trastorno, también llamado afectivo-estacional,
TAE o SAD (por las siglas en inglés de season affective disorder ),
puede variar de leve a depresión mayor e incluso ser expresión de un
trastorno bipolar.
El cronobiólogo Diego Golombek precisa que el TAE tiene síntomas muy
parecidos a los de la depresión, y que si bien pueden aparecer en otoño,
sus manifestaciones son más comunes en invierno -cuando las horas de
luz se reducen- y en latitudes más bien extremas. Como en los países
nórdicos, donde suele asociarse este trastorno con altas tasas de suicidios."En
la Argentina, el TAE es bastante frecuente en el Sur", agrega Golombek.
Para la psicóloga Evangelina Grapsas, de la asociación Psicólogos y
Psiquiatras de Buenos Aires, el desánimo que algunos sentimos durante
esta estación tiene que ver, además de con cuestiones fisiológicas,
con una sensación de pérdida y de culminación de una etapa. "Lo mismo
pasa cuando termina el fin de semana. Nos bajoneamos porque algo llega
su fin, y tendemos a enfocarnos en lo que perdemos, en lugar de hacerlo
en lo que ganaremos", afirma.
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Para muchos, la depresión está siempre al acecho, y bastan pequeños
cambios externos o alguna decepción para que todo parezca gris y la
vida se convierta en un escenario donde no hay soluciones", dice Hugo
Litvinoff, didacta de la Asociación Psicoanalítica Argentina. El especialista
señala, no obstante, que el abatimiento estacional no es una patología
específica, sino un fenómeno frecuente en personas depresivas.
Moreschi explica que la falta de luz propia del otoño genera un aumento
en la producción de la melatonina, hormona segregada por la glándula
pineal -que se conoce como hormona del sueño-, relacionada con varios
trastornos psiquiátricos, como la depresión no estacional o el trastorno
bipolar. "Su influencia se estudia también en las alteraciones del
sueño y en el jet lag ", agrega.
El TAE podría ser, en palabras de Golombek, un resabio de hibernación,
de un pasado en el que éramos "bichos más estacionales en nuestro comportamiento
y en nuestra fisiología". Y explica que, a lo largo del año, los ritmos
biológicos cambian, sobre todo el sueño-vigilia, y que en este tipo
de depresión, ese cambio es mucho más marcado.
Según los expertos, las variaciones en esta hormona pueden producir
sueño -quizá la más común de las manifestaciones-, disminuir el interés
por el trabajo u otras actividades, y aumentar el apetito. De hecho,
es habitual subir de peso durante los meses de otoño porque, como sostiene
Moreschi, "existe un deseo incontrolable de comer carbohidratos, sobre
todo dulces".
La doctora Grapsas coincide al declarar que las personas que sufren
este tipo de depresión quieren recuperar lo perdido a través de los
alimentos.
Los psicólogos indican que las mujeres son las más propensas a padecer
este trastorno estacional. La doctora Moreschi precisa que su incidencia
es cuatro veces mayor en las personas del sexo femenino, y añade que
también es común en personas con piel sensible a la luz.
Cómo combatirla
Más allá de motivos fisiológicos, lo cierto es que, como sostiene Litvinoff,
la llegada del otoño supone para muchos el fin de todas las expectativas
de cambio depositadas en los alegres y luminosos días de verano. "Se
suele trabajar menos; por eso, muchos llenan sus valijas de ilusiones
y parten de vacaciones a un lugar sin responsabilidades, sin horarios,
y con el único afán de disfrutar", dice el psicoanalista.
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Pero por bueno que resulte el verano -continúa-, es inevitable sentir
una sensación de frustración por no haber disfrutado todo lo que hubiéramos
querido, y porque una vez comenzado el otoño, nos espera un año difícil
sin haber tenido tiempo suficiente para recuperar las energías."
Para el tratamiento de la depresión otoñal, además de los tradicionales
tratamientos farmacológicos, existe también lo que se conoce como fototerapia
o luminoterapia, que consiste en exponer al paciente a los rayos de
luz artificial un par de horas al día, ya que está comprobado que su
exposición ayuda a suprimir la secreción de la melatonina.
El cerebro, según dice Moreschi, reconoce la luz a partir de 1800 o
2000 lux (unidad de medida de la intensidad lumínica). Por debajo,
aclara la especialista, no se activa la serotonina, otro de los neurotransmisores
implicados en la depresión.
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No se sabe muy bien por qué, aunque quizá tenga que ver con la sincronización
de los ritmos circadianos, pero los síntomas de este trastorno remiten
con la exposición a la luz brillante", concluye Golombek.
Paloma Gil Estrada