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Año XXI Nº 1303
Edición del 15-12-2001
Publicación semanal de Editorial Perfil

 

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  Psicología
  Optimista por naturaleza
  El 10% de la población porta un temperamento "hipertímico", que le permite afrontar positivamente las crisis y evitar enfermedades. Para el resto, existen fórmulas que suben el ánimo y la confianza.
 

Pese a la magnitud de la crisis, hay más de tres millones de argentinos que tienen una mirada positiva sobre el futuro. Suelen ser jocosos, viven haciendo proyectos, tienen confianza en sus capacidades, son desinhibidos y exhiben una amplia gama de intereses. Disfrutan días más largos (duermen típicamente menos de seis horas) y, en suma, tienen más posibilidades de ser exitosos y felices.
¿Idealistas alienados? ¿Soñadores irremediables? No, "hipertímicos". Propietarios por naturaleza de un temperamento animoso que comparten personajes tan disímiles como Cristóbal Colón, Eva Perón y Bill Clinton. "Los hipertímicos tienen mayor capacidad para enfrentar situaciones adversas y salir fortalecidos", resume la psiquiatra Andrea López Mato (44). "Son muy optimistas. Están enamorados de ellos mismos y de la vida", agrega la presidenta electa del Colegio Argentino de Neuropsicofarmacología, quien, exultante, confiesa gozar de la misma personalidad privilegiada.
Los hipertímicos son, junto a los hinchas de Racing, los que hoy pueden permitirse la esperanza en medio de la desolación. Mark Twain decía que el humorismo nace de la amargura y que en el Paraíso no existe el humor. Hasta el historiador Osvaldo Bayer, quien hurgó en las tragedias argentinas, se reivindica un optimista de la vida. "La utopía es lo único que nos hará felices", profetiza. El optimismo militante es un rasgo que sus portadores enarbolan en los peores momentos. Pero ¿cualquier mortal es capaz de adquirir la misma inmunidad frente al desánimo?
Pum para arriba. Contagiarse la esperanza no es tarea sencilla. La hipertimia, al igual que el optimismo general, refleja la conjunción del "hardware" genético individual con las vivencias de la infancia. El abanico que lleva del "pum para arriba" de Marcelo Tinelli a la visión sombría de Ernesto Sabato se empieza a marcar en los primeros años de vida y constituye un rasgo firme de la personalidad.
Domingo Cavallo (55) tiene la fe impresa en su ADN. "Siempre fui optimista. Mi mamá dice que cuando nací ya sonreía", dijo el ministro el pasado viernes 7, después de una tensa reunión en el cuartel general del FMI en Washington y mientras mucha gente se preguntaba de qué se reía. Otros tratan de forzar el optimismo en la adversidad, como declaró la modelo Soledad Solaro (22) después de perder en un incendio su casa y sus objetos más queridos. "Dios sabe por qué hace las cosas", se consoló la bella, y siguió adelante con determinación. El actor Víctor Laplace (57) también se considera a prueba de pesimismos: "Estoy acostumbrado a correr riesgos y enfrentar desafíos. El trabajo es la prioridad, pero trato de darle lugar al hombre pleno, sano, activo, buen amante y deportista", explica a modo de receta.
Según estudios realizados en los Estados Unidos, la mayoría de la población tiene un grado de "optimismo moderado" (ver test). Más allá de los nubarrones de la economía, la gente tiende a pensar que la vida trae más venturas que desdichas. Hacen bien. El cerebro optimista contagia los mensajes neuroquímicos de bonanza a otras zonas del cuerpo.
En 1997, Suzanne Segestrom, una psicóloga norteamericana de la Universidad de Kentucky, examinó la sangre y las expectativas de los estudiantes del primer año de Derecho. Quienes al ingreso estaban más confiados en sus capacidades, al cabo de seis meses de cursada tenían un número más alto de células que protegen al sistema inmune del estrés. "Es como si el optimismo amortiguara los efectos de las tensiones", grafica Segestrom.
Combatir el abatimiento puede ser tan saludable para el corazón como dejar el cigarrillo o bajar el colesterol. Investigadores de la Universidad de Harvard siguieron a 1.300 hombres sanos durante diez años y comprobaron que cada escalón que se sube en la escala del optimismo reduce un 25 por ciento la probabilidad de experimentar dolor de pecho y ataques cardíacos, según anunciaron en la revista "Psychosomatic Medicine".
Varios estudios demuestran efectos similares del optimismo sobre la evolución de enfermedades como el asma, el cáncer o las úlceras (ver infografía página 83).
Resiliencia. "¿Cómo estás?", le preguntó Mirtha Legrand a Andrés Percivale el lunes pasado. "Mejor, imposible", respondió el animador. Y agregó sonriendo: "Pero ojo, que la expresión es tramposa: puede significar muy bien... o tan mal que no se vislumbra ninguna posibilidad de mejora".

   


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