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Pese a la
magnitud de la crisis, hay más de tres millones de argentinos
que tienen una mirada positiva sobre el futuro. Suelen ser
jocosos, viven haciendo proyectos, tienen confianza en sus
capacidades, son desinhibidos y exhiben una amplia gama de
intereses. Disfrutan días más largos (duermen típicamente
menos de seis horas) y, en suma, tienen más posibilidades de
ser exitosos y felices. ¿Idealistas alienados? ¿Soñadores
irremediables? No, "hipertímicos". Propietarios por naturaleza
de un temperamento animoso que comparten personajes tan
disímiles como Cristóbal Colón, Eva Perón y Bill Clinton. "Los
hipertímicos tienen mayor capacidad para enfrentar situaciones
adversas y salir fortalecidos", resume la psiquiatra Andrea
López Mato (44). "Son muy optimistas. Están enamorados de
ellos mismos y de la vida", agrega la presidenta electa del
Colegio Argentino de Neuropsicofarmacología, quien, exultante,
confiesa gozar de la misma personalidad privilegiada. Los
hipertímicos son, junto a los hinchas de Racing, los que hoy
pueden permitirse la esperanza en medio de la desolación. Mark
Twain decía que el humorismo nace de la amargura y que en el
Paraíso no existe el humor. Hasta el historiador Osvaldo
Bayer, quien hurgó en las tragedias argentinas, se reivindica
un optimista de la vida. "La utopía es lo único que nos hará
felices", profetiza. El optimismo militante es un rasgo que
sus portadores enarbolan en los peores momentos. Pero
¿cualquier mortal es capaz de adquirir la misma inmunidad
frente al desánimo? Pum para arriba. Contagiarse la
esperanza no es tarea sencilla. La hipertimia, al igual que el
optimismo general, refleja la conjunción del "hardware"
genético individual con las vivencias de la infancia. El
abanico que lleva del "pum para arriba" de Marcelo Tinelli a
la visión sombría de Ernesto Sabato se empieza a marcar en los
primeros años de vida y constituye un rasgo firme de la
personalidad. Domingo Cavallo (55) tiene la fe impresa en
su ADN. "Siempre fui optimista. Mi mamá dice que cuando nací
ya sonreía", dijo el ministro el pasado viernes 7, después de
una tensa reunión en el cuartel general del FMI en Washington
y mientras mucha gente se preguntaba de qué se reía. Otros
tratan de forzar el optimismo en la adversidad, como declaró
la modelo Soledad Solaro (22) después de perder en un incendio
su casa y sus objetos más queridos. "Dios sabe por qué hace
las cosas", se consoló la bella, y siguió adelante con
determinación. El actor Víctor Laplace (57) también se
considera a prueba de pesimismos: "Estoy acostumbrado a correr
riesgos y enfrentar desafíos. El trabajo es la prioridad, pero
trato de darle lugar al hombre pleno, sano, activo, buen
amante y deportista", explica a modo de receta. Según
estudios realizados en los Estados Unidos, la mayoría de la
población tiene un grado de "optimismo moderado" (ver test).
Más allá de los nubarrones de la economía, la gente tiende a
pensar que la vida trae más venturas que desdichas. Hacen
bien. El cerebro optimista contagia los mensajes neuroquímicos
de bonanza a otras zonas del cuerpo. En 1997, Suzanne
Segestrom, una psicóloga norteamericana de la Universidad de
Kentucky, examinó la sangre y las expectativas de los
estudiantes del primer año de Derecho. Quienes al ingreso
estaban más confiados en sus capacidades, al cabo de seis
meses de cursada tenían un número más alto de células que
protegen al sistema inmune del estrés. "Es como si el
optimismo amortiguara los efectos de las tensiones", grafica
Segestrom. Combatir el abatimiento puede ser tan saludable
para el corazón como dejar el cigarrillo o bajar el
colesterol. Investigadores de la Universidad de Harvard
siguieron a 1.300 hombres sanos durante diez años y
comprobaron que cada escalón que se sube en la escala del
optimismo reduce un 25 por ciento la probabilidad de
experimentar dolor de pecho y ataques cardíacos, según
anunciaron en la revista "Psychosomatic Medicine". Varios
estudios demuestran efectos similares del optimismo sobre la
evolución de enfermedades como el asma, el cáncer o las
úlceras (ver infografía página 83). Resiliencia. "¿Cómo
estás?", le preguntó Mirtha Legrand a Andrés Percivale el
lunes pasado. "Mejor, imposible", respondió el animador. Y
agregó sonriendo: "Pero ojo, que la expresión es tramposa:
puede significar muy bien... o tan mal que no se vislumbra
ninguna posibilidad de mejora".
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