El diálogo y la buena
comunicación son fundamentales a la hora de poner
límites. Una mini guía para padres que atraviesan esta
etapa tan controvertida. Los tiempos han cambiado: los
jóvenes están cada vez más expuestos a la droga y el
alcohol. Conversar con ellos y delimitar sus horarios y
espacios, es un beneficio a futuro.
Todo empezó cuando Jazmín llegó del
colegio con una pila de deberes, sonrisa picarona y una
pregunta que luego se convertiría en pesadilla: “¿El
viernes puedo ir a una fiesta?” Sin darle tiempo a su
mamá para que intentara disimular la cara de asombro,
atacó nuevamente: “Siempre es lo mismo con ustedes. ¡Soy
la única del curso que no puede hacer nada!”, gritó
furiosa antes de encerrarse en el cuarto –teléfono en
mano–, con la idea de confabular con sus compañeras
para, de una buena vez por todas, lograr deshacerse de
esa raza maligna que domina al mundo, o sea, los padres.
Unas cuantas horas y varios litros de lágrimas más
tarde, el tema parecía completamente olvidado. Sin
embargo, apenas era el comienzo. El caso de Jazmín es
sólo un ejemplo de una historia que se repite en todos y
cada uno de los hogares, en el momento en el que los
chicos se animan a revolotear y les pican las ganas de
alejarse un poco más del nido. ¿Pero cómo hacer para
encontrar el equilibrio entre la necesidad de libertad
de los hijos y los miedos de los padres? Lo cierto
es que la realidad no ayuda. Alcohol, droga y descontrol
son tres palabras que se asocian con bastante frecuencia
al mundo de la noche que, además, parece no tener
horario de finalización. Y también se adelantan y
empiezan a salir cada vez a más temprana edad. De hecho,
un estudio reciente del Conicet indica que ya tienen
registros de chicos que beben incluso desde los 11 años.
Claro, que no es cuestión de desesperar ni de
encerrarlos bajo llave hasta la mayoría de edad. Con
diálogo y paciencia es posible lograr acuerdos para que
ambas partes queden satisfechas. Es decir, que los hijos
se diviertan mientras los papás descansan
tranquilos.
Cada cosa a
su tiempo Padres y expertos parecen
coincidir en una premisa: la comunicación es la
principal herramienta a la hora de enfrentar esta etapa.
Así, en teoría, parece una tarea sencilla. Pero
cualquiera que tenga (o haya tenido) hijos adolescentes,
sabe que intentar coordinar un encuentro pacífico entre
gente de Boca y River sería un desafío mucho más
sencillo que tratar de dialogar con ellos. Es un
dato, suelen estar a la defensiva y sienten que
cualquier observación es para reprenderlos. El primer
paso, entonces, será acercarse a ellos a través de los
aspectos positivos. Hablar sobre sus hobbies y las cosas
que disfrutan es una manera de conocerlos mejor (véase
Claves para mejorar la relación con su hijo). De esta
forma, abordar temas como los horarios o las salidas
será más sencillo. “Resulta importante que no haya
autoritarismo ni desvalorización. Los grandes sermones
los aburren y el tono de sugerencia o las frases dichas
al pasar pueden ser mejor recibidas”, señala la
licenciada Vilma Cabrera de Lagache, integrante de
Psicólogos y Psicólogas de Buenos Aires. Como si
fuera una receta de cocina, los expertos continúan. “Se
trata de consensuar. Establecer límites que sean claros
para ambas partes”. Y por supuesto, conocer su círculo
de amistades y los lugares por los que habitualmente
circulan. Estar al tanto y atento ayuda a permanecer
alerta para detectar con velocidad las señales de alarma
y evitar disgustos. Pero tampoco es cuestión de creer
que estamos enfrentándonos a la rebeldía en persona.
“Esto de los límites es algo que empieza en la más
temprana infancia. Es necesario no perder de vista que
en la trasgresión está el placer y que debemos dejar
algún espacio para que se pueda poner en juego. Darles
un poco de libertad va a impedir que un adolescente
caiga en el descontrol”, agrega Lagache.
Padres en
acción Fue en respuesta a todos estos
interrogantes que un grupo de padres decidió
organizarse. “No fue sólo por una cuestión de nuestros
hijos, que ahora tienen entre 14 y 24 años. Consideramos
que era una actitud solidaria y necesaria, en un campo
en donde se veía mucha preocupación y poca acción. Nos
llamó la atención que de los mayores a los más chicos se
hubiera dado un cambio tan grande. Hace seis años la
situación era diferente”, explica Adriana Ceballos,
orientadora familiar, psicóloga social y corrdinadora de
Padres en Red. Y por eso, eligieron volcar su
experiencia en una página web (www.padresenred.org).
“Queríamos que se constituyera en una herramienta de
comunicación entre los papás preocupados por la
diversión de sus hijos adolescentes. La idea es que cada
uno actúe en sus propios ámbitos en la búsqueda de
alternativas sanas y las comparta con el resto de los
padres de todo el país y hasta del exterior, que además
pueden informarse y canalizar sus inquietudes y
aportes”, apunta. Entre las preocupaciones más
comunes de los progenitores, Ceballos menciona el
resultado de una encuesta que enviaron a todas las
personas registradas en el sitio. “En primer lugar
aparecen el alcohol y las drogas. Muy seguido, el
descontrol, los horarios inadecuados y la sexualidad
temprana”, enumera. Sin embargo, a continuación aclara:
“Hemos notado una falta de información importante. Y una
vez que están al tanto tienden a minimizar la situación
o a suponer que son cosas que les suceden a todos menos
a sus hijos”.
¿Los meses
más difíciles del año? La época no es
casual. Los chicos terminan las clases, tienen más
tiempo libre y es época de festejos para todos. Los que
egresan, los que despiden el año y claro está, los que
aprovechan las vacaciones para hacer todo lo que no
pudieron durante el año. En este punto, Ceballos se
vuelve terminante: “Es un momento para descansar y no
para rematar el año con un agotamiento más profundo. Es
un momento de vivencias familiares y amistosas, que por
los avatares de la vida moderna postergamos. Y una cosa
muy importante: los valores no se toman vacaciones. Si
realmente los tenemos, nos acompañan a todos lados”,
dice.
Una etapa complicada “
A los adolescentes les pasan muchas cosas nuevas.
Experimentan cambios en su propio cuerpo y se sienten
raros. No reconocen la imagen que les devuelve el
espejo. Se comparan con sus pares, se miden en sus
proezas y así se encuentran muchas veces jugando al
límite. Buscan su propia identidad a través de sus
amigos o compañeros y por eso imitan la vestimenta y se
mueven en grupo para sentirse seguros”, explica la
psicóloga Vilma Cabrera de Lagache, integrante de
Psicólogos y Psiquiatras de Buenos Aires. Además de la
necesidad de evadirse y buscar diversión, el tema de las
salidas es fundamental durante el proceso de
socialización de los chicos.
Padres en
Red Padres en Red es una asociación de
padres de chicos adolescentes preocupados por la
diversión de sus hijos. Sus objetivos son:
Reinsertar hábitos y conductas en el ámbito de la
diversión que faciliten la formación en los
valores. l Concientizar a los padres acerca de la
importancia de la función paterna y materna en esta
tarea. l Retomar el lugar de liderazgo que como
padres debemos tener. l Informarnos acerca de la
realidad que les toca vivir a nuestros hijos, la cual ha
cambiado sustancialmente en los últimos tiempo. l
Formarnos con contenidos claros e ideas concretas. l
Proponer alternativas sanas y divertidas antes que
prohibir. l Trabajar en la prevención, el modo más
eficaz de producir cambios. A la hora de hablar de
los valores, Adriana Ceballos, coordinadora del grupo,
orientadora familiar y psicóloga social, reflexiona:
“Sería bueno recuperar el respeto, el compromiso, el
pudor, la responsabilidad, la prudencia. Pero
fundamentalmente, el valor que encierra en sí la persona
como ser único e irrepetible, el valor a la propia vida.
Y en esto los padres tenemos que ser coherentes:
revisando el mensaje que les estamos transmitiendo como
adultos, con nuestro proyecto personal y social”. Y a
continuación, agrega: “A algunos les cuesta salir de la
inercia, en primer lugar, por la falta de información.
De todos modos, una vez que están al tanto tienden a
minimizar la situación o suponer que ‘todos sí, menos mi
hijo’. ¿ Y entonces para qué implicarse? Por otro
lado, entendemos que solos es más complicado. Cada padre
piensa que son los únicos que…’ y cuesta generar
alternativas. Los padres no constituímos una estructura
orgánica y no es sencilla la intercomunicación”. Por
eso, invitan a todos aquellos que quieran contactarse
con ellos a través de su Web: www.padresenred.org ¿
Cómo armar la propia red? “En principio, empezar a
estudiar el entorno. Contactar otros papás que tengan
las mismas inquietudes y que estén dispuestos a
comprometerse para llevar a cabo la tarea, que implica
mucha responsabilidad y compromiso. Y entre todos
empezar a planificar alternativas que puedan
implementarse en el ámbito en el que se están moviendo,
que pueden ser colegios, clubes, parroquias, templos o
cualquier otra institución. Y después informarse y
capacitarse. Estar al tanto de las cosas que suceden en
la comunidad y también en otros círculos, para poder
actuar en consecuencia”, explica
Ceballos.