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Crónicas sobre la Plaga del Siglo
La Organización Mundial de la Salud calificó al desempleo como la principal catástrofe del tercer milenio. Es la plaga del siglo - dice la OMS - por su correlato de enfermedades nerviosas y psicosomáticas, y el aumento de las adicciones y los episodios de violencia y/o ruptura familiar. En esta editorial damos introducción al análisis del Dr. Santiago Cortesi que aborda "La salud mental y la crisis Argentina".
Autor: Buenafuente.com
6//1//2004


Y de acuerdo a ese criterio, podríamos entonces considerar que esa “plaga del siglo”, en la Argentina del 2004 adquiere características de epidemia no controlada. En su informe parcial del 23 de diciembre último, el INDEC había informado que la tasa de "parados" sin considerar como ocupados a los receptores del PJJHD era del 21,4% de la Población Económicamente Activa (PEA). Pero, al mismo tiempo, el Ministerio de Trabajo comunicó que en el último mes del año se liquidaron Planes en forma "normal" a 1.827.388 personas. Distintos análisis parecen indicar una probabilidad importante de que la tasa real de desempleados se ubique actualmente bien por arriba del 21,4% de la PEA, y no parece descabellado asumir que incluso excedería el 25%, sobre una PEA urbana de algo más de 10,2 millones de trabajadores.

En una nota publicada en Buenafuente el 5/4/2003, comentábamos que el impacto de la crisis sobre el estado anímico y mental de los argentinos había pasado el umbral de meras percepciones, para transformarse en datos estadísticos concretos. Para entonces, un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) indicaba que cuatro de cada diez argentinos aseguraban sentirse “frecuentemente” o “todo el tiempo” desanimados. En cifras esto implicaba un aumento del 170% sobre los datos de 2001, cuando el desaliento era identificado como síntoma sólo en el 15% de los consultados, y la principal razón no asombraba a nadie: problemas económicos y laborales (casi el 70% de los casos).

Si se bajaba entonces del nivel nacional a las primeras mediciones en las provincias, los datos eran los siguientes:

• Psicólogos y Psiquiatras de Buenos Aires, una asociación civil que reúne a más de 80 profesionales y que ofrece atención con honorarios accesibles en consultorios de toda la Capital Federal y Gran Buenos Aires, realizó un estudio sobre la población que consulta al organismo y halló que la demanda en salud mental había aumentado casi un 40% del 2001 al 2002. Evangelina Grapsas, coordinadora clínica de la Asociación al sumar las causas de inseguridad y crisis económica comentaba que la proporción de las consultas por problemas tales como ansiedad, depresión, fobias o insomnio había entre un 45 y un 75% en comparación con enero del 2001.

• En el primer trimestre del 2002 las consultas psiquiátricas habían crecido casi 300%, según un informe de la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA). En ausencia de estadísticas oficiales a nivel país, la estimación era que uno de cada 10 trabajadores sufría algunas de las manifestaciones corporales que ocasiona el estrés, como agotamiento, cefaleas, dolores musculares, insomnio, molestias gastrointestinales y pérdida del control emocional, entre otras.

• En la provincia de Tucumán en el 2002 ya se había detectado un 30% de aumento en las consultas de salud mental en el sistema público, según declaraciones de la directora provincial de la especialidad, Lic. Marcela Lemaitre.

• En Mendoza las consultas en los neuropsiquiátricos habían aumentado entre el 20 y 25% durante el 2002, de acuerdo a informaciones de la directora de Salud Mental de Mendoza, María Jesús Estévez.

• En Córdoba estudios focalizados a un grupo de 100 ahorristas atrapados en el corralito, realizado en la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Córdoba con un seguimiento de 12 meses, había detectado un número llamativo de problemas en su salud mental. Los síntomas más frecuentes eran autoestima baja, obsesión/compulsión, ansiedad, angustia y temores, ideas de persecución, problemas de orientación, estados de ánimo eufóricos y conductas agresivas.

• También en Córdoba pero ya el 2004, el Director de Salud Mental de la Provincia, Osvaldo Navarro, comenta que más de un 50% de la demanda en los centros periféricos sanitarios de la capital cordobesa, está relacionada con problemas económicos y de vivienda, que a su vez derivan de la pérdida o inestabilidad laboral. Los equipos de atención primaria han comunicado que en los distintos barrios entre un 66 % (Maldonado) y un 35% (Sta. Isabel) de las consultas está relacionado con la precariedad laboral y su impacto individual y familiar. La incidencia es mayor en varones, con una mayor concentración entre los 35-38 años. En principio, las consultas obedecen a cuadros gastrointestinales, respiratorios o crisis nerviosas. También al alcohol, el maltrato individual y familiar, o la depresión. Al confeccionar la historia clínica, los profesionales encuentran que la raíz del problema estriba en la inseguridad económica, producto del desempleo. Esta situación genera un cuadro de estrés en adultos y, cada vez más, en niños. También se expresa en el desaliento, un factor que ha crecido en los últimos dos años. “Al principio se enfermaban porque se habían quedado sin trabajo. Ahora es porque también perdieron la esperanza de volver a conseguirlo”, resume la psicóloga María Isabel Villagrán.

Desde Buenafuente a comienzos de este 2004, el Dr. Santiago Cortesi vuelve a recuperar esta perspectiva e indagar sobre el derrotero de la salud mental de los argentinos luego de dos años de convivencia con la crisis y la plaga del siglo. Informar es a veces prevenir. Prevenir es siempre mejor que curar. Y a veces es la única cura posible.

1 Sticco Daniel, Desempleo supera el 25% de la población económicamente activa Infobae, 13/1/04
2 Castro Bravo Jimena y Loewy Matías, Sobrevivir al miedo, Rev. Noticias, Año XXI Nº 1335, 27/7/02


LA SALUD MENTAL Y LA CRISIS ARGENTINA
Dr. Santiago Cortesi

Las crisis económicas se han sucedido en nuestro país en numerosas ocasiones, siendo algunas de ellas de mayor trascendencia que otras. Las consecuencias de estas crisis han sido siempre evaluadas con parámetros económicos, pero nunca se le han a los parámetros sanitarios la importancia que tienen en el largo plazo.

Uno de los parámetros sanitarios que no han tenido en cuenta es el estado de la salud mental de la población. Esta necesidad tan vital para que una sociedad que está crisis salga adelante, se ve agredida por la inestabilidad que se opera en esos momentos. La búsqueda de equilibrio mental en la sociedad debería ser uno de los ejes de las políticas que se implementan en estas situaciones. Sin embargo poco se dice de las consecuencias que se operan en la salud mental, tan vital para los equilibrios que debe buscar un individuo ante la agresión que sufre de una depresión económica estructural.

En nuestro país, lo ocurrido en los últimos años, luego de una larga decadencia institucional, viene afectando de manera grave la vida de los ciudadanos. Están los que se quieren ir, y están los que quedándose en el país, sufren distintas patologías mentales que se agregan al triste panorama de las ciudades, con mayor inseguridad (robos y secuestros) y crecientes manifestaciones de pobreza (la actividad diaria de los “cartoneros” y sus familias).

La crisis actual del país se expresa con mayor frecuencia en los medios de comunicación con parámetros o índices económicos o sociales: riesgo país, cotización del dólar, índices de desempleo, índices de pobreza, etc. Todos estos indicadores muestran hechos que repercuten fuertemente sobre el ser humano, pero lo hacen indirectamente. No se usan indicadores que muestren directamente esta repercusión. Los indicadores de salud mental podrían cubrir esta carencia. De la salud mental del pueblo argentino poco se habla, pero ya que es producto esencial del bienestar humano, es preciso sin miedos abordar el tema.

En esta nota queremos remarcar este fenómeno de la de sanidad mental de la población argentina ante la crisis económica que se esta viviendo. Una manera de explicitar el problema es buscar indicadores de salud mental, algunos más directos y contundentes que otros u otros elementos que arrojen luz sobre el tema, como el consumo de psicofármacos y el número de consultas a servicios especializados de psicopatología.

En primer término vamos a analizar los cambios que se han producido en el uso de fármacos psiquiátricos, que hipotéticamente se debería incrementar ante situaciones de sufrimiento psíquico.

Al analizar datos del INDEC sobre las ventas de fármacos por grupo, se ve que en el año 2001 el consumo de psicofármacos creció con respecto al año 2000 un 16%, siendo el grupo farmacológico con mayor crecimiento. Ya en el año 2002 el crecimiento fue de tal magnitud (17%) que este grupo farmacológico lideró las ventas del todos los grupos. Las benzodiacepinas, fármacos de uso popular, aunque solo bajo prescripción médica, que poseen propiedades ansiolíticas (anti angustia), sedantes e hipnóticas, estaban en segundo lugar luego de los antiinflamatorios no esteroideos (como la aspirina), con $ 76.082.667 en ventas en el 2001, y en primer lugar en el año 2002 con $102.761.070, siendo el aumento registrado entre estos dos años de un 35.06%. También tratando de objetivar el cambio en el consumo de fármacos para la depresión, vemos que los antidepresivos inhibidores de la recaptación de serotonina (los más usados actualmente) tuvieron un incremento en ventas de un un 14%, con ventas en el 2001 de $39.851.558 y $45.750.935 en el 2002.

Este fenómeno descrito, con números y porcentajes, permite vislumbrar el malestar psíquico que esta sufriendo el pueblo, ya que ante síntomas de angustia, desgano, estrés, desesperanza, y enfermedades como los trastornos de angustia y las depresiones, debe recurrir a fármacos que tratan de llenar ese vacío interno o mitigar la sensación de inestabilidad que les produce la dura realidad cotidiana.

Una manera más directa para evaluar la salud mental es comparar el número de consultas psiquiatricas o psicológicas en los hospitales municipales antes y durante la crisis. Enfocando la mirada en las urgencias psiquiátricas de los hospitales especializados ( Borda, Moyano, Tobar García, Alvear, Amheguino) y comparando el año 1998 con el año 2002, el incremento en las mismas fue de 57,55%, con un total de 50.341 en 1998 contra 79.316 en el 2002. Estas urgencias comprenden intentos de suicidio, crisis de excitación psicomotriz, crisis de angustia, ataques de pánico, y otras más. En cuanto a las consultas totales a los servicios de psicopatología de los hospitales municipales, vemos que en el año 1998 estas fueron 529.105, mientras que en el 2002 ascendieron a 1.548.406, lo que da un incremento de un 192,65% en cuatro años.

Si bien una explicación parcial por la cual puedan haber aumentado las consultas y las urgencias en los hospitales municipales puede ser el que un segmento de la población ya no está cubierto por el sector privado de salud y se vuelca al sector público, los datos expuestos anteriormente exceden lo esperable por este fenómeno. Las cifras mencionadas son harto elocuentes para que nuestros gobernantes imaginen cuánta destrucción produce la mala política que lamentablemente termina minando, sino destruyendo la expectativa de vivir de la sociedad.

Hemos querido recordar estas cifras para contribuir a que en este año que se inicia las instituciones del país públicas y privadas, y sus dirigentes se acerquen a puntos de consensos, poniendo a la salud mental en una perspectiva que ayude a apurar las necesarias correcciones para la salud de un país que camina sin horizonte.

 
 
 

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