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El año pasado fue un año crítico para la
sociedad. El corralito, el hambre, la desocupación,
la inseguridad y la
incertidumbre
repercutieron de diversas maneras en las personas. Y ante
situaciones similares, la reacción de las mismas fue distinta.
Algunas tuvieron problemas digestivos, otras alguna fobia,
trastornos sexuales o insomnio. Es decir, “la situación
caótica que se vivió durante el 2002 funcionó como disparador
y cada uno reaccionó según su base”, define el licenciado en
psicología Hugo Pisanelli.
Psicólogos y
Psiquiatras de Buenos Aires, una asociación civil que
reúne a más de 80 profesionales y que ofrece atención con
honorarios accesibles en consultorios de toda la Capital
Federal y Gran Buenos Aires, realizó un estudio sobre la
población que consulta al organismo y halló que la demanda en
salud mental aumentó considerablemente del 2001 al 2002.
“Esta demanda subió casi un 40% y está ligada a la
crisis económica, política y social que atravesamos”, explica
el presidente de la institución, Pisanelli “el dinero en
escasez o exceso, también es un factor de crisis y estrés, por
ejemplo. Pero la crisis no es causante de enfermedades sino
desencadenante”.
El supervisor de consultorios externos del hospital
José T. Borda diferencia: “la enfermedad surge por un
lado, por razones de tipo genéticos, que predisponen.
Por otro, relacionada al desarrollo infantil, la historia
subjetiva y particular. Y finalmente, por un factor
desencadenante como puede ser una guerra, la sensación
de peligro, la desocupación, etc. Cuando padecemos
enfermedades psicosomáticas como el asma, la gastritis
o la soriasis no se debe entonces sólo a la crisis”.
Informa que los trastornos afectivos y de ansiedad
más consultados fueron los de la depresión, ataques
de pánico, miedos y fobias, crisis de angustia y
dificultades de relación. En las parejas, los problemas
sexuales. Y después los trastornos alimenticios:
la bulimia y la anorexia.
Además, detalla que se ha incremento la consulta
de chicos “lo cual remite a los síntomas de los
padres – dice Pisanelli – los niños generan patologías
que se manifiestan como hiperactividad, falta de
concentración en la escuela y que se elaboran rápido,
pero irremediablemente, remiten a lo que se vive
en sus hogares”.
Los profesionales de la salud tanto orgánica como
mental tuvieron una avalancha de consultas y casos
de urgencia que atender. “Tenemos una función muy
importante que cumplir en la actualidad: la de informar
a qué debe atender la sociedad, las formas de prevención”,
opina el psicoanalista.
Por ejemplo, con respecto a los niños, sugiere
que ante cualquier cambio conductual o de costumbres
como no querer comer -o hacerlo en
exceso-, permanecer en soledad durante mucho tiempo
o padecer insomnio se consulte a un especialista. En
los ancianos, realizar controles más asiduos, permanentemente.
“Los adultos conforman la franja más golpeada por la
crisis (porque sostienen al grupo familiar). Es común
que alguien que perdió el trabajo se sienta triste,
pero no necesariamente que tenga pánico o una úlcera.
Los síntomas no tienen que pasar inadvertidos y la consulta
debería hacerse antes de que el problema se instale”,
señala el profesional. “Muchas veces, el que está mal
no se da cuenta, pero la gente que lo rodea sí. Entonces
siempre es recomendable charlarlo y pedir ayuda”.
Pisanelli afirma que “a veces, se actúa sobre la enfermedad
orgánica con paliativos. Se piensa ‘estoy depresivo,
tomo unas pastillas y ya está’. Pero no se actúa sobre
la salud mental y entonces los malestares reaparecen”.
Finalmente, cree que “durante este año, las consultas
de urgencia disminuirán, porque nos acostumbramos a
los conflictos, lamentablemente. Pero pienso que aumentará
las consultas por tratamientos y rehabilitación: porque
hay que hacerse cargo de lo que nos pasa”.
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