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Reflexiones / Hijos Únicos
Únicos en la crianza
Para cualquier papá, cada uno de sus hijos es único.
Aunque parecidos, nunca un niño es igual a otro. Sin embargo, hay muchos
hogares donde la 'unicidad' es una característica todavía más real, aunque
siempre distinta. Entre mitos, estigmas y temores varios, los hijos únicos
suman, paradójicamente, cada vez más.
A comienzos del siglo
XX las familias argentinas estaban compuestas, en promedio, por mamá, papá
y cinco niños. Hoy, a principios de siglo XXI, las parejas tienen, en
promedio, dos hijos. No obstante, y aunque la 'familia tipo' sigue siendo
el patrón cultural de referencia, las familias con un solo hijo también
son un número importante: alcanzan un 12 por ciento del total de hogares
del país, es decir, un millón doscientas mil casas. En tanto, en el mundo
el porcentaje de parejas con hijos únicos oscila entre un 20 y un 30 por
ciento. Y en todos los casos, la tendencia va en aumento.
Tradicionalmente las parejas con un único hijo debían tal
situación a algún impedimento físico de uno o de ambos padres para
engendrar más niños y, aunque de modo excepcional, a políticas
demográficas (como las que en 1948 y a finales de los ´70 instauraran los
gobiernos de Japón y de China, respectivamente). Sin embargo, en el nuevo
siglo son otras las razones por las que las familias con un sólo hijo son
una realidad cada vez más difundida. Entre otros factores, el desarrollo
profesional de las mujeres, el retraso en la edad en que las parejas
deciden tener hijos, mayores exigencias económicas, así como una
conciencia crítica respecto a las responsabilidades que implica la crianza
de un niño, han confluido para que hoy tener sólo un hijo sea la decisión
de muchas parejas. No obstante, y aunque se trata de familias con las
mismas alegrías y tristezas que las 'familias tipo', estigmas y mitos
varios continúan rodeando la vida de las familias de tres.
Decisión tomada "Las familias con un solo
niño son cada vez más frecuentes, no obstante el tema del hijo único
despierta inquietud porque culturalmente se ha privilegiado el núcleo
familiar formado por el matrimonio y dos o más hijos.", señalan las
psicólogas María Elena López y María Teresa Arango, en su libro El Hijo
Único. Para la licenciada María Ester De Palma, miembro de la Sociedad
Argentina de Terapia Familiar (SATF): "Tener un niño es una gran
responsabilidad, los chicos requieren de mucho tiempo de la vida de sus
padres. Por eso, se trate de hijos únicos o no, lo importante es que los
papás estén de acuerdo en que así sea, que vivan con alegría su 'ser
padres'. La presión social sobre los padres siempre está, por cuántos
hijos tienen o por cómo los crían, lo importante es poder ser concientes
de su realidad y vivirla en plenitud, ya sea porque no pueden engendrar
más niños o porque han decidido no tener más hijos". En relación al
sentimiento de 'culpa' que manifiestan atravesar los padres de hijos
únicos, el licenciado Hugo Pisanelli, presidente de Psicólogos y
Psiquiatras de Buenos Aires, señala que: "Se cree tener culpa porque se
está haciendo algo que el contexto dice que no se debe hacer, pero en
realidad se siente culpa porque ese hijo -único- demanda cosas que los
padres no le pueden dar. Cuando un chico dice: 'Me aburro', el padre y la
madre pueden atender a ese aburrimiento un tiempo pero no siempre. Y
entonces los padres terminan pensando que si le hubieran dado un hermanito
su hijo no se aburriría. La culpa real pasa por la decisión tomada o por
el impedimento para tener más hijos. Las parejas deben saber que no es
obligatorio tener hijos, y los padres, que no es obligatorio tener más de
uno. Vale la felicidad con que se es, por ejemplo, padre". Por su
parte, y ante las presiones de la sociedad, López y Arango ponen énfasis
en destacar que: "Tener un solo hijo no es mejor ni peor que tener varios
hijos, puede ser un hecho positivo o negativo dependiendo del entorno
familiar tanto como del modelo de crianza. Es muy importante, para poder
vivir plenamente la crianza del hijo único, entender que, aunque
ciertamente es diferente, ese hijo no es 'anormal'. Los hijos únicos no
están obligados a desarrollar ningún tipo particular de comportamiento
porque crezcan sin hermanos. Cuestiones como que los niños sean en extremo
dependientes de sus padres, que se los complazca en todos sus deseos, que
resulten introvertidos o que actúen egoístamente no son características
propias ni exclusivas de los hijos únicos. Cuando estas actitudes se
presentan en un niño se deben más bien a la manera como los padres los
educan e imparten en ellos disciplina".
Se dice de mí No obstante, los
mitos que históricamente han rodeado a los hijos únicos, permanecen. Se
dice de estos niños que son sobreprotegidos, consentidos, malcriados y que
esto los vuelve egoístas y manipuladores, que les es difícil compartir
actividades con otros niños y hacer amigos fuera de casa, que prefieren
más que otros chicos la soledad. También se habla de una sobrexigencia por
parte de los padres de hijos únicos respecto del desempeño de estos.
Para Pisanelli: "Una atención absoluta y exclusiva enferma a todo
niño, hijo único o no. Cuando se trata de un solo niño recibir todos los
mimos suele ser más pesado aún porque de algún modo implica cargar con la
responsabilidad de ser la alegría del hogar, pero en realidad el hijo
único puede ser tan consentido como cualquier otro niño al que no se le
pongan límites o no se le sepa decir 'no'". Por su parte, De Palma comenta
que: "Es cierto que los papás de hijos únicos suelen exigir a sus niños
más que otros padres. Sucede que todas las fantasías del padre y de la
madre están puestas en una sola persona mientras que cuando hay más de un
hijo las expectativas se reparten. De todos modos, es algo relacionado más
con el grado de madurez de los padres que con el hecho que el niño sea
hijo único o no". Para López y Arango, y en relación al estigma que
habla de los hijos únicos como tímidos o poco sociables, "Crecer sin
hermanos no es necesariamente un problema, no significa que no se puedan
experimentar sentimientos que generalmente surgen en la relación fraternal
o que uno no se pueda socializar. Los mismos sentimientos pueden surgir
con un primo, un compañero de colegio o un amigo del barrio. Sí es
importante abrir a los hijos únicos las oportunidades de socialización
desde los primeros años".
¿Me regalás un hermanito? Y aunque no haya
reglas para la crianza y cada familia sea particular, sí existen algunas
situaciones comunes en la vida de los hijos únicos sobre las que los
entrevistados pueden dar algunas pistas para andar. Una instancia muy
particular en la vida de los hijos únicos es el momento en que, como todos
los niños alguna vez, piden 'un hermanito'. Para De Palma: "Es una
instancia en la que es fundamental decir al niño la verdad en un lenguaje
adecuado a su edad y que él pueda comprender, ya sea que se haya elegido
no tener más hijos o que no se pueda tenerlos. Es muy importante también
remarcar los recursos con los que sí se cuenta, por ejemplo: 'Decidimos
tenerte sólo a vos y estamos felices con esa decisión, con quién sos y con
la hermosa familia que formamos. Vos vas a la escuela, tenés muchos
amiguitos, están tus amigos de la colonia, etc', es decir, tratar de no
invitar a la frustración al chico"
Todos únicos Pero no sólo
crecer sin hermanos define la condición de hijo único de un niño. Aunque
suene extraño, la unicidad presenta múltiples formas. Hay hijos únicos de
madres solteras, hijos únicos de papás separados, hijos únicos de padres
divorciados que forman nuevas familias con señoras o señores que tienen
sus propios hijos, así, hay hijos únicos con hermanastros y también con
medios hermanos, con hermanos por parte de mamá, de papá… o de ambos. Y
hay hijos mayores que tienen hermanos luego de un largo tiempo, así como
hijos menores que nacen muchos años después que sus hermanos y entonces,
esos niños crecen siendo hijos únicos. Pero como señala el refrán popular:
"cada casa es un mundo", y como destacan, en coincidencia, los
profesionales: "no existen recetas, se trata de que cada familia encuentre
su particular forma de criar a sus hijos". En tanto, entre lo distinto
y particular pero cerca también de lo por todos compartido: el amor de
papá, las caricias de mamá, los consejos del abuelo, las tortas de la
abuela, crecen nuestros hijos únicos.
Cuestión de límites Establecer límites siempre resulta inquietante. En el caso
de los hijos únicos, que crecen sin hermanos con quien medir
responsabilidades o dividir atenciones, donde la permisividad y la
satisfacción de todos los deseos parecerían ser un riesgo mayor que en los
casos de familias con más hijos, el tema adquiere una relevancia
particular: "Cada hijo único necesita saber lo antes posible que él no es
el centro del universo, que las personas no están a la espera de sus
órdenes (…) Es importante hacer entender al niño que cualquier trato,
condición u objeto que se le dé tiene un límite (…) La ausencia de reglas
es lo que contribuye a aumentar las probabilidades de que ese niño
desarrolle comportamientos inadecuados y termine volviéndose ese ser
rebelde, intransigente y dependiente que tanto temen formar los padres de
hijos únicos", escriben López y Arango en su libro. En tanto, para
Pisanelli: "El problema de poner límites es un problema de los padres que
no varía si los chicos son hijos únicos o no. Padres con dificultades para
establecer límites a un hijo único también encontrarán difícil hacerlo con
más hijos. Hay que poder definir cauces en la vida de los niños. No hay
que consentirlos en todo. Muchas veces los padres de hijos únicos viven
bajo la culpa de no haberle dado un hermano a su niño y por eso le ofrecen
cosas materiales todo el tiempo pero así lo único que logran es que ese
chico crea que puede tener y hacer todo, y así el pibe termina no deseando
nada en particular porque no tiene necesidad de nada en especial". También
De Palma sostiene que el problema de los límites es una dificultad propia
de los adultos que no tiene que ver con la condición de unicidad de los
hijos: "Poner límites inquieta porque los adultos no tienen la claridad
suficiente para comprender que a los niños se les puede, y debe,
decírseles que 'no'. Hay que ayudar a que todos los hijos moderen su
espíritu y a que aprendan a tolerar las frustraciones, el niño que por ser
hijo único no 'compite' con un hermano por un juguete deberá de adulto
competir por un trabajo o aprender a compartir espacios con amigos o con
su pareja y es importante que tenga conciencia de esto desde
pequeño".
Para seguir leyendo El hijo
único, María Elena López y María Teresa Aranombia. Bogotá, Colombia,
2002.
Por mayor información Psicólogos y Psiquiatras
de Buenos Aires. 4826-9614. www.ppba.org.ar SATF (Sociedad
Argentina de Terapia Familiar). 4962-4306 / 4966-1333.
www.terapiafamiliar.org.ar
Producción
Periodística: M.R. |
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