¿SORDERA O HIPOACUSIA?
Los términos sordera, hipoacúsia, sordo o hipoacúsico
por una parte se usan en forma indistinta, pero contrariamente a esto
muchas personas con deficiencia auditiva o instituciones marcan diferencias
sustanciales al respecto. ¿Por que se elige uno u otro? ¿Por
que algunas personas se presentan como sordas y otras como hipoacúsicas? ¿Hay
diferencias entre uno y otro término? ¿Hacen referencia
a una misma realidad?
Hay razones científicas, sociales y personales, de la historia
de cada sujeto, a partir de las cuales se pueden responder a estos
interrogantes. La intención de este artículo es esclarecer
el tema, pero siempre teniendo en cuenta que este es un análisis
a partir de diversos casos particulares y teorías al respecto.
Su lectura no va responder a los interrogantes que se formulan algunas
personas con deficiencias auditivas, en el recorrido de elaboración
de las mismas o en la conformación de su identidad.
Desde la Fisiología el oído tiene como función
la audición, una alteración en la función de oír
produce un trastorno auditivo. Aquí se abre una amplia gama
según sea de origen congénito (heredado) o adquirido
(por ejemplo causado por una enfermedad o accidente). Si el trastorno
auditivo es adquirido a su vez se producen muchísimas diferencias
según sea antes de haber adquirido el lenguaje (prelingüístico
o prelocutivo) o luego de haber adquirido el lenguaje (poslingüístico
o poslocutivo). A esto debe sumarse el tipo de trastorno auditivo (conductual,
perceptivo o central) según el área funcional afectada
del órgano de la audición.
Desde la perspectiva científica médica vienen los términos
sordera, y luego hipoacusia. La medición audiológica
(audiometría) focaliza la pérdida auditiva medible, es
una prueba subjetiva basada en la respuesta del paciente a tonos y
palabras de diferentes volúmenes. Según la perdida auditiva
se estableció la siguiente clasificación:
1) Sordera parcial menor cuando la pérdida promedio del mejor
oído no supera los 30 db de un área de frecuencia de
500 a 200HZ.
2) Sordera parcial media cuando la pérdida auditiva promedio
del mejor oído es superior a los 30 db pero menor de 60 db.
3) Sordera parcial mayor cuando la pérdida auditiva es entre
los 60 y 90 db, siempre dentro de la misma frecuencia.
4) Sordera total cuando es superior al 90 db. Siempre dentro de
las mismas área de frecuencia nombradas.
En el ámbito médico también se utiliza el término
hipoacusia, este hace referencia a la disminución o pérdida
de la capacidad auditiva. Se clasifican en:
Hipoacusia leve: perdida hasta 30 decibeles
Hipoacusia moderada: entre 30 decibeles y 65 decibeles
Hipoacusia severa: hasta 90 decibeles
En este último caso se utiliza el término médico
anacusia, haciendo referencia a la perdida total de audición. Estos son los términos que se usan cuando el profesional evalúa
todas las pruebas solicitadas y formula el diagnóstico.
Ahora ¿Cuáles son los nombres que
se usan corrientemente, y que circulan en la sociedad?
En el lenguaje vulgar no se utiliza el término anacusia, y es
muy poco frecuente que se use la palabra sordera. Desde la perspectiva
social se sustantiviza el concepto sordera, ya no es una persona con
sordera, sino un sordo. En nuestra cultura desde hace siglos se usa
el termino sordo o sordo profundo, igualmente ambos términos
representan en el imaginario social la falta o ausencia de audición.
Cabe apuntar que en la mayoría de los casos hay "restos
auditivos", pero este término de sordo profundo es contraproducente,
y la persona termina escuchando mucho menos de lo que realmente puede.
Según lo señalado anteriormente queda en consecuencia,
dentro del ámbito social, el término hipoacusia, para
designar las pérdidas parciales de audición. Por lo indicado
hasta aquí se observa como los usos sociales de ambos términos
difieren de los usos médicos.
Pero las diferencias son más notables aun en los distintos casos
particulares. Las personas con sordera de nacimiento, cuyos padre u
abuelos tienen sordera, fueron denominadas y se autodenominan sordos.
Fueron en general educados, con la "lengua natural de los sordos",
la lengua de señas. De esta forma participan desde su nacimiento
de una comunidad lingüística particular, dentro de la sociedad,
que trasciende la disfunción auditiva. La línea de filiación,
ser hijo o nieto de sordos, marca como natural la falta de audición.
Las identificaciones de los hijos hacia los padres o /y abuelos,
se producen, entre otros rasgos físicos o de carácter, en
este rasgo: "ser sordo", lo que pasa a constituir, en general
sin dificultad, su identidad. Pero a su vez adquieren modalidades propias
de personalidad que son de carácter social, que no están
directamente relacionadas con la deficiencia auditiva. Dado que la
sociedad les atribuye características particulares, reforzando
esta " identidad de sordo". Es muy frecuente que personas
oyentes se acerquen a instituciones o estudien LS con la inquietud
de conocer "ese mundo", haciendo referencia a las supuestas
particularidades "del sordo".
De esta forma los niños con deficiencia auditivas se educan
en ámbitos escolares y sociales, donde circula una fuerte representación
de la sordera, como ausencia de audición y con rasgos propios
de comportamientos. Indudablemente esto se internaliza y actúan
como se espera que actúen, terminan confirmando las creencias
culturales, formando un círculo perfecto (Imagen y prejuicios
que circula en la sociedad-adhesión a la imagen social de sordo-confirmación
de las creencias) Diferente es el caso de las personas que tiene pérdidas auditivas
en diferentes grados producidas por ejemplo durante la infancia, a
causa de una enfermedad. Tanto la enfermedad como el diagnóstico
posterior de la disfunción auditiva, dejan como sellado el término
médico hipoacusia. Este término hace referencia por una
parte a que la pérdida de audición es parcial y adquirida.
A su vez esta condición permite que adquieran sin dificultad
la lengua materna y concurran a escuelas comunes. Los niños
con pérdidas auditivas parciales se suelen autodenominarse hipoacúsicos,
y en general lo sostienen a lo largo de toda su vida.
Pero las personas con trastornos auditivos de adultos se adhieran
más
a la terminología médica de "tengo hipoacusia",
estableciendo mayor distancia entre trastorno y su identidad. Es muy
poco frecuente que se denominen a si mismos como sordos, no se identifican
con sordera ni con ser sordo. Por que entiende por sordera y sordo,
la perdida total de la audición. Debido a que socialmente sordo
hace referencia ausencia de audición y a la identidad de sordo,
que se ha hecho referencia anteriormente.
Es muy frecuente que algunos adultos sobrelleven la "pérdida
de audición" como enfermedad o en forma melancólica.
En estos últimos casos se suelen sentir en su totalidad como
discapacitados, y en consecuencia se sientes inhibidos e imposibilitados
de realizar cualquier actividad.
En otros casos niegan la deficiencia auditiva, a pesar de las dificultades
en la comunicación oral que esta trae. Siempre el ideal es escuchar
como un oyente, ya que hasta hace poco lo fueron. Esto motiva también
a estos adultos a proveerse de muy buena audiología o recurrir
a implantes. Siempre debe distinguirse aquí si la motivación
pasa por el deseo de escuchar o para negar la perdida. Aquellos niños, hijos de padres sin trastornos auditivos, que
nacen con anacusia o tiene una pérdida de la audición
en los primeros años de vida, son denominados también
sordos. Pero a diferencia de los hijos de padres con sordera, este
sordo es vivido y sentido como discapacidad. Quedan marcados por lo
que no fueron: oyentes. Los padres persiguen este ideal, de hijo oyente,
no aceptando tener un hijo diferente a ellos. Es interesante destacar
que son los hijos de padres oyentes, los que son implantados o realizan
interminables tratamientos fonoaudiologicos. Estos niños, en
general, son educados en escuelas oralistas y de adultos se autodenominan
sordos oralizados.
Anteriormente se ha señalado que la denominación tiene
que ver con cuestiones personales. Es decir que según la historia
particular de cada sujeto, el significado que haya tenido y tiene para él
y para su familia la perdida auditiva, será su denominación
o autodenominación.
Podría decirse que, el término que se use indica si es
un discurso profesional, social o personal. Además de que el
uso del término sordera, sordo, hipoacusia, hipoacúsico
están indicando el cuándo y el cómo de la pérdida
auditiva y también que la denominación de la deficiencia
auditiva en el niño por parte de sus padres incidirá notablemente
en su desarrollo. Porque darle nombre a la deficiencia no es una mera
cuestión gramatical, sino que expresa como viven estos la falta.
Lic. Gabriela M. A. Planas
Integrante del Equipo de Atención de PPBA |