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| Motivos de Consulta | Cantidad |
Porcentaje |
|
1 |
Trastornos Afectivos | 1555 |
42% |
2 |
Trastornos Afectivos Relacionales | 741 |
21% |
3 |
Orientación Vocacional | 209 |
6% |
4 |
Enfermedades Psicosomáticas | 206 |
6% |
5 |
Otros no catalogados | 174 |
5% |
6 |
Adicciones | 163 |
5% |
7 |
Trastornos de Alimentación | 135 |
4% |
8 |
Problemas Sexuales | 127 |
4% |
9 |
Síntomas Escolares | 122 |
3% |
10 |
Trastornos del sueño | 97 |
3% |
11 |
Violencia Familiar | 52 |
1% |
Entre los trastornos afectivos que fueron motivo de
consulta los ataques de pánico, los trastornos de ansiedad y
crisis de angustia fueron los principales durante el 2004.
La distribución de consultas por estos síntomas, fue
la siguiente:

Sin embargo hay una diferencia entre lo manifestado por los pacientes
como motivo de consulta y el diagnóstico que realizaron los
profesionales. Esto lleva a formular la siguiente pregunta: ¿Podemos
pensar realmente que los motivos que manifiestan los consultantes son,
profesionalmente hablando, bien definidos? Para decirlo mejor aquello
de lo que padecen y por lo cual consultan, ¿es corroborado por
los profesionales con el mismo diagnóstico?
La respuesta a estos interrogantes es NO.
Esto sucede porque en algún momento determinado algunos conceptos
escapan del ámbito donde se originaron y circulan por la sociedad.
Puede ser por medio de publicidades, por la difusión de trabajos
científicos o por la divulgación de tratamientos o estudios
sobre los síntomas y enfermedades. Los individuos se apoderan
de su significado y le dan uno que puede coincidir o no, con la definición
real del problema que padecen. Así es como una idea angustiante
que produce una taquicardia o una agitación respiratoria se
transforma para los pacientes mal informados en una Crisis de Ansiedad
o un Ataque de Pánico, y un miedo en una Fobia. Vale decir que
las personas padecen y creen tener una idea definida de qué es
lo que les sucede y aunque eso las tranquiliza, puede llevar a decisiones
riesgosas.
La desinformación y el uso corriente de estos términos,
produjo que la mayoría de los pacientes se autodiagnosticaran
y en algunos casos, se automedicaran.
En el 2004 le tocó el turno a los ataques de pánico o como también se hizo popular, el Panic Attack. Las revistas especializadas –y de la otras- detallaban como eran los síntomas y en el mejor de los casos, ejemplificaban con un caso. Salieron a la venta libros, películas, obras de teatro, y hasta la televisión se encargó de popularizar el tema cuando personajes famosos sufrían, supuestamente, tales síntomas.
En Internet, incontables sitios hablan del tema. La última
novedad fue: “Usted puede hacerse un test para ver si sufre ataques
de pánico on line”.
En cierto sentido todos se convirtieron en especialistas. Asi creen
que pueden determinar los síntomas y hasta realizar diagnósticos.
El Rivotril y el Alplax eran socialmente conocidos, incluso se hicieron
temas musicales donde eran escuchados en todos los boliches. Las personas
comenzaron a automedicarse.
De las consultas realizadas en PPBA 1155 (el 42%) eran sobre el tema.
Cuando se les preguntaba sobre los motivos de consulta, la mayoría
no tenía dudas: “Tengo ataques de pánico”.
Si bien no sabían como se originaba, o cual eran las consecuencias,
podían enumerar los síntomas perfectamente.
Con respecto al tema de la automedicación: dos de cada cuatro
pacientes que consultaron por estos síntomas, estaba tomando
medicación sin el control de un especialista.
En algunos casos los pacientes venían luego de haber concurrido a guardias, o haber realizado en su momento llamados de urgencia a las prepagas u obras sociales.
En la primera consulta en PPBA informaban que fueron medicados en esas circunstancias con tal o cual medicamento, por que ellos les indicaban el diagnóstico que tenían (“Tengo ataques de Pánico” o “En estos casos tomo tal cosa”) sin que esto requiriera de una constatación mas fina.
Seis de cada diez de los casos, estos autodiagnósticos no se
confirmaban por los profesionales tratantes.
Los casos de automedicación fueron derivados al especialista
(psiquiatra) y la gran mayoría no requería la medicación
autoadministrada.
Sólo un porcentaje muy mínimo requirió la indicación
de otra medicación.
Debido a estas circunstancias debemos subrayar la importancia de mejorar
la construcción del diagnóstico y la atención
de los pacientes.
El diagnóstico debe realizarse con tiempo y minuciosidad, en
base a lo que dicen los pacientes, pero investigando la procedencia
de sus dichos, la relación que estos tienen con otros pensamientos,
con su situación afectiva y su estructura psíquica, por
decirlo en forma general.
El tratamiento entonces se dirigirá a las causas y no solo a
los síntomas, ya que la supresión apresurada de estos
es peligrosa o al menos iatrogénica y cronificante.
Esta es la forma en que trabajamos los psicoanalistas e intentamos
aportar nuestra experiencia a otras disciplinas de la Salud y a la
gente en general.
Lic. Hugo Pisanelli
Psicólogo Psicoanalista
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