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ETICA Y ACTO ANALITICO*
En la conferencia de Bruselas “Palabras sobre la histeria”, el 26 de febrero de 1977, Lacan se pregunta respecto a neutralidad del analista y a las implicancias que tiene para este sostenerse, guiado por el deseo del analista en su función de tal, siendo una x, tal cual él mismo lo define en el Seminario 11, para mantener la distancia entre el ideal y el objeto. Una frase de la conferencia me resultó muy interesante despertándome interrogantes: “Hay algo de lo que uno parte y se divide, a derecha el bien, a izquierda el mal”. Y se pregunta a continuación: “¿Qué es lo que estaba antes de la distinción bien-mal, antes de la división entre lo verdadero y la estafa?” y nos responde “ya había algo antes de que Hércules oscilara en el cruce de los caminos entre el bien y el mal, él seguía ya un camino” desde aquí podemos situar que el sujeto, constituido a partir del Otro en una doble operación de alienación y separación porta los significantes que lo nombran y que lo colocan parafraseando a Heidegger en un camino sobre el que ya se encuentra en camino. Es de esa alienación inicial en el campo del Otro que lo constituye y lo condena desde donde porta los significantes que representan su pasaje por la castración. Las “castraciones” en plural como la denomina Lacan en el Seminario L’ insu…Desde allí la separación, es el esfuerzo sostenido del sujeto por no hacer de su vida una repetición de una neurosis de destino donde más que producirse como sujeto queda sujetado a una novela que le impide constituir su propia historia. Es allí entonces, yendo al tema de la ética que hoy nos convoca, cuando la intervención del analista opera y los significantes del acto analítico producen un efecto sobre el Sujeto. En esta conferencia Lacan se pregunta:
“¿Qué es lo que sucede cuando se cambia de sentido, cuando uno orienta la cosa de otro modo?” y responde “Se tiene, a partir del bien, una bifurcación entre el mal y lo neutro” y agrega una frase que a mi gusto aparece reveladora fundamentalmente porque creo viene a poner un poco de luz respecto al tema de los ideales sobre los que nos recordaba en el Seminario de la Ética el analista tenía que cuidarse. Los recuerdo brevemente que decía al respecto en ese seminario: El 1ro “el ideal el amor humano” que lo define como “…amor médico-higiene del amor…” el 2do. “El ideal de la autenticidad” definido como una suerte de moral a alcanzar y el 3ro. “el ideal de la no dependencia, o más exactamente, una suerte de profilaxis de la dependencia” Todo esto le permite en este seminario hacer un juego con la palabra ética en griego tal cual la acentúa Aristóteles entre ethos/ethos como costumbre y carácter. De allí que si desde Aristóteles la ética es una ciencia del carácter esta entonces nos dirigiría a las formas del adiestramiento y la educación de acuerdo a las costumbres guiados por un soberano bien y adecuando todos nuestras acciones como una acción moral que nos coloca de la mano al imperativo categórico Kantiano es decir nos deja a expensas del mandato superyoico reinstalando al sujeto en la repetición del destino oracular.
En el seminario de la ética cuando se pregunta respecto a cual sería entonces la tarea del psicoanálisis para no quedar enredado en el dominio de los ideales señala: “nosotros iremos en el camino en el sentido de una profundización de lo real. La cuestión ética, en la medida en que la posición de Freud nos permite progresar en ella, se articula a partir de una orientación de la ubicación del hombre en relación con lo real”
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Tómese en cuenta entonces estas afirmaciones de Lacan (años 1959-60) con lo que aclara en la conferencia de Bruselas (1977): “¿Qué es la neutralidad del analista sino justamente eso, esta subversión del sentido, a saber esta aspiración no hacia lo real sino por lo real?”.
¿Cuál es la enseñanza freudiana al respecto? Al comienzo de su obra Freud se encuentra con un límite a los tratamientos cuando se refiere a las neurosis de angustia en las llamadas neurosis actuales, sin elaboración psíquica que, a diferencia de las por ese entonces las neurosis de transferencia, la histeria y la neurosis obsesiva no permitían llevar adelante un tratamiento analítico. Allí Freud establecía un límite ético: no todo es posible pero que implicaba una exclusión en tanto no encontraba manera de operar con ella fundamentalmente porque no había manera de interrogar por la causa, pero no retrocedía pues a poco de avanzar la angustia no resultó patrimonio de una neurosis en particular. Es en 1914 cuando establece nuevamente un límite ante las llamadas neurosis narcisísticas que imposibilitaban la instalación de las neurosis de transferencia que indicaba la insuficiencia que poseía aún, para poder establecer el concepto de Yo más allá del narcisismo. La aspiración por lo real insiste cuando a partir de 1923, con el Yo y el Ello y fundamentalmente en 1924, en la Adenda de Inhibición, Síntoma y Angustia, las resistencias estructurales pasan a tener un valor de fundamental importancia porque ya no se trata de excluir aquellos pacientes que no cuadraban en las neurosis de transferencia sino de incluir en estas las dificultades propias que implica la práctica analítica.
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Pero dicha inclusión no significa encontrar respuesta para todo sino de sostener la apuesta del analista en pos de la dirección de la cura. Es más en el Cap. V del Yo y el Ello, Los vasallajes del Yo cuando en una nota a pie de página haciendo referencia a las dificultades que encierra la Reacción Terapéutica Negativa por efecto del Súper Yo Freud señala “…una particular chance que tenemos de intervenir…” subrayo la palabra chance porque aquí Freud nuevamente nos señala los límites que tiene toda intervención.
No retroceder ante lo real, al decir de Lacan no implica entonces sostener el acto heroico cual una batalla moral en pos de producir un deseo no contaminado, se trata respecto al analista de su acto el único que le esta permitido en su aspiración por lo real ,el acto analítico. El acto es un efecto de discurso y efectivamente no puede confundirse con la acción mecánica porque entonces puede ocurrir que “en nombre de la ética” el analista se embandere en la moral de una suerte de deseo en estado puro volviendo sobre “el ideal de la libertad” del cual decíamos nos previene Lacan en el Seminario de la Ética.
Una última cuestión que propongo para la discusión posterior: el discurso capitalista establece sus estragos cuando pretende establecer que todo es posible en base a sostener una voluntad de goce donde el imperativo ético de este se sostiene en la práctica de una acción de manera tal que la conducta este programada. Hace de su acción la causa eficiente y esta razón sabemos desde Lacan no es más ni menos que la función de la magia que en pos de colocar al hipnotizador en el lugar del ideal hace del sujeto objeto de goce.
Horacio Manfredi- Noviembre de 2008
*Texto leído en la presentación del Nº 5 de la revista Letrafonía.
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