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Furor Curandis

Furor curandis o cómo la irrupción del orden pasional en el analista, en su práctica, es por estructura, resistencial. Obstaculiza, impide la función deseo del analista.

Siendo la pasión goce del ser, retornan las palabras de Lacan “Volveré pues a poner al analista en el banquillo, en la medida en que lo estoy yo mismo, para observar que está menos seguro de su acción, cuanto que en ella está más interesado en su ser”. (I)

Ilustro esta cuestión de índole ética, en cuanto atañe a la función deseo del analista, con una situación que se podría considerar proclive para el surgimiento de este orden pasional.

El analista que entrevista a alguien porque presenta una sintomatología que compromete o afecta seriamente al cuerpo. Derivado generalmente por vía médica, es catalogado por los mismos médicos como paciente psicosomático. En estos casos se ve muy dificultada la articulación de una verdadera demanda de análisis. Aquí la palabra “paciente” como aquel que padece (pathos) adquiere dimensión.

El “paciente” sustituye al analizante y el análisis en sí es considerado como un tratamiento para curar la afección. Tratamiento en el sentido médico del término, tratamiento terapéutico.

Del lado del analista la resistencia al análisis toma la forma del “furor curandis” o abuso del deseo de curar. Búsqueda pasional del bien del paciente, consagración del analista a la desaparición de la sintomatología.

“Ser su curador” es la realización que exige este ideal, y una satisfacción a la que no rehúsa el analista. En esta posición el analista está muy proclive a extraviarse en el análisis. El furor curandis a veces toma la forma de un cierto empecinamiento o insistencia en querer encontrar el origen histórico, familiar, traumático de la afección.

Muchas de las llamadas teorías psicosomáticas se orientan en este sentido. La creencia es que alcanzando el origen (mítico por estructura) la afección desaparecerá y se logrará el “bien” del paciente, su bienestar corporal. La consagración del analista a la búsqueda pasional de la verdad histórica de la afección es otro modo de la resistencia del analista.

¿Pero acaso un individuo que concurre a una entrevista con un analista y que tiene alguna afección psicosomática se lo puede considerar un paciente psicosomático tal como lo piensan los médicos? De ninguna manera.

En muchos casos el motivo de consulta no tiene que ver con la afección psicosomática. Es más ¿toda dolencia física se la puede considerar psicosomática? Prefiero ante todo hablar de presentaciones psicosomáticas más que de pacientes psicosomáticos. Pero caben aún otras preguntas ¿Cuál es la especificidad de la afección psicosomática para el psicoanálisis? ¿En qué se diferencia por ejemplo del síntoma conversivo?

Fenomenológicamente hablando es un observable que respecto de la producción de la afección psicosomática el entrevistado casi no tiene lo que decir. Simplemente es algo que le sucede. Hay afección pero no implicación subjetiva.
Distinto es el panorama del síntoma conversivo. Basta recordar a Freud y sus famosas histéricas. Freud hace hablar al síntoma y es así como el síntoma conversivo entra en el dispositivo analítico. Pero si Freud lo hace hablar es porque el síntoma responde a la estructura del lenguaje. En cambio la afección psicosomática lo que presenta (porque no representa) es la estructura holofrásica de la lengua misma. Al faltar el intervalo no hay lugar ni para la constitución del saber inconciente (S2), ni para el objeto “a”, es más no hay lugar para el 1. Es por eso que no hay implicación subjetiva, ni manera de pasar de la afección al fantasma ($ <> a).

Esto es lo mismo que decir que el discurso del inconciente

S1   -->    S2
——     ——
$     //       a

                no está en función.

En este sentido se puede pensar la afección psicosomática como un fuera de discurso.

¿ Pero entonces como dirigir la cura en lo que respecta a la afección?

Lo sepa o no lo sepa el analista en cada sesión apunta alternativamente a los S1 (significantes amos) a los S2 (formaciones del inconciente) o al intervalo. De lo expuesto queda dicho la importancia de orientar el acto analítico en el sentido de dar lugar al intervalo. El dispositivo analítico en tanto implica determinada frecuencia temporal es apto para tal fin. El corte de la sesión es un instrumento fundamental en lo que al intervalo se refiere. Dependerá del analista, del uso que haga de la contingencia, hacer el resto.


Referencia Bibliográfica:
I) J. LACAN. La dirección de la cura y los principios de su poder. Escritos I. Siglo XXI EDITORES. Página 219.


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