El homicidio en la actualidad
Claudia Demichelis
El homicidio es un crimen de pasión y más susceptible de ocurrir en el ámbito que rodea al perpetuador. Sucede entre los que se conocen. Tendremos que concluir que la familia seria uno de los marcos sociales más propensos para la comisión de homicidios entre otras instituciones sociales.
Es en efecto, dentro del seno de la familia medieval donde se infringían castigos rigurosos impartidos por quien dirigía la familia, estos castigos eran bastante habituales y se les consideraba “legales”, muchos de ellos concluían con la muerte de los hijos o la esposa (incluyendo aprendices y servidumbre), sin embargo no eran considerados homicidios, sino “infortunios”, lo cual demuestra como por medio de la mención, la sustitución de una palabra por otra palabra, es lo que permite que el homicidio pase a ser aceptado en la vida cotidiana, como una acción recurrente.
Posteriormente en la Edad Media, durante el siglo XIV en algunos países de Europa occidental, como por ejemplo Inglaterra, los homicidios ejecutados dentro del seno de la familia biológica se habían acrecentado en un 8%; a fines del siglo XVI los homicidios dentro de la familia estimaban un 15% de los anotados; cifra que ascendió a un 20% durante el siglo XVII y que en la actualidad se ubica en torno a un 50%.
Al margen del inconveniente que refleja cotejar fuentes cuyo grado de fiabilidad y ocultamiento han permutado con el tiempo, estas cifras no se pueden ignorar, porque algo nos están señalando. Lo que a simple vista notamos, es que el homicidio en el seno de la familia, la institución más importante de la sociedad y de la cultura humana, se ha acrecentado con preocupación.
Un homicidio se designa de las formas siguientes,
“Es la muerte de un hombre cometida por otro hombre”
“Privación de la vida de un ser humano por acción de otro”
“Acción de causar la muerte de una persona”
Son estas las formas en las que el homicidio se ha instalado en el seno de nuestra cultura como parte de la cotidianeidad.
El cambio de la palabra, de homicidio a infortunio, permite que la acción homicida se instale y se cometa en la familia, porque esta disfrazando lo que es realidad ante los otros, es lo que instala el pasar también al acto, a tal nivel que una vez instalado, aunque la criminología y el derecho penal entre otras disciplinas intenta nombrarlo y dar variantes de su conceptualización para decir lo mismo haciendo hincapié en que una persona muere en manos de otra, ese acto queda sin el efecto que antes conllevaba. No hay un freno de la acción por el decir de la palabra (no opera la prohibición), en todo este viraje se pierde ese efecto, que antes si se encontraba establecido, ya que cometer un acto homicida era una aberración mal vista y nombrada como tal y por eso menos realizada.
Pero este deslizamiento a que responde? Que es lo que permite que esto suceda?
Como nos dedicamos al psicoanálisis podemos ir pensando que lo que ha sucedido es que ha variado el discurso. Esas nuevas variaciones del discurso son las que se han instalado a través de la historia, Y también se puede ver como hay una tendencia a que no haya un freno a lo real, como no se logra instalar la función que aplica y comanda La Ley. ¿A que función nos referimos? A la función paterna.
¿Cómo se explica esto?
El homicidio es un crimen que se da entre seres racionales; el objeto material es la vida del ser humano, y esta se pierde con la ausencia completa y permanente de conciencia y la ausencia permanente de respiración espontánea. La presencia de La Muerte como un real que se hace presente estableciendo que el acto fue consumado es lo que lo define.
Para responder a esto debemos irnos a la teoría de un autor llamado Levi-Strauss que lo que hace es retomar la conceptualización de la ley del incesto, estableciendo que la misma realizaba el pasaje de la naturaleza a la cultura. Lo cual implica que existen dicho así por Levi Strauss ¨ estructuras fundamentales del espíritu humano ¨ que posibilitan al hombre crear una cultura e imponer leyes que articulan lo inarticulado de la naturaleza. Esto significa que lo que posibilita desnaturalizar a la naturaleza y hacer cultura es la universalidad de la matriz simbólica propia y exclusiva del ser humano. Resulta entonces infructuoso buscar en la naturaleza el origen de las reglas institucionales que suponen la cultura porque su instauración en el seno de un grupo es efecto de la instauración del lenguaje.
Para Levy Strauss la reciprocidad es la forma universal que subyace a todo tipo de organización social.
Podemos entonces introducir el término de la exogamia. El valor de la exogamia es mantener al grupo como grupo, afianzar los limites de alianza exogámica aseguran la primacía de lo social sobre lo natural. El intercambio es la expresión de la exogamia. Posee un valor que va mas allá del valor de lo que se intercambia, ya que proporciona el medio para relacionar a los hombres entre si, suponiendo a los vínculos naturales del parentesco, los limites artificiales que garantizan las alianzas.
Y es acá donde aparece lo importante en juego, cuando hablamos del freno a la pulsión, al goce. A eso nos referimos, es la ley de la prohibición del incesto la que frena esta pulsión desmedida, para encauzarla y así poder establecer lazos sociales y no salvajes o desviados.
En el texto de Lacan ¨ El mito individual del neurótico ¨, ese sintagma sella la afiliación epistemológica entre Freud y Levi-Strauss, sintagma que Lacan propone en el texto ¨ Función y campo de la palabra y del lenguaje ¨, cuando quiere platear una equivalencia entre la antropología estructural y el psicoanálisis. Este texto también nos remite al de Freud ¨ La novela familiar del neurótico ¨ donde está implícita la presencia del complejo de Edipo freudiano como mito edípico de los sujetos neuróticos.
En el prologo de ¨ Función y campo de la palabra y del lenguaje ¨, Lacan propone una equivalencia entre los conceptos de la antropología y del psicoanálisis.
Tal equivalencia implica que los estudios antropológicos sobre la función simbólica, -en la que el lenguaje y sus leyes regulan la alianza y el parentesco- sitúan a esta legítimamente en el mismo lugar en el que Freud había asentado el inconsciente.
El punto único entre psicoanálisis y antropología es el Nombre del Padre definido como el soporte de la función simbólica que históricamente identifica su persona con La Ley. Asimismo Lacan toma de Levi-Strauss el comentario que realiza respecto del significante flotante otorgándole un muy importante valor inconsciente, que permite el almohadillado entre significante y significado, y cuya última formulación fue la del símbolo cero para finalmente crear la noción del Nombre del Padre como significante de excepción y sostén de la función simbólica.
De esta forma Lacan con el discurso de Roma, sitúa a la función paterna como el artificio que permite el acceso del sujeto al registro de la alianza y el parentesco, por esto, puede afirmarse que el Nombre del Padre de Lacan ubique en continuidad, la ley del parentesco y la ley del lenguaje siendo finalmente asimilada a lo social y a lo simbólico.
La metáfora paterna elaborada por Lacan es la articulación del complejo de Edipo con el complejo de castración freudiano y conlleva el mismo atolladero de la etiología edípica como normativa. El Otro como lugar de la palabra es el Dios del significante que construye el discurso del psicoanálisis (su religiosidad). Asimismo la razón constituye una dimensión en la que el espíritu científico necesita ubicar la función simbólica, Edipo es el logos psicoanalítico y la metáfora paterna es el discurso sobre Dios padre.
Correlativamente La Ley está en el seno de la cuestión pues se impone como lazo y como lectura. El derecho o la institución nunca es la palabra de un sujeto porque este acumula, construye y perpetúa por medio de la cultura, normas escritas que el jurista interpreta desde el lugar de la autoridad y la razón para domesticar a la humanidad.
El planteo de Lacan de la unificación de Freud con Levi-Strauss, permite una continuidad válida entre el orden jurídico y la constitución subjetiva, haciendo del Padre un principio universal para Occidente.
Para sustentar el edificio simbólico se precisa un lugar lógico que es la Ley con mayúsculas y que deriva de un lugar mítico, precentificada por un Nombre .
Así esto permite la disposición de una función simbólica como postulación jurídica, operando en el sujeto culpable y la noción de culpabilidad como constituyente del montaje institucional de lo prohibido.
Para hacernos vivir y acceder al mundo nos servimos de las leyes, cuando algo nuevo se instituye, esto acarrea instituir la prohibición, el deseo y la vida humana.
Cuando esto se propone asoman los antepasados, que son los que preceden, aunque esto comporta no solo un nivel, el familiar de donde proviene el sujeto, sino otro con correlación a la referencia como instancia lógica imprescindible. La procedencia implica una permutación simbólica cuya apuesta es el intercambio del lugar del hijo con el del padre, y dicha operación presupone una perdida subjetiva como requerimiento genealógico, trazado en términos freudianos como el asesinato del padre.
Es necesario que el niño haga nacer a sus padres y remitirlos a su propia cuestión genealógica, en el momento mismo en que la permutación simbólica debe operar. La función universal del Edipo es la que ubica una generación en relación con la precedente y la siguiente, es decir, se trata de la producción de cada generación como eslabón de la cadena, que no es otra cosa que la transmisión del deseo entre tres generaciones.
Reasumiendo esta perspectiva todo hijo debe nacer también del padre. Y así planteado se puede prevenir que el padre es el transportador de una legalidad y no una causalidad biológica, es un artificio viviente, una instancia podemos decir jurídica (pensando en términos legales) ineludible para la constitución subjetiva e institucional.
La función paterna es: por medio del discurso de La Ley, que es condición misma de la reproducción sexuada del género humano, anudar de manera mitológica lo biológico a lo social y al inconsciente.
El padre no es otra cosa que un hijo que hace el quehacer de padre. El padre no soporta nada por sí mismo, no se puede ser padre sin ser delegado del en el nombre de, pues el padre representa a una representación.
Por eso un padre es un hijo que subjetivamente está sumido en la tarea de conquistar la condición de padre en provecho de su propio hijo, porque cuando un hombre se convierte en padre no está subjetivamente en un automático de padre frente al recién nacido, sino que debe conquistar ese lugar desistiendo a su condición de hijo para traspasarla a su propio hijo. La paternidad puede dividirse en dos funciones: por un lado la función genital y por el otro la política de la paternidad como función identificadora para el niño. Lo cual implica que los padres son personas, pero el Nombre del Padre es un concepto y una función lógica.
El Nombre del Padre puede apuntarse como una función NP(x), lo que introduce en cada caso lo que para ese sujeto ha funcionado como Nombre del Padre.
¿Ahora porque es importante tomar esto cuando hablamos del homicidio?
Por que es con la ley y el crimen que se inicia el hombre, y si no hay presencia de esa función paterna que encarna a la misma ley (que no es la presencia física del padre, sino la función NP(x)), existe la posibilidad de que se plasmen características subjetivas en los individuos que quizás lo lleven a cometer un acto homicida. Porque por medio de esta función paterna, se establece por el lazo del sujeto con el límite de la ley, la interdicción del goce que así se impone. Allí se separa el individuo del hombre, lo humano en Freud y Lacan está delimitado por ese lazo social que liga al sujeto al Otro, y es una humanidad del uno por uno, nunca La Humanidad.
Es fundamental dar cuenta de que el lazo social se establece en la asimetría, no es idéntico. La simetría imaginaria del espejo no llevan al sujeto al lazo social sino a la rivalidad y a la destrucción del otro (el homicidio).
El arribo de la modernidad y el crimen es lo que Lacan acopla. A partir de ello encuadra la responsabilidad que le toca a ese sujeto particularizado de la sociedad moderna, y es referente a la noción de responsabilidad en donde Lacan establece los aportes que el psicoanálisis puede realizar al campo del derecho, estableciendo la salvedad de que no es idéntica la responsabilidad para el discurso jurídico que para el analítico. En el planteo del discurso jurídico hay una prolongación entre culpa y responsabilidad pero para el psicoanálisis no, por que un sujeto puede sospecharse culpable de algo no perpetrado, como así también culparse toda la vida sin convertirse en responsable.
Es asentándose en la responsabilidad del sujeto que Lacan se proclama contrario a que el psicoanálisis aplique los fundamentos del Edipo freudiano como contribución a una psicopatología clasificatoria del criminal. Esa es la advertencia que nos deja, no contribuir con las categorías psicopatológicas como perversión, psicopatías o psicosis.
Nuestra contribución como psicoanalistas deberá ir más allá de las clasificaciones. Es una precaución para no ser delegados de un discurso siendo peritos pseudos científicos. También es reacio a que desde la ciencia se arme una teoría del criminal, apuntalada a la biología, que como disciplina que teoriza presente al criminal como un depravado de instintos arcaicos, un inhumano de instintos hereditarios deducibles de su biología.
Existe en la actualidad una exposición del criminal más actualizado que proviene de la neurociencia que persigue la existencia del gen del criminal.
Lacan, cuando se apoya en los desarrollos edípicos freudianos lo hace para realizar una lectura de la sociedad moderna y de la subjetividad que de ella se desprende. Se trata para él de los efectos producidos tanto por el declive de la autoridad del padre como por la forclusión del sujeto producida por la ciencia y al servicio del discurso capitalista, todo ello en una relación directa con el aumento de los crímenes.
No se trata de leer la teoría del Edipo freudiano para formalizar una teoría del criminal sino que basándonos en los textos freudianos podamos adquirir una lectura absolutamente actual del Otro social.
Se trata de poder vislumbrar que ese, es un texto sobre la responsabilidad, o si se quiere profundizar, sobre su opuesto la irresponsabilidad generalizada que se abre a partir de la sociedad moderna capitalista.
Es el estado actual de la civilización la que llevo a una extensión de los crímenes, pero también junto con ello a una extensión del psicoanálisis. El psicoanálisis ingreso en la escena pública. La emergencia del psicoanálisis en la subjetividad contemporánea sobrelleva un enérgico y dinámico desafió a la hora de precisar respuestas a los síntomas sociales, pero manteniendo los principios éticos que rigen para el psicoanálisis.
Y es el sujeto por fuera de la masa, ese sujeto es el sujeto responsable del cual habla Lacan. No debemos olvidar que el discurso analítico, se aplique donde se aplique, produce un sujeto, y el operador para ello no es otro que el deseo del analista, que se hace vigente tanto en el dispositivo analítico como en otros dispositivos.
En los dispositivos asistenciales o jurídicos puede haber un analista, pero él no está allí como sujeto supuesto saber puesto por el analizante sino que está puesto por la demanda de la institución, y esa demanda requiere ser interpretada. Muchas veces los analistas son llamados a intervenir en el desciframiento de sujetos agentes de síntomas sociales. Si el analista puede con su intervención mutar ese síntoma social en síntoma subjetivo, su acción será bienvenida.
Lo importante es poder vislumbrar que el delito se comete cuando no regula una ley interior, que debe estar en el sujeto y que lo conforma como tal. Y que además dicha ley no es tan simple como uno a veces parecería pensar, sino que está establecida por un linaje cultural, familiar, estructural y antropológico que se construye, que no es innato.
Claudia Demichelis |