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PULSION

Daniel Kordon. Jornada Psicólogos y Psiquiatras de Buenos Aires. 28 de marzo de 2009


Lo que presentaré es una introducción muy parcial al tema de la pulsión.

La traducción de Freud hecha por Luis López-Ballesteros y de Torres1 - y que el propio Freud recomendara en una conmovedora nota2 - traduce el trieb alemán por instinto. El trieb no es el instinct3. El trieb subraya el empuje, su carácter irrepresible, mientras que el instinct apuntaría mas bien a la fijeza del fin y del objeto. Veremos que las vicisitudes del trieb guardan relación con su articulación al lenguaje. Entre nosotros, Masotta insistía con esta cuestión.4

Lacan en “De un otro al Otro”5 señala que la pulsión es un montaje. Veamos que dice el diccionario6. Montaje: acción de montar una máquina.

Se trata en este trabajo de desmontar lo que viene armado, compuesto de diversas partes que no son homogéneas. Así, en cine se habla del montaje de una película – allí donde la película se arma; se habla del montaje de una novela, del montaje escénico donde el director debe articular el texto, los actores, la escenografía, la música, etc. Y tenemos también los montajes que realizaban los surrealistas: montajes de elementos heteróclitos que al concatenarse producían efectos insólitos.

Ahora podemos abordar la lectura del artículo que Ballesteros traduce como “Los instintos y sus destinos”.7

Comienza con una elucubración acerca de los conceptos fundamentales de una ciencia, entre los cuales ubicaría a la pulsión entre los de la joven ciencia del psicoanálisis ¿Es el psicoanálisis una ciencia? ¿O bien es posible situarlo como una praxis a diferenciar tanto de la ciencia, como de la religión y de la magia? ¿Se trata de los conceptos fundamentales o de la pregunta por los fundamentos?

Freud comienza diciendo que la pulsión tiene que ver con estímulos que vienen del interior del cuerpo, aplica el modelo del arco reflejo. Lo propio de lo pulsional es una estimulación constante ante la cual no sirve la respuesta de fuga.

Respecto de la necesidad Lacan escribe D-N=d. El deseo es lo que queda de restar la necesidad a la Demanda del Otro. En el grafo Lacan escribe $<>D, lugar de la pulsión. El deseo del Otro se acomoda en el fantasma $<>a. En las primeras escrituras del grafo, Lacan coloca “al comienzo” del recorrido la letra griega delta mayúscula, Δ. Sería lo informulado. Mientras que “al final” coloca al Sujeto barrado.

Luego lo modifica, colocando al $ “al principio” y al Ideal del Yo – I(A) –“al final”. Está claro que lo de comienzo, principio y final va entre comillas. Se trata de lecturas topológicas.

Lo informulado dice del encuentro de la Demanda del Otro con lo que viene ¿del viviente? A este encuentro lo llama el grito. Lo que inaugura el recorrido pulsional es la Demanda del Otro articulada en significantes. Pensado así, ya no tiene sentido hablar de lo informulado. Podríamos escribir entonces D-NX=d. La doble barra que cae sobre la necesidad, la escribe como marca de necesidad en tanto perdida. La Demanda del Otro, en tanto se juega en términos de lenguaje, funda la necesidad como perdida, dando lugar al deseo, que será deseo del Otro.

Estamos cerca de la idea freudiana de represión primaria. La necesidad como perdida la podemos colocar del lado de la Austossung, expulsión; mientras que la Behajung, afirmación primordial quedaría del lado del significante.8

Freud introduce aquí el principio del placer que tiene que ver con dos cuestiones: con el tema de la cantidad que ya había desarrollado en el “Proyecto...” y con el principio de realidad. ¿Qué es esto del principio de realidad?¿Se trata del juicio de existencia del que Freud habla en “La negación”? También podemos ubicar un principio del más allá del principio del placer, que podríamos relacionar con el tema de la percepción. El punto P del esquema del peine.

Freud también plantea que la pulsión en cuanto se trata de estímulos que vienen del interior del cuerpo, ante los cuales no vale la fuga como respuesta, establecería un adentro y un afuera. Tomemos un ejemplo: si hay un rayo o un relámpago, si lo veo, puede enceguecerme, si no lo veo, a lo sumo puedo percibir algo lejano o escuchar después el ruido del trueno. Para que el estímulo externo tenga eficacia, hace falta que se haga interno, que impresione mis pupilas.

En el esquema del peine, hace falta que lo que impresiona al aparato como percepción, pueda ser derivado como huella mnémica. Percepción y memoria se excluyen. Este es el gran tema: como tramitar eso que en tanto percepción demanda ser ligado por el aparato. El aparato del significante. En el esquema del peine haría falta hacer un rulo, una torsión topológica como para subrayar el lugar del punto P de la percepción.

Apres coup, se puede pensar que a partir de una inscripción simbólica (Hm), P se produciría como marca. Ya no sería, entonces, pensable que la pulsión diferencia adentro y afuera. Banda de Moebius; Botella de Klein.

Freud plantea que la pulsión es límite entre lo anímico y lo somático. Lo somático, el cuerpo, no es un dato natural, un cuerpo se construye a partir del trabajo de la letra, del trabajo que impone la percepción, vale decir, partiendo de la Demanda del Otro que es significante.

En el “Proyecto...” Freud plantea que memoria implica aparato psíquico. A partir de eso se puede constituir cuerpo. La necesidad está perdida y la imagen del cuerpo se sostiene de lo simbólico, del campo del Otro. Algo hace exceso a lo anímico

Situar el lugar del cuerpo en el nudo borromeo – salteando seminarios – permite ubicar la cuestión. Lugar imaginario del cuerpo. Intersecciones con los otros registros: con lo real en la angustia, ligada al goce del Otro; con lo imaginario en la inhibición, asociada al sentido. El objeto a, como recuperador de goce, señalaría la intersección de los tres registros.9

Encontramos en Freud una afirmación: la pulsión es el representante psíquico de los estímulos procedentes del interior del organismo. Aparece el tema de la Vorstellungsrepräsentanz. Sabemos que la pulsión se liga a una representación, aquella que en la histeria de conversión permanece “fuera de comercio asociativo”, reprimida, mientras que el afecto que no se reprime, va al cuerpo, produciendo un síntoma conversivo. Cuando, por vía interpretativa, se levanta el síntoma conversivo, el afecto resta como angustia libremente flotante. Se trata de la primer teoría de la angustia en Freud, la angustia por transformación de la libido. Ahora bien, la pulsión como representante de los estímulos que vienen del organismo, funda un espacio de representación, a partir del cual podrá ligarse a otra representación que es la que ha de quedar reprimida en las formaciones del inconciente. Sería posible pensarlo en términos de represión primaria y secundaria.

Hamlet – recordemos la escena del teatro dentro del teatro – funda un espacio de representación: la escena teatral. Si el deseo procede por interpretación, es ésta entonces, la interpretación, quien funda apres-coup la escena inconciente. No se trata, está claro, de un inconciente que busca manifestarse.
En este montaje que es lo pulsional Freud distinguirá la perentoriedad, el fin, el objeto, la fuente.

La perentoriedad es el factor motor, la magnitud de actividad. La pulsión es actividad, aun cuando su fin pueda ser pasivo. En la clínica, lo perentorio se asocia a la urgencia subjetiva que nos dice que hay en juego para ese paciente, en la situación transferencial, algo de lo pulsional. La presentificación de la demanda del Otro, eso es lo que urge, lo perentorio.

En esta lectura que proponemos de lo pulsional, se trata mas de una relación al Otro, a la Demanda del Otro, a sus significantes, que de una metáfora energética, como se ha leído en tantas oportunidades, desde una supuesta ingenuidad freudiana.

Volvamos al texto: “El fin de un instinto es siempre la satisfacción, que sólo puede ser alcanzada por la supresión del estado de excitación de la fuente del instinto.” Habrá también pulsiones coartadas en su fin a las que se enlazará una satisfacción parcial. Estas pulsiones coartadas en su fin pueden ser inhibidas o desviadas.

Si toda pulsión es parcial, no hay pulsión genital total – tal como la clínica le muestra a Freud – toda pulsión, siendo parcial, es coartada en su fin. Inhibida podemos leerlo como afectada por la represión, mientras que desviada nos lleva para la sublimación.

En “Un recuerdo infantil de Leonardo da Vinci”10 leemos que la poderosa investigación sexual infantil de Leonardo continúa luego como pasión investigativa que se plasma en sus inventos y obras de arte. Sólo que estas obras no logra terminarlas, viéndose envuelto en conflictos permanentes con sus mecenas. Allí Leonardo sintomatiza. Estas pulsiones coartadas en su fin se imbrican: vía sublimación – que por definición elude la represión - permiten la producción socialmente valorada; vía síntoma, dan cuenta de la acción de la represión que producirá efectos inhibitorios.

Hablar es sublimar y la sublimación es una vía de satisfacción pulsional; pero a su vez, toda palabra es sintomática.

¿Consiste la satisfacción de la pulsión en la modificación de la fuente? Lacan afirma que el goce es la satisfacción de la pulsión, aclarando inmediatamente que en qué consiste esa satisfacción – en palabras de Freud “la supresión del estado de excitación de la fuente” - resulta enigmático.

Dice Freud sobre el objeto: “es aquel en el cual, o por medio del cual, puede el instinto alcanzar su satisfacción”. Nuevamente el tema de la satisfacción de la pulsión atraviesa el texto freudiano, obligándolo a ciertas reiteraciones tautológicas, en tanto es el punto en que Freud remite a la Biología, que allí no responde. La idea de goce en Lacan nos remite a lo que resulta estrictamente impensable11 – goce del Otro – o a su doble incidencia en cuanto a la palabra y la sexuación, siendo entonces goce fálico12. Se reitera lo enigmático: ¿cuál es la relación entre goce y satisfacción pulsional?

El objeto es lo mas variable, la pulsión no se halla enlazada a él originariamente, sino que se irá construyendo, puede ser un objeto exterior o una parte del propio cuerpo, podrá ser sustituido por otro de manera indefinida – desplazamiento, metonimia; pudiendo un mismo objeto estar asociado a diferentes mociones pulsionales.

La fijación de la pulsión que en Freud aparece cuando el objeto al cual queda ligada la pulsión, lo hace de manera íntima y estrecha; podríamos pensarla como revelando un incremento pulsional que podemos leer desde el aquí y ahora de la clínica.

La fuente de la pulsión, la zona erógena, sería ese proceso somático que es representado por la pulsión misma y que se nos da a conocer sólo por sus fines.

Si la vivencia de satisfacción fracasa, es porque queda en el nivel de lo alucinatorio, donde no hay identidad de percepción, ya que insiste lo traumático de la falta de alimento. En ese lugar habría que ubicar la fantasía inconciente que será siempre sexual.

Lo que queda como diferencia que hace que no haya experiencia de satisfacción, se pierde y es recuperado parcialmente como plus de goce, objeto a.

Lacan, en Encore, hablando del goce del Otro, dice: hace falta que no haya: ese goce no hay, y además hace falta, en tanto hace falta se transmuta en goce fálico.

¿Qué le pasaba a Leonardo con los cuadros? Sus grandes obras quedaban inconclusas. Este lugar donde la obra queda inconclusa es el lugar donde Leonardo pone límites. Por un lado es síntoma que no la complete, pero además pone límites. Se podría leer de dos maneras: o bien, la obra se eterniza, no se termina nunca, o bien, la obra queda terminada, incompleta. Cierra, pone borde a un conjunto infinito ¡He ahí los transfinitos de Cantor! Lo interesante en este punto es que donde él apostaría a la eternización de la obra, a un goce sin falta, esta barrera retorna a ella, entonces este goce sin falta es una forma de lo que falta. Hace falta que no haya citábamos a Lacan, respecto del goce del Otro. De esto que se ha perdido, hay recuperación como plus, como a. Podemos pensar que aún la sublimación está marcada por esta imposibilidad de satisfacción. Si la pulsión es parcial, la satisfacción será parcial. Único goce posible.

Cuando intenta clasificar las pulsiones, Freud dice: lo que varía es la cantidad, no la cualidad. Por ejemplo el drang, el empuje de la pulsión, habría que asociarlo con este tema de la cantidad. Freud clasifica: pulsiones de autoconservación, pulsiones del yo, por un lado, pulsiones sexuales por el otro. Marca que esta división de las pulsiones es válida para la histeria y para la neurosis obsesiva, si trabajáramos con esquizofrenia tendríamos que inventar otra clasificación ¿Qué clasificación de las pulsiones haría falta producir para poder pensar la esquizofrenia, teniendo en cuenta su particular relación con el lenguaje por la vía del neologismo?

Freud habla de los destinos de pulsión: represión, sublimación, vuelta contra sí mismo, y transformación en lo contrario. A partir de esto desarrolla su gramática pulsional, poniendo el acento en los pares antitéticos exhibicionismo – voyeurismo y sadismo – masoquismo, subrayando que no hay gramática pulsional sin atravesamiento por el campo del Otro. Pero también hace falta la presencia del semejante, hace falta el otro con minúscula.

De un otro al Otro. Esto en general pasa inadvertido. Se subraya el segundo tiempo del sadomasoquismo, donde se trata de ser pegado por el Padre, lugar del Otro. Pero la presencia del semejante es indispensable para el desarrollo de esta gramática pulsional.

Quedan millones de cosas para desarrollar, por ejemplo, las oposiciones entre amor-odio, amar-ser amado, amor-odio e indiferencia. Respecto de los destinos de pulsión hay algo muy interesante, Freud dice: los destinos son modalidades de la defensa contra la pulsión. No se trata de que la pulsión se articula para que nos desarrollemos, sino que son destinos que implican una defensa contra lo real que aparece por el lado de la percepción.

Con lo que retornamos al “Proyecto...” en el que se trata de la tramitación de la cantidad Q. No puedo extenderme en el tema por cuestiones de tiempo, pero vale la pena anticipar una conclusión: Es la Bahnung, la reja o barrera de contacto, la que funda el sistema de neuronas ψ, neuronas modificadas por el paso de la cantidad Q. Se trata de letras. Se funda memoria, se funda aparato ¿Es esto lo que llamamos pulsional?

Marzo de 2009

 

1- Freud, S. Obras Completas. Editorial Biblioteca Nueva. Madrid, 1948.
2- Ibid Escribe allí Freud: “Siendo yo un joven estudiante, el deseo de leer el inmortal ”Don Quijote” en el original cervantino me llevó a aprender, sin maestros, la bella lengua castellana. Gracias a esta afición juvenil puedo ahora-ya en edad avanzada-comprobar el acierto de su versión española de mis obras, cuya lectura me produce siempre un vivo agrado por la correctísima interpretación de mi pensamiento y la elegancia del estilo. Me admira, sobre todo, como no siendo usted médico ni psiquiatra de profesión ha podido alcanzar tan absoluto y preciso dominio de una materia harto intricada y a veces oscura. Freud. Viena, 7 de mayo de 1923.
3- Laplanche,J. Y Pontalis, J.-B. Vocabulaire de la Psychanalyse. P.U.F. París, 1968.
4- Masotta, O. Introducción a la lectura de J. Lacan. Ed. Corregidor. Buenos Aires, 1975.
5- Lacan, J. Seminario XVI. De un otro al Otro. Clase del 12 de marzo de 1969. Seminario inédito.
6- Pequeño Larousse Ilustrado. París, 1921.
7- Freud, S. Obras Completas. Ed. Biblioteca Nueva. Madrid, 1948. Tomo I. Pág. 1027.
8- La pulsión quiebra la homeostasis del principio de placer. Lacan. Seminario XI.
9- Recordemos de pasada que en el Seminario XI Lacan es interrogado por el lugar del objeto en la pulsión, en el deseo y en el fantasma. Que al respecto, pueda echar “algunas luces y algunas sombras” nos indica lo complicado del tema.
10- Freud, S. Obras Completas. Ed. Biblioteca Nueva. Madrid, 1948. Tomo II. Pág. 365.
11- Lacan, J. Seminario XXII. RSI. Inédito
12- Lacan, J. La significación del falo. Escritos. Ed. Siglo XXI.

 


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