Psicoanálisis puro y aplicado
A veces, parece increíble que el psicoanálisis haya podido florecer
y desarrollarse en el siglo 20, tan "problemático y febril".
No solo mantuvo su vigencia, aún en medio de terribles acontecimientos
mundiales, como las dos guerras y otras calamidades, sino también se
situó respecto de una serie de asuntos, por ejemplo, planteados por
el avance de la ciencia (actualmente muy ocupada en la biotecnología),
las idas y vueltas de las ideologías, las vicisitudes geopolíticas,
etc.
Digámoslo firmemente: la practica psicoanalítica continúa. Y persiste
gracias a que, parece una perogrullada decirlo, el tratamiento psicoanalítico
cura!
Y, aunque (como leía en un texto recientemente), "no cura del malestar
en la cultura, ni de nuestra condición de mortales, ni de la división subjetiva,
ni de la separación soma-psique", es una herramienta eficaz en orientar
a cada sujeto en la dirección de hacerse responsable de la verdad de su modo
de goce. Y es esta, no solo la pretensión legítima de quien dirige una cura,
sino que también debería constituir el sustento ético y político de cada analista,
cuando de los así llamados "efectos terapéuticos"(amplios o limitados)
se trata. El psicoanálisis, repitámoslo a viva voz, produce efectos terapéuticos,
y los analistas deberían, con esa convicción que proviene de una practica,
hacerlo saber en todos los espacios posibles. Es a esto a lo que se refiere
la conveniencia de que participen activamente en todos los campos del quehacer
que les concierne.
FREUD y ANALISIS APLICADO
En 1913, Freud divide las aplicaciones en psicología y ciencias no
psicológicas: filosofía, biología, estética, sociología, pedagogía.
Otra división pasa en Freud por la aplicación no terapéutica y terapéutica.
Las primeras, son no médicas: arte, mitología, religiones, etc.,
educativas: pedagogía y educación. O relativas al derecho: delincuencia
juvenil y criminalidad. Y finalmente aplicaciones relativas a la política.
Las segundas están referidas a la aplicación terapéutica. Freud retoma
el tema de la estadística, entre otros temas, rechazándola como ese
recurso universalizante, contrario a la particularidad del uno por
uno de la terapia analítica y advierte sobre el furor curandis.
Resumo: se pueden distinguir dos tiempos en Freud: primero, la cuestión
de la aplicación se refiere al saber especifico del análisis, para
distinguirlo del saber medico. Y en un segundo momento, la aplicación
distingue entre lo que concierne al analista mismo, por una parte,
y a la utilización del saber analítico en otros campos de la civilización
y la cultura, que se ocupan de lo subjetivo.
LACAN y ANALISIS APLICADO
La orientación lacaniana postula una doble perspectiva: Por un lado
esta el psicoanálisis aplicado (a la terapéutica) y por el otro lado
esta el psicoanálisis puro. Esto ya marca una diferencia con Freud,
para quien el campo del psicoanálisis esta definido respecto de algo
exterior (por ejemplo respecto de la medicina, de la cual quiere diferenciarse).
Mientras que, para la orientación lacaniana, el psicoanálisis se define
dentro mismo de su campo.
Es desde allí, que el psicoanálisis puro se refiere a la formación
del analista, es decir al análisis de quien habrá devenido analista
al termino de su análisis, y a las operaciones necesarias que marcan
su final. Lacan inventa a ese respecto el procedimiento del pase, dispositivo
ofrecido a quien ha hecho la experiencia del fin de análisis y decide
dar cuenta y prueba de ello, testimoniando de su trayecto analítico
articulado a los temas candentes del psicoanálisis. Es decir pasar
del trabajo de transferencia a una transferencia de trabajo con otros
analistas (la Escuela).
Hay que subrayar, por otra parte, las diferencias que hay entre el
psicoanálisis aplicado a la terapéutica y las psicoterapias, en cuanto
a lo que se obtiene como saldo de la experiencia, en cada caso. Porque
si bien ambos procedimientos hacen uso de la palabra, su política,
estrategia, táctica y objetivos, son diametralmente opuestos.
Es esperable que el psicoanálisis aplicado se articule cada vez mejor
con los nuevos desafíos que plantean los síntomas de nuestra época.
Esto quiere decir que nuestra disciplina, nuestro saber hacer, no solo
se encontrará con los nuevos desafíos planteados a la práctica clínica
sino que también hara del "deseo del analista" la herramienta
idónea para restablecer las significaciones del sujeto y restituirle
su carácter discursivo a los síntomas contemporáneos.
PARA CONCLUIR
Conviene conversar con todos los actores de una época: En primer lugar
con aquellos a quienes la problemática psicoanalítica les interesa
directamente y en segundo lugar con los agentes de la cultura y su
saber, estando atentos a lo que tienen para decirnos, pero también
haciendo saber enérgicamente nuestros singulares puntos de vista. Es
decir haciendo saber aquello que nos hace idóneos, rigurosos y efectivos,
lo que implicará (hay que decirlo nuevamente) incluirnos y participar
en todos los foros posibles: Nuestra presencia, nuestros conceptos
teóricos y nuestra praxis, tienen mucho que transmitir.
Ursula Seibert
Psicoanalista
Coordinadora de Supervisión de PPBA |