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“VINO NUEVO EN ODRES VIEJOS”** Nombre del trabajo presentado en la Jornada “Vigencia de los conceptos freudianos en la clínica psicoanalítica” organizada por la Cátedra Psicoanálisis Freud I en la Facultad de Psicología en la mesa redonda titulada: El legado freudiano” Preparando esta presentación me encontré con un texto: “Uno de los síntomas más frecuente de la histeria es la anorexia y el vómito” y continúa: “En otros casos, el asco a la comida se puede referir con toda exactitud al hecho de que la persona, obligada por la institución de la mesa compartida, come con otras a quien aborrece. El asco se transfiere luego de la persona a la comida” (1) me sorprendo, esto fue dicho por Freud en el texto “Sobre el mecanismo psíquico de los fenómenos histéricos” en 1893!!! Si uno desconociera el autor diría que forma parte de aquellas referencias que se encuentran a hoy cuando se tratan temas de actualidad con los nombres de los significantes que acompañan las modas: anorexia, bulimia y otras tantas denominaciones. ¿Quien establece esas modas? Suponerle un autor es como querer encontrar quien fue el primer hablante. No se trata entonces de indagar sobre como se inició, sino de considerar la utilización que se hace de aquello que ocurre y de la pregnancia que adquieren ciertos ropajes imaginarios. Lo simbólico es la posibilidad de marcar coordenadas que permiten establecer relaciones, anticipar y prever resultados, pero para nada excluye la incidencia de lo real, es más, al decir de Lacan, “tratamos lo real mediante lo simbólico”(2) Pero que lo simbólico implique la posibilidad de efectuar un análisis sobre los sucesos que ocurren no significa que lo determine. El sufrimiento humano no es patrimonio de una cultura determinada ni de los imaginarios de turno, pero si en diferentes culturas adquiere formas singulares que lo caracterizan. En el planeta tierra los usos y costumbres, de la mano del desarrollo y el avance tecnológico, van produciendo modalidades cada vez más sofisticadas que intentan paliar la desgarradura del humano que habita el campo de lenguaje. Tratar de domeñar el sufrimiento no es más que la marca que señala que este, constitutivo del sujeto, produce permanentes efectos. Esta fue la apuesta de Freud. Establecer una serie conceptual es poder ubicar las invariantes que facilitan regular los hechos y tratar de extraer de estos consecuencias lógicas. Así cuando Charcot para pensar el fenómeno de los síntomas histéricos señala una regularidad y una ley, puede establecer la condición de enfermedad de la histeria restándola del campo de la magia y la superstición. Definir un concepto implica poder operar con él y si nos referimos a cuestiones que hacen al factor humano, esto se vuelve condición necesaria para evitar que las intervenciones terapéuticas se transformen en una charla vacía que, si bien puede brindar un cierto inicial alivio catártico, no modifica en absoluto la problemática del sujeto. ¿Por qué el psicoanálisis sigue teniendo vigencia? En principio porque no reniega de sus orígenes y hace su punto de apalancamiento en el concepto de transferencia donde tempranamente Freud encuentra la principal herramienta del éxito como también el principal obstáculo para llevar adelante la cura. Para el psicoanálisis esta no puede darse al decir de Freud in absentia o in efigie, se trata de implicarse para hacer en base a la abstinencia la condición de posibilidad para que el análisis progrese vía la asociación libre del paciente. Es allí desde donde surgen los reproches que lo infantil del sujeto establece con sus quejas al padre imaginario que lo trató mal, que no cumplió con sus caprichos, que lo fabricó defectuoso, con fallas, iniciando un largo trabajo de duelo al que la insistencia de sus reclamos, no sin sufrimiento, tiende a perpetuar. Esa forma de mantener la pelea evita hacer recaer sobre si mismo aquello que marca al sujeto: su incompletud. Cuando se percata que su padre, y todo aquel que se lo recuerda, están atravesados por el mismo destino de todo mortal, padeciendo las mismas visicitudes y dificultades que forman parte de la condición humana misma, es allí cuando la castración pone en acto la articulación con el complejo de Edipo, término que a lo largo del tiempo ha sido sumamente bastardeado para tratar de extinguir aquello que constituye precisamente el eje de la dramática humana: el movimiento del deseo. El padre en su función mítica sostiene la estructura como lo plantea Freud en “Tótem y tabú” (3), el padre mítico que marca que en cada acto ético de la sociedad subyace la culpa por el asesinato original. Esto es aquello que la razón tiende a excluir: lo que incomoda, lo que resulta incómodo y suena peligroso, que existan representaciones de las que el sujeto no tiene ninguna idea pero que dan cuenta de una lógica discursiva y fundamentan el concepto de inconciente. A hoy sigue siendo resistido porque deja de lado la supuesta eficacia del Sujeto de la razón, dando un fuerte golpe al narcisismo de la humanidad. ¿Acaso no es esa una de las razones fundamentales que da Freud para hablar de las resistencias al análisis? Que el inconciente opere con una lógica de representaciones que escapan al registro del sujeto, hecha por tierra la ilusión de dominio, ni que decir cuando Freud señala en “El yo y el ello”(4), “somos hablados por poderes ignotos”, el efecto que produce es señalar que el narcisismo donde el sujeto se sostiene para establecer sus coordenadas, no es más que un juego de apariencias para tratar de evitar que la desgarradura del sufrimiento se haga patente. Es posible pensar un análisis sin resistencias? Por supuesto que no porque la resistencia es un efecto del discurso, pero lo que el analista hace es algo más que describirla es operar con ella, de idéntica manera que se encuentra rápidamente con la repetición otro de los conceptos fundamentales que forman parte del legado freudiano. Ese eterno retorno de lo igual que marca en relación a la cura lo más resistencial de la estructura, y da cuenta de los efectos de la pulsión de muerte como suele ocurrir cuando tropezamos en la clínica con la reacción terapéutica negativa. La invención freudiana de condensación y desplazamiento, constituyen las leyes fundamentales que permitieron a Lacan, incorporando los conceptos de la lingüística metáfora y metonimia, acuñar la conocida fórmula “el inconciente esta estructurado como un lenguaje”.Queda entonces de manifiesto que el sujeto no es el agente de su inconciente sino su soporte, y en Freud situar las formaciones es lo que da cuenta de la irrupción de una sustitución significante que habla del sujeto más allá de él mismo. La actualidad freudiana se vuelve eficaz porque el valor de la palabra sigue siendo el lugar de lucha para intentar dar cuenta de aquello que lo representa. Allí donde se debate el sujeto por hacer del deseo de reconocimiento la oportunidad para el reconocimiento de su deseo. El inconciente como combinatoria, pone en juego aquello que no se agota en un solo acto y que obliga a que el sujeto requiera permanentemente de otros que lo ratifiquen en su condición de ser parlante: la escena social, donde el lazo con otros, sus semejantes sirve para sostener la desgarradura originaria. ¿Por qué estamos aquí reunidos hoy en la Facultad de Psicología y esta no se desarrolla en la Facultad de Medicina? Porque el cuerpo del que el psicoanálisis habla no sigue precisamente las reglas de la anatomía es más precisamente las contraría como lo muestran la parálisis histéricas. ¿No es acaso novedosa la manera en que Freud en los comienzos mismos del psicoanálisis construye el historial clínico y la enfermedad, que a Isabel de R. no le permitía movilizarse? Ya establece allí de manera ejemplar un mapa del sufrimiento, ubicando el dolor en cada una de sus piernas, ubicando en estas las marcas de los puntos del conflicto no recordado en torno a la pierna derecha, lugar donde colocaba la pierna sufriente de su padre para cambiarle las vendas y la izquierda que da cuenta simbólicamente de la presencia del cuñado con quien la posible ligadura erótica, aparece vedada por la trágica muerte de su hermana. “Las piernas doloridas empezaron a responder” (5) señala Freud, buscando vía los puentes de palabras aliviar los síntomas que mortificaban a la paciente adelantándose magistralmente al concepto contemporáneo de significante (Recordemos que no tuvo en ningún momento contacto ni conocía los trabajos de Lingüística de Ferdinand de Saussere). Otra pregunta: ¿si se trabaja con palabras y letras porque no establecer nuestra reunión en el ámbito de la Facultad de Filosofía y Letras? Se trata de tomar en cuenta significantes que hacen borde en un cuerpo sufriente, que es efecto de palabras que lo preexisten pero que marcan aquello que Freud reconoce inicialmente como zona erógena, y que dará lugar a la especificidad del concepto freudiano que le otorga entidad propia al psicoanálisis: el concepto de pulsión, ese límite imposible entre lo somático y lo psíquico que hace del humano el portador de un cuerpo que opera sostenido por palabras que sobredeterminan sus actos. El legado freudiano es el efecto de ruptura que plantea al conjunto de la sociedad occidental cuando otorga al concepto de sexualidad un valor impensado hasta ese momento. La invención freudiana es el concepto de pulsión tomando en cuenta como juega en el sujeto tanto su determinación anatómica como la representación subjetiva y social. Las críticas que recibiera Freud sobre el supuesto pansexualismo de la teoría psicoanalítica, no hacen más que marcar el desconocimiento que de ella tienen aquellos que siguen creyendo que la sexualidad es la sexología, cuando esto es precisamente el punto de diferenciación que Freud plantea por cuanto quita a la sexualidad humana del plano de la naturaleza, ampliando la noción a la condición psíquica donde el concepto de libido marca la relación conflictiva del sujeto con el deseo. Pero no es ese el punto de mayor resistencia a la invención freudiana. Freud casi en el final de su obra en “Análisis terminable e interminable” señala “se perfectamente bien que la teoría dualista que pretende poner una pulsión de muerte, de destrucción o de agresión como copartícipe con iguales derechos junto a Eros,… ha hallado en general poco eco y en verdad no se ha abierto paso ni siquiera entre los psicoanalistas.” (6)Freud sabía de qué se trataba porque el concepto de pulsión de muerte es resistido tanto por extraños como por algunos psicoanalistas posfredianos. Se trata del concepto que hecha por tierra la supuesta dignidad de la razón y señala por el contrario que el sujeto es capaz no solo de llegar a atentar contra otros sino que muchas veces lo hace consigo mismo. A partir de 1924 en “El problema económico del masoquismo”(7) Freud ubica el masoquismo erógeno ocupando un lugar estructural y la tendencia tanática del nirvana muestra como la búsqueda del placer es el resultado de un esfuerzo para permitir que el principio del placer actúe como el guardián de la vida. ¿No es acaso en los límites del masoquismo donde la práctica del psicoanálisis plantea su apuesta más fuerte? ¿No es allí donde el legado freudiano se presentifica cuando el analista emprende la tarea sosteniéndose en relación a uno de los imposibles que Freud señala en Análisis Terminable e interminable, junto con el de gobernar y educar? Desde una posición ética insistimos en pos de la dirección de la cura, porque llevar alivio al sufrimiento de un sujeto no es poca cosa. ¿Qué es un psicoanálisis sino la posibilidad de lograr que un sujeto alienado en su novela familiar que lo enmaraña pueda llegar a construir su historia? Esta es la segunda posibilidad que el psicoanálisis permite. El legado freudiano se verifica también en la posibilidad de haber expandido la práctica del psicoanálisis más allá de las fronteras de los consultorios privados habiendo ingresado, por suerte hace ya muchos años, en los llamados antiguamente Neuropsiquiátricos, en los Hospitales Generales y los Centros de Salud llevando aire nuevo a los mismos y replanteando el concepto de Salud Mental. El lugar que el psicoanálisis ha hallado también en la Universidad da cuenta que la enseñanza produce además efecto de transmisión. La concurrencia de Uds. hoy aquí seguramente de cuenta de esto. La creación misma de la carrera de Psicología, dictada antiguamente en la Facultad de Filosofía y Letras, encuentra en el psicoanálisis su matriz inicial. La presencia en estas aulas en sus orígenes de muchos profesores psicoanalistas provenientes de la Asociación Psicoanalítica Argentina, como de aquellos que nos nutrimos también de la difusión del psicoanálisis en nuestro país a través de la enseñanza que llevara adelante en su momento Oscar Masotta y muchos de sus discípulos marcando un legado que no podemos olvidar. La figura de Massota llenaba esta antigua aula mayor con las conferencias que dieron origen al libro que a hoy sigue siendo consultado: “El modelo pulsional”. Valen estas palabras como reconocimiento y el agradecimiento a todos quienes de diversas maneras han transmitido el psicoanálisis. Algunos ya no están. Quiero hacer en esta oportunidad un especial recordatorio ante la reciente desaparición del Psicoanalista, Profesor, Dr. Fernando Ulloa reconocido y querido colega de todos nosotros. Valga esto como mi humilde homenaje. Muchos otros psicoanalistas se encuentran hoy entre nosotros y también hubo quienes se vieron obligados a emigrar por cuestiones que todos conocemos, pero desde diversos espacios, grupos de estudios, Asociaciones, Instituciones, Escuelas, han mantenido y mantienen presente el legado freudiano. Que el psicoanálisis ha hecho Escuela es indudable, más allá de libros negros o de moralinas vestida con ropajes seudo-científicos que hablan más desde la ignorancia y por momentos la mala fe. El legado psicoanalítico se sostiene en el acto analítico hecho único e irrepetible y en este sentido ético. Para concluir encontré unas palabras de Louis Althusser en un antiguo libro Estructuralismo y Psicoanálisis, en un texto denominado Freud y Lacan que creo representan aún después de tanto tiempo el reconocimiento y la actualidad del legado freudiano: “La humanidad solo inscribe sus muertos oficiales en los memoriales de sus guerras; aquellos que supieron morir a tiempo, es decir tarde, ya hombres, en guerras humanas en las que se despedazan y sacrifican solo lobos y dioses humanos. El psicoanálisis se ocupa, en sus únicos supervivientes, de otra lucha, de la única guerra sin memorias ni registros que la humanidad finge no haber librado jamás, la que cree haber ganado siempre por anticipado, simplemente porque para ser tal la humanidad debe haber sobrevivido a esa guerra, y vivir y darse a luz como cultura en la cultura humana: guerra que a cada momento se libra en cada uno de sus retoños, , los cuales, proyectados, deformados, rechazados, cada uno para sí mismo, en la soledad y contra la muerte, deben recorrer la larga marcha forzada que convierte a larvas de mamífero en niños humanos, en sujetos” (8). Horacio Manfredi -Mayo de 2008 Referencias bibliográficas: 1-Freud, Sigmund. “Sobre el mecanismo psíquico de los fenómenos histéricos” (1893)- Amorrotu Editores- Tomo II- Año 1980 -Bs. As. Argentina.
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